El último partido celebrado en el coliseo realista tuvo dos lamentables imágenes que llevarse a los ojos. La primera de ellas fue la terrible lesión sufrida por el ariete vasco Díaz de Cerio, que en un fortuito choque con el portero del Eibar y ex del Écija, Zigor, se rompió la tibia y peroné dejando una estampa que evocaba a la dramática lesión sufrida años atrás por el deportivista Manuel Pablo, en otro lance del juego con el céltico Giovanella.
El otro punto negro del empate ante el Eibar se produjo en los instantes finales del encuentro, cuando el técnico local Juanma Lillo fue alcanzado por una botella que le hizo recibir atención medica en un ojo. La sanción impuesta por el Comité de Competición al club vasco es otra demostración más de desagravio respecto a los clubes andaluces que han sufrido similares episodios. Aunque el castigo no es nada semejante, ya que si por el sur el cierre de los estadios están a la orden del día, la Real ha sido ‘condenada’ a pagar una irrisoria multa de 1.000 euros.
La ausencia de antecedentes ha sido el factor clave para que el club blanquiazul no sufriera el cierre de Anoeta. Además, se ha decidido que el minuto que restaba por disputarse, más el descuento, no será jugado, por lo que el resultado final es el empate a cero que campaba en el marcador en el momento de la suspensión.