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El día que el Mariscal tomó el mando del Sevilla

28.03.2020 | 05:00
Antonio Álvarez, junto a Del Nido, justo antes de debutar como entrenador del Sevilla en Villarreal, aquel 28 de marzo de 2010.

El Mariscal siempre ha estado ahí. Aún lo está para lo que le necesite su Sevilla. Lo dio todo como jugador, ayudante técnico, en los despachos... pero esa gran oportunidad que había soñado le llegó hace hoy diez años, un de marzo de 2010, cuando fue elegido para sustituir a Manolo Jiménez y debutar en Primera como entrenador. "No sabía la fecha exacta, la verdad; pero obviamente recuerdo perfectamente aquellos días", asegura Antonio Álvarez al descolgar la llamada de ESTADIO para rememorar aquella experiencia.

El Dorsal de Leyenda sevillista se sentó en el banquillo de El Madrigal y, aunque su debut no fue el soñado (perdió 3-0 ante el Villarreal), acabó clasificando al equipo para jugar la Champions y ganó la Copa del Rey, en el Camp Nou ante el Atlético. Eso sí, cuando Jiménez fue destituido, ni siquiera imaginaba que el sustituto sería él. Es más, en un principio fue avisado sólo para dirigir un entrenamiento. "El primer entrenamiento lo dirigió Ramón Orellana (preparador físico) y me llamó Monchi para que el siguiente ya lo dirigiese yo. Fue claro conmigo, me dijo que estaban negociando con Luis Aragonés, que pidió un día más para pensárselo y tuve que entrenar al equipo un día más. Es en esa segunda sesión cuando se acerca Monchi a la banda y me comunica que no hay acuerdo con Luis y que el club había decidido que yo terminase la temporada", relata a este periódico, rememorando cómo se enteró de que asumiría el mando de un vestuario que conocía muy bien.

No en vano, había coincidido "con más de la mitad de la plantilla" como ayudante de Juande Ramos en el Sevilla que cambió para siempre la historia de la entidad con cinco títulos entre 2006 y 2007: "No llegué recriminando nada y el recibimiento fue normal. Antes de ese primer partido sólo les dije que habían trabajado bien y que cambiaríamos cosas para ver si mejorábamos y lográbamos los objetivos. Expliqué mi idea y ya está, no tuve que mentalizarles de nada. Cuando hay un cambio de entrenador, todos suben su concentración".

El Sevilla terminó cuarto. Álvarez lo había cogido a finales de marzo de 2010 siendo quinto, a sólo dos puntos de las plazas de Champions que cerraba el Mallorca y a falta aún de diez jornadas; lo que habla a las claras de que esa altísima exigencia que últimamente ha sufrido Julen Lopetegui está instalada desde hace años y no es más que el indicativo del enorme crecimiento del club. "Es una exigencia que impregna todo. El que viene a trabajar aquí lo sabe. En aquella ocasión, el partido que colma el vaso fue ante el Xerez y se pensaba que el equipo podía volver a ser cuarto si ganaba. Además, Del Nido -entonces presidente- hablaba del tercer puesto como objetivo. No nos valía ni con ser cuartos", recuerda, remarcando que él sufrió también esa exigencia: "Empecé la siguiente temporada y me echaron al quinto partido, con sólo una derrota. Me parecía demasiado prematuro, pero no hay nada que objetar. Tenía muy claro que dependía de los resultados".

Su continuidad se la ganó en aquella agónica victoria en el los Juegos del Mediterráneo y en la final copera con tantos de Capel y Navas ante un temible rival. "Le ganamos a un Atlético de Madrid que venía de conquistar la UEFA y era un equipazo, con dos bichos arriba como Agüero y Forlán. Fue un partido espectacular. Y del de Almería, qué puedo decir, parecía que estaba arreglado... Yo lo advertía: 'Chavales, cuidado, que nadie nos va a regalar nada. Hay que salir a por todas y ganar'. El Almería no quería ser el convidado de piedra, estaba súper motivado. Expulsaron a Negredo, empezamos perdiendo... Dejamos tres defensas, acabamos con cuatro puntas y, afortunadamente, quedó un balón botando y Rodri metió un golazo de tijera. Estaba orgulloso por los jugadores, que sufrieron toda la temporada. Yo sólo había estado 10 partidos y, como fui futbolista, sé lo larga que se hace una temporada en la que cunde el desánimo y las cosas no te salen. Lo celebramos como la ocasión lo merecía", rememora satisfecho, 10 años después.

Eindhoven y la Copa de 2010

Después de más de 500 partidos como futbolista de élite, 327 con el Sevilla, tras ganar cinco títulos como segundo entrenador, la Copa del Rey de 2010 y la clasificación de Champions como primer espada, miembro de la secretaría técnica cuando los tres trofeos de la Europa League seguidos, con su experiencia actual al frente de la Escuela Antonio Puerta y la Fundación Sevilla FC, ¿con qué se queda Antonio Álvarez?

"Pues me quedo con dos momentos. El primero, lógicamente, es el de Eindhoven. En ese momento nadie sabía lo que era llegar a una final, ¡el logro era jugarla! El famoso gol de Antonio Puerta rompió muchísimos años sin ganar nada. Pensar que teníamos una final europea por delante te llenaba de orgullo. La ganamos y, esa lluvia de papelitos cuando estás con la copa, eso fue el no va más. Luego hay muchos momentos inolvidables: el gol de Palop en Donetsk, la segunda UEFA, la Supercopa contra el Barça... pero si me tengo que quedar con otro momento, indudablemente es con esa Copa del Rey que gané como entrenador hace ahora diez años. Desgraciadamente, todavía es la última Copa que ha ganado el Sevilla, así que le pido al equipo que la gane ya".

"Tuve ofertas jugosas, pero se me escaparon"

Esta oportunidad que le llegó hace justo 10 años fue la primera y la única de Antonio Álvarez como primer entrenador. "En el mundo del fútbol, si no tienes alguien con peso específico en el mercado es complicado. No tenía agente y me llegaron cosas que deseché porque no me convencían; pero luego sí tuve varias ofertas muy jugosas que se quedaron en nada y se me escaparon por la persona que se ocupó de ello. No sé cómo lo gestionó, porque no me dio explicaciones que me convencieran. Llegaron más cosas, pero ninguna me motivó a hacer la maleta y salir de Sevilla a esa edad ya", explica.

Mensaje de ánimo contra el coronavirus

No era el motivo de la llamada de ESTADIO Deportivo, pero Antonio Álvarez no quería dejar pasar esta ocasión para "mandar un mensaje de ánimo a toda la sociedad" en estos durísimos días que se están viviendo de lucha contra el coronavirus: "Ánimo, que se queden en casa y disfruten de la familia. A veces vivimos muy rápido y no se valoran las cosas. Yo tengo cuatro hijos, pero en mi casa sólo quedamos ya mi mujer y yo".

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