El Sevilla gana músculo

24.07.2018 | 16:58

Repetía siempre Dante Panzeri que el fútbol "no es juego de solteros contra casados", sino que es "un matrimonio entre personas diferentes, muy diferentes". Para armar una buena plantilla, se necesitan futbolistas con distintas características y cualidades. Diestros, zurdos, ambidextros, verticales, posicionales, movedizos, contragolpeadores, rematadores de centros laterales, rematadores en carrera, marcadores, destructores, creadores... Porque cada partido o fase de partido te exige algo distinto. Porque te haces menos previsible. Porque eres más completo, al fin y al cabo. 

Después, ya está en el entrenador de turno saber utilizar y combinar esos recursos en cada momento, pero la obligación de una dirección deportiva es dárselos. Lo hizo Monchi con un Unai Emery que se acomodó con un centro campo fuerte (Krychowiak y M'Bia o Iborra), un jugador para lanzar gestionar el balón y lanzar contras (Banega) y un delantero (Bacca o Gameiro) para finalizarlas. El de San Fernando, no obstante, no pudo ficharle velocidad por fuera en la 15/16 y eso supuso el fracaso de un Fernando Llorente que no recibió ni un solo balón desde la línea de fondo.


Sea como sea, Monchi reaccionó con una rapidez inusitada a la marcha de Emery y la consiguiente llegada de Sampaoli, dándole un vuelco tremendo al plantel y reemplazando la fuerza por la capacidad técnica, con jugadores como Nasri, Ganso o Franco Vázquez. Sin especialistas defensivos, su idea pasaba por defenderse con el balón. Su problema es que la plantilla, al no tener un gran físico, se acabó desfondando en la parte más importante de la temporada. 

Con Berizzo, que es también argentino pero juega a una cosa muy distinta, Arias cometió el error de mantener el mismo centro del campo por entender que se trataban de buenos jugadores. Y, efectivamente, lo eran, aunque no para un 'Toto' que tiene como clave de su sistema la constante ida y vuelta de los tres centrocampistas. Nzonzi, Banega y el 'Mudo', que parecía lento por tener que recorrer las grandes distancias que le separaban del resto de sus compañeros, no pudieron hacer los que el técnico les pedía, y éste acabó fracasando y marchándose en diciembre. 

Por todo ello, Caparrós atisbó rápidamente que la plantilla del Sevilla 18/19 tiene que ser mucho más fuerte. Porque jugadores con talento tiene, pero futbolistas resistentes, potentes y con músculo, ninguno. De ahí que, incluso antes que el delantero referencia, llegase un Ibrahim Amadou que, por físico, ha parecido estar por encima de todos sus compañeros durante la pretemporada. Y el siguiente será un Joris Gnagnon que, pese a no ser alto (1,83 metros), tiene, como Djené una fortaleza física tremenda, además de rapidez para sufrrir menos en las transicones ataque-defensa, las cuales, con Carriço, Pareja o Álex Muñoz, le ha costado algún gol en contra ya al Sevilla este verano. 

No es baladí, por otra parte, que Tiemoué Bakayoko (1,89 metros) y Abdoulaye Touré (1,88 metros) sean las opciones preferidas para suplir a Nzonzi, más alto (1,96 metros), pero bastante menos robusto. 

Cuando Monchi buscaba músculo, acudía a la Ligue 1, adonde, no por casualidad, está echando casi todas sus redes ahora la secretaría técnica nervionense.  

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