REY JUAN CARLOS

El emérito se funde en un abrazo con su nieto en la tarde de fiesta del Cisne

21.05.2022 | 20:42

Pontevedra, 21 may (EFE).- El rey emérito Juan Carlos I se ha fundido este sábado en Pontevedra en un cálido abrazo con su nieto Pablo Urdangarín al término del partido de balonmano que este ha disputado con el Barça B en el pabellón el Club Balonmano Cisne, que ha conseguido el ascenso a la Liga Asobal, máxima competición nacional, con su victoria ante el filial blaugrana.

La vivida esta tarde en Pontevedra no ha sido una jornada deportiva convencional. Lo trascendental de la cita en lo deportivo se ha visto eclipsado por el aluvión de cámaras que ha acompañado la llegada de Juan Carlos I al pabellón, en el que hizo entrada en el minuto 13, con el encuentro ya comenzado.

Con su amigo y anfitrión, el empresario Pedro Campos, a un lado, y flanqueado por su familiar Pedro de Borbón y Dos Sicilias al otro, Juan Carlos ha visto el partido en primera fila, en un lugar reservado detrás de la mesa arbitral.

Al descanso, la megafonía de la cancha le ha dado la bienvenida en nombre del club, saludada por la grada con unos aplausos tímidos de una afición centrada en una cita determinante para su equipo.

No obstante, lo deportivo ha sonreído a los locales, que han vencido con una cómoda renta, para éxtasis de unos aficionados que enseguida han invadido la pista para celebrar con sus jugadores.

Lo protocolario ha quedado por un momento de lado y, en medio de la euforia, se ha podido ver al emérito accediendo a fotografiarse con muchos jóvenes aficionados, sorprendidos de poder aproximarse con tanta facilidad al monarca.

Mientras, en la pista, un Pablo Urdangarín visiblemente frustrado por el resultado se abrazaba con sus rivales, les felicitaba por el logro conseguido y atendía las peticiones de fotos y autógrafos de varios de los presentes.

Tras unos instantes de espera, ante la atenta mirada de los medios, el nieto se ha acercado a su abuelo y se han dado un cariñoso abrazo, aplaudido por muchos aficionados, han charlado durante cerca de un minuto y se han despedido después de que el jugador besase la mano del rey emérito.

Mientras el Cisne todavía celebraba sobre la pista y volaban confeti y champán, Juan Carlos I ha iniciado su salida del pabellón, aunque ha necesitado ayuda para incorporarse de su asiento y subir las escaleras.

Aun con ello, ha tenido tiempo para girarse y despedir con un gesto con la mano a los medios de comunicación presentes en la pista.

El rey emérito ha caminado con dificultad a su salida del recinto, apoyado con un brazo en uno de los miembros de su equipo de seguridad, y, con el otro, primero en la barandilla de la rampa de acceso y después en un bastón.

A unos metros del pabellón estaba el coche de Pedro Campos, al que se ha montado para, tras un último saludo, poner rumbo al chalet de Nanín (Sanxenxo, Pontevedra) en el que está alojando durante este fin de semana, el de su primer regreso a España desde que hace dos años saliera del país en medio de la polémica desatada por sus posibles negocios irregulares en el extranjero.

Javier Ramos

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