FÚTBOL SUPERLIGA

El eslogan tunecino que en 2017 predijo la muerte de la Superliga

26.04.2021 | 16:09

Túnez, 26 abr (EFE).- En enero de 2007, la filial tunecina del gigante de las telecomunicaciones "Ooredoo" recurrió a su holgado fondo de comunicación para impulsar una campaña de propaganda de la mano del fútbol.


Aprovechando que su nombre lucía tanto en la pechera de las camisetas del Club African, el segundo equipo más querido y laureado de Túnez, como en las del París Sant Germain, logró que la escuadra que entonces dirigía el español Unai Emery y lideraba el uruguayo Edison Cavani hiciera un alto en su preparación de invierno y se desplazara a la capital tunecina para disputar un amistoso.


Bajo un frío húmedo, a última hora de la noche, los Rabiot, Thiago Silva, Verrati, Lucas Moura o Angel Di María saltaron al cuidado césped del estadio olímpico de Rades, en el extrarradio de la capital, entre el fervor de los aficionados clubistas y una pancarta que entonces pasó desapercibida al fútbol mundial y que la semana pasada resucitó como una daga en el fragor de la mayor batalla sufrida por el fútbol contemporáneo para dar una estocada a la Superliga.


En el fondo sur, a espaldas de la portería que defendió el alemán Kevin Trapp en la primera parte y el tunecino Farid ben Mustapha en la segunda, se podía leer "creado por los pobres, robado por los ricos".


LA HISTORIA DEL FUTBOL EN UNA FRASE


La pancarta, que con su enorme tamaño cubría la mayor parte del fondo, aludía la dramática situación económica y deportiva que atraviesa del veterano club tunecino desde que tras el triunfo de la revolución de 2011 -que supuso el fin de la dictadura y el inicio de las ahora marchitadas "primaveras árabes"- cayera en manos de un multimillonario empresario sin escrúpulos.


Pese al patrocinio del gigante catarí de las telecomunicaciones, que comenzó a insuflar dinero a las arcas de los franjirrojos en 2012, el Club African se hundió víctimas de las deudas y de las maniobras de su entonces presidente, Slim Rihai, un oscuro empresario que hizo fortuna en el sector petrolero libio durante la tiranía de Muamar al Gadafi, logró apta de diputado tras la revolución y que cinco años después huyó del país perseguido por la justicia tunecina, dejando al equipo en la ruina.


"Nadie conocía a Riahi cuando apareció en la vida pública", explica a Efe un miembro de la actual directiva. "Ni en el ambiente político ni el deportivo. Era un hombre ajeno al fútbol", agrega el directivo, que prefiere no ser identificado por seguridad.


El empresario tenía dinero y contactos. Nacido en 1970, se estableció de nuevo en Túnez tras el triunfo de "la revolución de los Jazmines" y aprovechó e desorden que acompaña a toda transición para fundar el partido liberal "Unión Patriótica Libre", con el que logró ser elegido diputado y hacerse un hueco en la nueva clase pudiente que luchaba por acabar con la antigua aristocracia política.


Riahi llegó con un fichaje de campanillas bajo el brazo - Abdelrahman Djabou, el mejor jugador argelino en aquellos años- con el que rompió el mercado: pagó dos millones de euros, récord entonces del fútbol tunecino- pero que no sirvió para ganar títulos y sacar al Club Africain de su decadencia deportiva nacional e internacional: desde la caída de Ben Ali, solo ha ganado una liga (2015) y dos copas de Túnez (2017 y 2018).


ARRUINADO Y SALVADO POR LA AFICIÓN


"El African es el club del pueblo en Túnez. Al contrario que el Esperance, que es de las elites. Los aficionados están orgullosos de su pasado. Los franceses lo prohibieron durante la ocupación colonial y fue clave en la independencia. Ganó su primera liga en 1947 y su edad dorada coincidió con el progreso de Túnez como país", explica con orgullo el directivo.


"Riahi llegó con las ideas catarís y arrebató el club a los aficionados. Lo manejaba como una empresa con fines personales, sin atender a los sentimientos de la gente. Hundió la cantera, no le preocupaba el fútbol, si no el beneficio que pudiera sacar de él. Por eso apareció la pancarta", remarca.


En 2017, poco después de aquel partido con el PSG, la Justicia tunecina acusó al empresario de lavar dinero y congeló todos sus bienes.


El multimillonario huyó a Emiratos Árabes Unidos y dejó al club sumido en una deuda colosal, de han tenido que sufragar los aficionados: si el Club African todavía juega la liga -este año lucha por no descender a segunda división- ha sido gracias a la colecta organizada de forma individual por los aficionados, que han logrado recaudar de su bolsillo cerca de 3 millones de euros.


DE TÚNEZ A LA SUPERLIGA


Una pancarta más pequeña, con el mismo lema, apareció la semana pasada en Inglaterra en pleno arranque de ira contra la Superliga que presentaron doce de los equipos más ricos del mundo, abanderados por el Real Madrid, la Juventus y el Manchester United, con la excusa de que el fútbol actual -más bien el actual sistema- esta al borde de a muerte.


Dos aficionados de los propios "diablos rojos" se presentaron ante las cámaras apostadas en el exterior del "teatro de los sueños", con el mismo "lema-daga tunecina" escrita a mano con espray azul y negro sobre una tela de color blanco.


Un símbolo más en el país en el que nació el fútbol y en el que como bien explica la aclamada miniserie de Netflix "Juego de Caballeros" (English game), supuso una conquista de las clases trabajadores frente a la rica sociedad victoriana que lo atesoraba en colegios elitistas como Eton.


Con su particular forma de narrar, Julian Felowes, el creador de Downton Abbey, cuenta el proceso que condujo a la profesionalización del deporte rey a través de la historia de Sutton, un jugador al que un rico empresario ofrece dinero de forma clandestina por jugar en su club para que no tuviera que trabajar y solo se dedicara a entrenar "como los ricos caballeros de alta sociedad".


Javier Martín

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