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PARALÍMPICOS TOKIO 2020 TRIATLÓN

Susana Rodríguez, el triunfo de la constancia

28.08.2021 | 09:09

Tokio, 28 ago (EFE).- "Quiero ganar una medalla". Así de segura se mostraba la española Susana Rodríguez horas antes de competir en el parque marino de la bahía de Odaiba, en Tokio, por el título que coronase un palmarés envidiable para una mujer que, poco a poco, está trascendiendo las barreras del deporte.


Susana, con agudeza visual de un 5% en un ojo y de un 7% en el otro a consecuencia del albinismo, ha cumplido el sueño de tener la triple corona -campeona del mundo, de Europa y paralímpica- en la ciudad nipona.


"Es una pasada, no se puede explicar con palabras lo que sientes en el podio. Es increíble, tienes el corazón en un puño. Es el momento en el que te lo empiezas a creer", confiesa la triatleta gallega, que se expresa con facilidad en inglés ante la petición de medios extranjeros por hacerse con unas declaraciones suyas.


La apuesta el pasado año de Susana Rodríguez de relevar como guía a Paula García Godino, con la que logró dos Mundiales, por Sara Loehr, ha sido muy positiva. El objetivo, los Juegos Paralímpicos de Tokio, han sido un éxito.


A Japón llegaban como favoritas y refrendaron esa condición con una carrera impecable, dominada de principio a fin, en la que no dieron ninguna opción a sus rivales. De hecho, a las segundas, la italiana Anna Barbaro y su guía Charlotte Bonin, las aventajaron en 3:56, mientras que a las francesas Annouck Curzillat y su guía Celine Bousrez, que se llevaron el bronce, en 4:30.


Hasta llegar a Tokio el camino de Susana ha sido largo. En 2008 logró la mínima para Pekín en atletismo pero solo había seis plazas y siete candidatos. Se quedó fuera y la desilusión le hizo dejar el deporte un tiempo. Después descubrió el triatlón y su talento, el esfuerzo y la constancia la están llevando a derribar puertas. El sueño de los Juegos lo cumplió en Río de Janeiro con un quinto puesto y un diploma y ahora en Tokio su ambición ha ido un paso más allá hasta subir a lo alto del podio.


Estos éxitos deportivos de Susana Rodríguez la están convirtiendo en una referencia a nivel deportivo, pero su figura, en los últimos meses, está trascendiendo al ámbito social. Prueba de ello es la expectación generada alrededor de su figura en la bahía de Odaiba entre la prensa internacional.


El pasado mes de julio, la revista estadounidense Time, una de las más prestigiosas e influyentes del mundo, la colocó en portada recalcando su valía como deportista y su compromiso como ciudadana. El ejemplo es que durante la primera fase de la pandemia global de coronavirus, en marzo de 2020, todavía sin conocerse el posterior aplazamiento de los Juegos, no dudó en ponerse en primera línea para ayudar en su condición de médico en el Hospital Clínico de Santiago de Compostela.


"Los valores del deporte tienen que salir a relucir en los momentos complicados y no el día que eres campeón del mundo. Este problema no entiende de países o de salarios", confesaba en aquel momento Susana, que siempre ha tenido claro sus prioridades pero también los sueños que quiere cumplir.


Hasta llegar a Tokio su camino ha sido largo. En 2008 logró la mínima para Pekín en atletismo pero solo había seis plazas y siete candidatos. Se quedó fuera y la desilusión la hizo dejar el deporte un tiempo. Después descubrió el triatlón y su talento, el esfuerzo y la fuerza de superación la llevó a ir derribando puertas. El sueño de los Juegos lo cumplió en Río de Janeiro y ahora en Tokio lo está disfrutando.


El principal objetivo, el de escuchar el himno de España con una medalla colgada al cuello, lo ha cumplido trece años después de aquella decepción. Este oro es el punto culminante a muchos meses y muchos años de trabajo. Mucho tiempo de entrenamientos pero también de compaginar el deporte con estudios y con una vida en Vigo y un trabajo en Santiago de Compostela.


A su lado una escudera que ha sabido acoplarse perfectamente a su disciplina. Sara Loehr, aquella niña que hace 29 años coronó la pirámide humana en el estadio de Montjuic para inaugurar con "un beso de bienvenida" los Juegos Paralímpicos de Barcelona'92. Entonces tenía 9 años. "Al cruzar la meta florecen todos esos sentimientos y no sabes si llorar o reír porque todo ese trabajo que llevas te lo quitas de encima".


De aquello ha pasado mucho tiempo. Para el próximo objetivo queda menos. Ninguna lo desvela pero seguro que tanto Susana como Sara seguirán dando alegrías al deporte español.


David Ramiro

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