Copa de África

El cadista Akapo sigue haciendo historia con Guinea Ecuatorial y se mete en cuartos

27.01.2022 | 09:54
El cadista Akapo sigue haciendo historia con Guinea Ecuatorial y se mete en cuartos.

Después de más 120 minutos de empate a nada, entre el tiempo reglamentario y la prórroga, el portero Steve Owono adivinó la intención de Falaye Sacko en el decimosexto lanzamiento de penalti, repelió su tiro, eliminó a Mali y clasificó a Guinea Ecuatorial para los cuartos de final de la Copa de África, en los que se enfrentará el próximo domingo a Senegal.

De nuevo, el guardameta del Alavés acaparó el protagonismo de su selección, por la parada definitiva que lanzó a su equipo entre los ocho mejores del continente en el último momento, después de una larga, tensa e incierta serie desde los once metros que empezó mal para su conjunto, con el error de Nsue, que le exigió detener otro lanzamiento, el sexto, ante Mohamed Haidara, y que bien pudo acabar antes a su favor, pero Pablo Ganet, el goleador de la victoria ante Sierra Leona, falló el noveno chut que restableció el empate.

Ya nadie falló hasta el decimosexto penalti, atrapado por Owono, entre el éxtasis de sus compañeros sobre el césped del estadio Limbe, rumbo a los cuartos de final de la competición, que se completan con los enfrentamientos Camerún-Gambia, Marruecos-Egipto y Burkina Faso-Túnez.

Mali se despide sin perder ningún partido en juego, pero sí uno, el definitivo, en los penaltis, porque, hasta la intervención de Owono, nadie había sido capaz de resolver el duelo. Ni siquiera de agitarlo, siempre dentro de la nulidad ofensiva, con las defensas muy por encima de los ataques, con Mali más animosa de medio campo para adelante, pero improductiva, sin la precisión ni la velocidad ni la clarividencia que exigen los últimos metros.

También sin un penalti que señaló el árbitro al borde del descanso, pero jamás lo pareció, como así confirmó la revisión inmediata sobre el terreno del vídeo, que instó al colegiado a la corrección: la caída de Moussa Doumbia fue más fruto de un forcejeo, del propio desequilibrio, que de la pugna con Miranda. No hubo lanzamiento de once metros.

Tampoco goles, porque la única ocasión de verdad la mandó a la grada, altísima, Mohamed Camara cuando apenas tenía oposición en el centro del área y cuando Jesús Owono regresaba descolocado a su marco. Su infame remate no exigió ni siquiera la intervención del guardameta, el héroe final de un partido anodino hasta los penaltis. 

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