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CICLISMO TOUR

Aprendan a escribir Vingegaard

17.07.2021 | 19:54
Aprendan a escribir Vingegaard

Saint-Émilion (Francia), 17 jul (EFE).- En el autobús del Jumbo, aislado del resto del mundo por respeto a las consignas sanitarias contra el covid, el revuelo es menor que el de otros años. La retirada de Primoz Roglic y la progresiva pérdida de tiempo de Wout van Aert le han privado de sus dos principales bazas.


Sin embargo, el amarillo y negro de la formación holandesa viene acompañado desde hace días por las banderas rojas con la cruz blanca de Dinamarca, el país de Jonas Vingegaard, casi desconocido fuera de sus tierras hasta hace unos meses y propulsado al segundo escalón del podio de París.


"Aprendan a escribir su nombre, va a sonar mucho", señala Mikhal, un joven que sigue desde hace años a su compatriota y que está persuadido de que, fuera de Dinamarca, bailan las letras de su paisano.


A sus 24 años, Vingegaard se ha convertido en la revelación del Tour. Nadie, ni en su equipo, vio venir el fenómeno que llegó de rebote, a fuerza de reveses en su equipo, obligado a recoger la antorcha de una de las formaciones más adineradas del pelotón.


"Ni siquiera yo le conocía mucho", reconoce a Efe Michael Rasmussen, el exciclista que lideraba el Tour de 2007 cuando las sospechas por dopaje le obligaron a abandonar. "Ha sido una sorpresa para todos, pero creo que ha demostrado que tiene mucha madera", agrega el "mosquito".


Originario de Glyngore, un pequeño pueblo pesquero del noroeste de la península de Jutlandia, una zona rural de gente humilde y trabajadora, Vingegaard había mantenido oculto su talento tras su cara de Tintín y su carácter introvertido.


El Tour le ha obligado a sacar las garras, que incluso dejaron rasguños en la piel intocable del esloveno Tadej Pogacar, dominador con mano de hierro de la carrera, pero que vio escaparse la rueda del danés en las rampas del Mont Ventoux.


LICENCIADO EN EL VENTOUX


Ahí obtuvo una renta de 38 segundos y, por vez primera, la carrera pareció escapar del dominio del dorsal número 1, que reaccionó a tiempo para poner las cosas en su sitio.


Vingegaard, sin embargo, no ha temblado en la defensa de su sitio en el podio. Al contrario, la ha ido confortando, frente a rivales de más pedigrí y veteranía, sólido, con espíritu de ganador.


Un aspecto de su personalidad que no había trascendido hasta esta temporada, siempre a la sombra de sus jefes de filas. "Sabíamos que era un gran corredor, lo vimos en la Vuelta del año pasado en las rampas del Angliru, cuando respaldó de forma maravillosa a Roglic", recuerda Rasmussen.


Pero le faltaba el carácter, como quedó demostrado en la Vuelta a Polonia de 2020, donde tras ganar una etapa y colocarse líder, el vértigo de la cima le bloqueó las piernas y se hundió, según reconoció él mismo.


Este año no le quedó otra que madurar. La prematura retirada de Tom Doumolin a principios de año obligó al Jumbo a cambiar sus planes con respecto a Vingegaard, que mantuvo el tipo e, incluso, superó las expectativas.


Una etapa en la Vuelta a Emiratos, la victoria final, y dos parciales, en la Semana Coppi e Bartali y, como confirmación, un segundo puesto en la Vuelta al País Vasco, por detrás de su jefe Roglic pero por delante de Pogacar.


PROPULSADO A LA JEFATURA


El joven danés ya estaba dispuesto a jugar como primer espada y las desventuras del equipo le obligaron a mostrarlo en el Tour, el lugar más expuesto del mundo.


"Nadie le conocía en Dinamarca y ahora todo el mundo sabe todo de su vida", confirma Rasmussen. Su vida, su novia, sus aficiones,... han saltado a la palestra de un corredor que, a diferencia de la mayoría de los de su generación, no acostumbra a exponerse en las redes sociales.


Pero la luz del Tour ha llegado para iluminarlo todo, para descubrir a un chaval sencillo, que pese a su juventud es padre de una rubita de ojos azules de 10 meses y en desde muy joven aprendió a ganarse la vida, sin olvidar su sueño de ser profesional.


Hace cuatro años, cuando en un accidente se partió el fémur, su futuro sobre la bicicleta estuvo en vilo y el joven comenzó a trabajar en una fábrica de procesamiento de pescado de Hanstholm, un puerto danés que mira al mar Báltico y puerto de partida de los ferris hacia las Islas Feroe.


Encargado de registrar las entradas de cargamentos de los barcos, un joven con rostro afilado sanaba sus heridas mientras soñaba con su profesión. En cuanto el hueso solidificó, compatibilizó el trabajo con el entrenamiento.


"No es fácil madrugar para ir a la fábrica, pasar ocho horas al pie del cañón y por la tarde otras cuatro o cinco sobre la bicicleta. Eso forja el carácter", asegura el ciclista.


Ahora, el tímido y menudo muchacho del norte rural de Dinamarca ha empezado a emerger para convertirse en un campeón.


"Es verdad que en el pasado he tenido problemas con el estrés. Pero he aprendido a conocerme, a afrontarlo. No voy a estar en ningún lugar con más estrés que en un Tour y me he demostrado que soy capaz de controlarlo", afirma satisfecho.


Vingegaard está a punto de convertirse en el segundo danés en el podio del Tour, después de Bjarne Riis, ganador en 1996. Rasmussen, que nunca lo pisó, asegura: "Está claro que es el mejor danés desde que yo me retiré. Bueno, es mejor que yo, claro".


Luis Miguel Pascual

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