FÚTBOL FRANCIA 2019
CRONTRACRÓNICA 

Otra batalla en otro frente

24.06.2019 | 21:36
Otra batalla en otro frente

El día escogido por las 28 integrantes de la selección estadounidense para anunciar la apertura de un proceso judicial contra su federación no fue casual.

 


El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, las jugadoras emprendieron una batalla contra la discriminación por cuestión de género. Reclaman ver reconocidos sus méritos, más generosos y abundantes que los de sus homólogos masculinos. Ellas son tres veces campeonas del mundo. Poseen, además, cuatro oros olímpicos. Son el motor del fútbol en su país y, sin embargo, cobran menos que ellos.


Sirva un dato para subrayar la injusticia: en su primer compromiso en el Mundial de Francia, frente a la escuadra de Tailandia, las defensoras del título "anotaron más goles -13- que el equipo masculino de los Estados Unidos en sus tres últimas participaciones mundialistas juntas", recalcó el Centro Nacional de Derecho de la Mujer en su perfil de Twitter.


Cada partido en el torneo que se está disputando en Francia supone un refuerzo en la reivindicación de las estadounidenses. Firmaron una fase de grupos primorosa. El saldo fue de 9 puntos de 9 posibles, 18 tantos a favor y ninguno en contra.


Precisamente, tras su tercera victoria en el certamen, ante el combinado de Suecia en Le Havre, el Wall Street Journal adelantó que la federación de los Estados Unidos y las futbolistas acordaron resolver sus diferencias a través de una mediación.


Será al término de la Copa del Mundo cuando las dos partes se sienten para resolver el conflicto.


"Lo que están haciendo las jugadoras en Estados Unidos es muy importante. Al decir '¡basta!' les están demostrando a otras mujeres que no debemos conformarnos. Ellas lo llevan a otro nivel, a través del proceso legal que han establecido", indicó a EFE la exdirectora de desarrollo del fútbol femenino de la FIFA, Mayi Cruz, en el marco del 'I Congreso de Liderazgo Femenino en el Fútbol' celebrado en el estadio Wanda Metropolitano de Madrid.


"Creo, además, que lo hacen por todas las mujeres del mundo. Están tomando muy bien el legado de las Mia Hamm, las Julie Foudy... Creo que eso incluso las empodera más, por saber que ellas están ahí, apoyándolas. Es otra parte de lo que es el desarrollo de la equidad de género dentro del deporte. Las mujeres tenemos que apoyarnos unas a otras. Tenemos que crear espacio para más", apuntó.


En su demanda, las jugadoras argumentan que las condiciones de trabajo, la inversión en el juego y sus salarios son inferiores cuando hacen, esencialmente, lo mismo que los hombres.


Esa otra batalla en la que están inmersas, según remarcó Ali Krieger, no las distrae del objetivo que persiguen en territorio galo: ganar otro título, tras los conseguidos en 1991, 1999 y 2015.


"Ahora estamos centradas en el torneo", resolvió la defensa al ser preguntada por su lucha el pasado sábado, durante la jornada de atención a los medios en su hotel de concentración de Reims.


Las vigentes campeonas saben que su voz tendrá más eco cuanto mejor les vaya en el torneo.


A LA CABEZA DE LA EVOLUCIÓN


Estados Unidos ha marcado históricamente el ritmo de la evolución del fútbol. Veinte años antes de que el Wanda Metropolitano luciese lleno en un partido entre equipos femeninos (con motivo del Atlético de Madrid-Barcelona del pasado 17 de marzo), el Rose Bowl de Los Ángeles estableció el récord histórico de asistencia, en su caso, en un duelo entre selecciones femeninas.


Acogió a 90.185 aficionados, 30.000 más que el feudo colchonero.


El país norteamericano también va por delante en lo referente a la profesionalización de su liga. La NWSL es la más competitiva del mundo porque, según explicó la exfutbolista Julie Foudy a EFE, "ha conseguido que cualquiera de los nueve equipos pueda ganar".


El proceso de selección para el equipo nacional se realiza en ese marco competitivo. Las 23 internacionales nominadas por Jill Ellis juegan en Estados Unidos. Es otro de sus atractivos.


Para hacer la competición viable, apoyándose en las federaciones estadounidense y canadiense, la NWSL impone un control de gasto salarial a los clubes de un máximo de 421.500 dólares.


Cada jugadora percibe desde un mínimo de 16.538 dólares hasta un máximo de 46.200 por ocho meses de actividad, si bien estas cantidades se ven notablemente incrementadas por los acuerdos comerciales y de patrocinio individuales.


En España, el tema de los salarios es arbitrario. No hay un máximo ni un mínimo impuesto. Clubes y sindicatos, de hecho, sostienen desde octubre de 2018 el proceso de negociación del que sería el primer convenio que regulará las condiciones de las futbolistas. Después de ocho meses, no hay acuerdo todavía. Fuentes de la patronal lo achacan a que, entretanto, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha decidido reformular el modelo de la competición, exigiéndoles el cumplimiento de algunos requisitos.


"Nosotros reconocemos su esfuerzo", dijo en una conversación telefónica con EFE el presidente del Comité de Fútbol Femenino de la RFEF, Rafael del Amo, "pero era necesario este cambio si queremos llegar a tener unos campos idóneos para jugar, unas instalaciones correctas para entrenar y un control económico perfecto, que conlleve que las jugadoras estén reconocidas profesionalmente". "Hay un procedimiento, unos reglamentos y unos formatos que tendrán que cumplir. Tendrán un tiempo para hacerlo", apostilló.


Esta reestructuración, según explicó Del Amo, "ha costado tiempo y muchas reuniones". "Algunos clubes no lo veían con buenos ojos y llegamos a un impás de tirantez. Ahora hemos conseguido unificar un poco todos los criterios", subrayó.


La entidad federativa informó, además, esta semana de que "destinará más de 20 millones de euros al fútbol femenino en la temporada 2019/2020, una cantidad a la que se sumarán las inversiones realizadas por las federaciones territoriales que trabajan con la institución que dirige el fútbol español".


Esos 20 millones, según la documentación a la que tuvo acceso EFE, no salen directamente de las cuentas de la RFEF sino que es la suma de diferentes aportaciones. Entre otras, la del programa Universo Mujer (1.350.000), LaLiga (1.655.000), el real decreto 2/18 (500.000), la televisión (3.883.000), el patrocinio (1.650.000) o la seguridad social (950.000).


Se redistribuirán de este modo: 6.500.000 euros serán destinados a las selecciones nacionales, 9.804.000 a la Primera División, 3.258.000 a la segunda categoría y 600.000 a repartir entre las jugadoras profesionales, por patrocinios de la Real Federación Española de Fútbol, que asume gastos por valor de 937.000 euros.


El total, cifrado en 20 millones, sirve en todo caso para alimentar el impulso adoptado por la disciplina desde 2015. En el Mundial de Francia, el fútbol español demostró que quiere que el futuro sea suyo.

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