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Opinión 

Entre todos la mataron...

 10-05-2017 14:25

En una situación como la que atraviesa el Betis no se puede señalar a un único responsable. Las culpas deben ser compartidas y asumidas por todos, desde el presidente, Ángel Haro, hasta el último en llegar, Víctor Sánchez del Amo, pasando por Torrecilla y los jugadores. Es la cuota de responsabilidad lo que varía. En el último escalón estarían los futbolistas. Ante el Leganés -y tristemente en otras muchas tardes esta temporada- "arrastraron el escudo" exhibiendo una insultante falta de intensidad impropia de cualquier profesional. Pese a tener garantizada la permanencia, sólo se les exigía competir, ni siquiera ganar. Sólo competir. Pero, al parecer las chanclas deben ser mucho más cómodas.

Tampoco ha calado lo más mínimo el discurso de un

entrenador sin carácter, plano, como el encefalograma del equipo. La mejoría que acompañó a su llegada fue un burdo espejismo maquillado con meritorias actuaciones ante los grandes. Víctor no ha sabido controlar en ningún momento al vestuario, ni ha aportado soluciones tácticas cuando el equipo lo ha necesitado fruto quizás de su inexperiencia y de que el proyecto le ha venido siempre grande.

En el siguiente escalón de responsabilidad encontramos a Torrecilla, autor de la elección. Él decidió que Víctor era la solución a un problema anterior, Poyet. En el caso del madrileño, se fio de las sensaciones y no de los datos objetivos. En su escasa trayectoria en Primera, Víctor había empatado y perdido más partidos de los que había ganado. Dato objetivo. ¿Qué le hizo pensar a Torrecilla que en el Betis iba a ser diferente? ¿Realmente era eso lo que necesitaba el equipo? ¿Estaba preparado el ex del Depor? Obviamente, no y el director deportivo debe asumir su gravísimo error.

Y, por último, el consejo. A Haro y Catalán les ha faltado desde que llegaron adaptación al medio. Reputados empresarios y líderes en sus sectores, en el fútbol aún no han dado con la clave, pero ellos son y serán los responsables máximos de todo este descalabro. Apuntar con el dedo a jugadores y técnicos como hicieron tras la derrota en Butarque puede que les ayude de cara al aficionado, pero no les hará mejores gestores.

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