El auto de la jueza Mercedes Alaya anulando los derechos políticos del paquete accionarial de Farusa situaba a Rufino González como uno de los mayores accionistas individuales de la entidad, lo que de golpe y porrazo le daba un valor inusitado a su opinión dentro de la entidad. Algo que evidentemente no ocurría cuando Lopera estaba en el consejo, puesto que su presencia, como la de todos, se convertía en algo testimonial y sus opiniones se circunscribían a la voz de su amo.
Sin embargo, Rufino ha tomado conciencia de sí mismo y parece haber despertado del letargo en el que ha estado sumido durante los últimos 18 años, en los que ha sido simplemente un palmero de las actuaciones de Manuel Ruiz de Lopera. Esta tarde, sin ir más lejos, ha dado un portazo en el consejo de administración bético, (ya veremos lo que dura su actitud) y ha abandonado la reunión explicando a los periodistas que no puede estar “acuerdo con la mitad de las cosas. Esto es un farsa y un mentira”.
Sin Rufino, el consejo ha continuado configurando el futuro de un Betis que no se sabe muy bien hacia dónde camina y quiénes serán los que definitivamente tomen las riendas de la entidad o si la Justicia –ciega- decide devolverle el club al hombre que lo ha dejado sumido en el caos de la Segunda división.