Lo de Luis Oliver empieza a ser para nota. El empresario navarro se está convirtiendo en el gran prestidigitador del verano. Sin un paquete accionarial importante (la acciones de Farusa están suspendidas por la jueza Alaya) ha conseguido hacerse con el control del club y gobernarlo con un guante de seda que esconde una mano de hierro que aún no sabe muy bien a quién obedece, si a su propio dueño o baila al son que se le toca desde la calle Jabugo.
Luis Oliver ha desactivado la primera bomba que tenía en el camino, la Junta General Extraordinaria que se iba a celebrar el próximo 20 de agosto. El empresario navarro ha conseguido que el consejo de administración del Betis dé marcha atrás y posponga la cita, que se realizará, como suele ser habitual, entre los meses de octubre y noviembre. Con esta decisión, tanto el consejero deportivo como Lopera, intentan que los recursos que han presentado fructifiquen y la venta del paquete accionarial que ostentaba Farusa se haga efectiva. Además, conseguiría aferrarse al sillón, puesto que tal y como están las cosas, con la oposición aglutinando acciones y con Rufino González y Castaño como grandes accionistas individuales, la salida de Oliver del consejo estaba más que cantada si se celebraba la Junta.
Esto último es lo que posiblemente tenían en mente Rufino y Castaño para el próximo mes, puesto que ya se veían gobernando el Betis o al menos teniendo un papel preponderante en su actividad, algo de lo que han carecido, ellos y el resto de sus correligionarios, cuando Manuel Ruiz de Lopera estaba dentro del consejo. Hay que matizar mucho este aspecto, puesto que aún se especula con el hecho de que la venta a Bitton Sport haya sido una simple farsa y el empresario de El Fontanal siga mandando, aunque ahora desde fuera.
Rufino y Castaño, que ayer se las prometían muy felices, abandonaban de forma airada la reunión del consejo. Primero el constructor, quien afirmó que todo era un “farsa y mentira”. A lo que el empresario Navarro ha respondido acusándole de tener poco espíritu democrático (desde luego con Lopera no pudo tener peor escuela): “Se ha ido a mitad de la reunión. Hay que aceptar democráticamente la mayoría. Con Lopera en 18 años no se ha levantado de ningún consejo. A lo mejor este señor estaba acostumbrado a una dictadura militar, pero ahora no es así”, ha comentado Oliver. El abogado, por su parte, no abría la boca y se marchaba poco después visiblemente enfadado. También tuvo palabras el consejero deportivo para el letrado, desvelando, además, sus intenciones de hacerse con el control absoluto del Betis. “Hemos tenido conversaciones con varios grupos. Alguno ha hecho alguna oferta tentadora. Pregúntale a Castaño si él ha hecho alguna oferta. Pero estamos en una fase inicial del proyecto y no consideramos que ahora sea el momento de negociar ese tema”.
Con los dos accionistas minoritarios fuera de juego, la oposición lejos de acercarse porque la Junta se ha pospuesto, a Oliver se le ha allanado el camino, puesto que podrá iniciar la temporada y ver si después entra la pelotita o no. Claro está, a menos que la jueza Alaya vuelva a ponerse el mundo por montera y obligue a que se celebre la Junta General Extraordinaria, algo esencial para redistribuir el poder en estos momentos y para que entre la oposición en el consejo.
Para rizar el rizo, Oliver anuncia acciones judiciales contra Lopera (desde luego que no cuente con el Ministerio Fiscal para este fin), lo que alejaría definitivamente el tufillo que desprende esta operación y el hecho de que el empresario navarro sea catalogado como una marioneta al servicio de la ex mayoritaria.