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BALONMANO HOMBRADOS

Hombrados: ?Nunca olvidaré el día que empecé a jugar en el patio del colegio?

16.06.2021 | 13:09

Madrid, 16 jun (EFE).- Los títulos, las medallas, los récords jalonan la carrera de José Javier Hombrados, sin embargo, al echar la vista atrás el portero se queda con el día en el que empezó a jugar al balonmano en el patio de su colegio, el inicio de una formidable aventura a la que Hombrados puso fin a sus 49 años este miércoles con un emotivo acto de despedida.


?Nunca olvidaré el patio del colegio. El día que empecé a jugar al balonmano. Creo que ese día nunca se me olvidará, porque fue el trampolín de todo lo que ha venido después. Creo que ese día fue enorme?, señaló Hombrados en una entrevista concedida a la Agencia EFE.


Pregunta.- ¿En qué momento concreto decidió ponerle fin a su carrera deportiva?


Respuesta.- Llevábamos meses sufriendo por la posición clasificatoria en la que estábamos y entonces me dije 'salvamos al equipo y lo dejo', pero luego otras veces me decía 'si sacamos esto adelante, si nos salvamos me lo pienso'. No hubo un momento concreto, aunque la realidad es que cuando perdimos con Cangas a falta de tres jornadas, una derrota que me dejó muy tocado emocionalmente, la decisión ya estaba tomada al 70 por ciento.


P.- ¿El descenso aceleró su decisión?


R.- No es tanto el descenso. Creo que ha sido un año muy duro en líneas generales. Yo seguía jugando porque me gustaba, porque disfrutaba con lo que hacía cada día, pero entramos en una dinámica de sufrimiento, de pasarlo mal y aunque tenía un reto que podía ser bonito, como era jugar con 50, al final se produjo el descenso y no me sentía con fuerzas para pelear por subir.


P.- Entonces se puede decir que más que a una cuestión física se debe a una pérdida de ilusión.


R.- Creo que al final todas las retiradas se deben al factor mental, lógicamente el físico influye mucho, porque yo, pese a que la gente diga que estoy bien, soy consciente de mis limitaciones, de que no llego donde debía llegar y se sufre mentalmente por ello, porque son muchas horas de trabajo.


Luego yo además del balonmano tengo otras ocupaciones que me requieren un esfuerzo y mentalmente se hace cuesta arriba, porque una temporada con 49 años es como cinco con 40.


P.- ¿Siente vértigo al saber que no volverá a jugar?


R.- No es un salto al vacío, porque no dejo de jugar sin saber qué voy a hacer, entonces en ese aspecto estoy bastante tranquilo. El vértigo puede llegar cuando vea que no tengo que ir todos los días a entrenar, pero hay que buscar motivaciones nuevas. Cierras una puerta y abres otra, esa es la dinámica.


P.- ¿Con qué se queda de su dilatada carrera?


R.- Lo que me quedo para siempre son los amigos, los grandes amigos que he hecho gracias al balonmano. Hay muchos títulos, muchas medallas, muchos momentos importantes en mi carrera deportiva, pero las personas que me ha permitido conocer el balonmano es un patrimonio impagable.


P.- Y más allá de las relaciones personales, a nivel deportivo ¿Con qué se quedaría?


R.- Nunca olvidaré el patio del colegio. El día que empecé a jugar al balonmano con Ernesto Enríquez. Creo que ese día nunca se me olvidará, porque fue el trampolín de todo lo que ha venido después. El día que Ernesto Enríquez, que era el profesor de Educación Física en el colegio Sagrada Familia me dijo: 'Y tú qué. Al balonmano'. Creo que ese día fue enorme.


R. Ese niño que empezaba a jugar al balonmano en el patio del colegio SAFA se imaginaba llegar a dónde ha llegado.


R.- En ningún momento se me pasó por la cabeza, ni de cerca. Pero he sido siempre un poco así, por decirlo de alguna manera, siempre he pensado en el plan B por si las cosas no salían bien y no en que un día iba a ser olímpico. Nunca he pensado muy lejos, sino en disfrutar el momento y quizá eso es lo que me ha permitido llegar a donde he llegado.


P.- ¿Qué le ha aportado el balonmano como persona?


Me ha permitido abrirme. Yo de pequeño era un niño introvertido, aunque siempre he sido inquieto no era un niño dicharachero en el sentido de hacer amigos fácilmente, me costaba y quizá el balonmano me ha enseñado a adaptarme a cualquier situación. Nunca hubiera pensado irme a jugar al Líbano o a Catar. De alguna manera me ha dotado de ese carácter que quizá no tenía. Yo gracias al balonmano soy más empático, más tolerante y flexible ante cualquier situación.


P.- Destaca la importancia de las relaciones personales ¿De todas las personas que ha conocido a lo largo de su carrera con quién se quedaría?


R.- Es complicado, porque me dejaría a mucha gente. Evidentemente con mi Ernesto Enríquez, porque fue una persona que me cambió la vida, con mis compañeros del colegio que han sido gente muy importante y luego dentro del mundo del deporte muchísimos, quizá con quien mantengo una relación más próxima y más constante es con Talant Dujshebaev.


P.- ¿Qué le ha aportado Dujshebaev?


R.- Talant es una persona que desprende carácter, que desprende competitividad, desprende generosidad. Ha sido como una especie de guía espiritual a nivel deportivo en muchos momentos.


P.- ¿Se le queda alguna espina clavada?


R.- Siempre pienso que si las cosas han pasado es porque tenían que pasar, así que en ese sentido no tengo ninguna espinita. Bueno, no haber podido jugar una final olímpica, cuando perdimos la semifinal en Pekín ante Islandia, eso evidentemente sí es una espinita, porque hubiera sido impresionante, pero más allá de eso, en una carrera tan larga lógicamente hay derrotas muy duras, partidos para olvidar, pero eso es normal.


Javier Villanueva

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