El fútbol cambia el papel de los recogepelotas
La función de los recogepelotas cambia con la nueva normativa del fútbol. Una medida que pone fin a una tradición que también vivieron Guardiola, Brahim o Giuliano Simeone

Santa Laura de Santiago. ChileIMAGO
El fútbol continúa adaptándose a los nuevos tiempos y cada vez son más los detalles del juego que quedan regulados para intentar evitar pérdidas de tiempo y situaciones que puedan alterar el ritmo de los partidos. Uno de los cambios afecta directamente a una figura habitual en los estadios: los recogepelotas.
La nueva normativa limita su participación durante los encuentros. A partir de ahora, los encargados de recuperar los balones cuando estos abandonen el terreno de juego deberán depositarlos en los soportes habilitados alrededor del campo, pero no podrán entregárselos directamente a los futbolistas ni introducirlos de nuevo mediante un lanzamiento. El objetivo es establecer un procedimiento común para todos los equipos y evitar que la actuación de los recogepelotas pueda influir en el desarrollo de un partido. Hasta ahora, especialmente cuando jugaba como local, cada club podía contar con una pequeña ventaja en la gestión de los balones.
Una práctica que podía cambiar el ritmo del partido
La actuación de los recogepelotas no siempre era neutral. Cuando el equipo local iba por delante en el marcador, podía existir la tentación de retrasar la entrega de un balón para consumir algunos segundos. En cambio, si el resultado era desfavorable, la rapidez a la hora de devolverlo al terreno de juego podía convertirse en una pequeña ayuda para intentar reanudar el encuentro cuanto antes. Con el nuevo procedimiento, esa posibilidad queda mucho más limitada. Cuando el balón salga del campo, el recogepelotas deberá encargarse únicamente de colocarlo en uno de los puntos habilitados y regresar posteriormente a su posición detrás de las vallas publicitarias. Además, los balones estarán bajo control durante momentos como el descanso y el final del encuentro. De esta manera, se pretende que todos los equipos dispongan de las mismas condiciones y que la reposición del balón siga un criterio homogéneo.
El cambio también supone modificar el papel de una figura que forma parte de la memoria futbolística de muchos aficionados. Durante décadas, los recogepelotas han sido protagonistas involuntarios de los partidos y, en algunos casos, incluso han terminado convirtiéndose en futbolistas profesionales. Uno de los ejemplos más conocidos es Brahim Díaz. Antes de convertirse en jugador de élite, el futbolista malagueño era habitual en La Rosaleda como recogepelotas. Desde las bandas pudo vivir de cerca los goles y las actuaciones de jugadores como Isco o Santi Cazorla, mucho antes de que su propia carrera le llevara a los grandes escenarios del fútbol.
También existe una historia especial en el Atlético de Madrid. Giuliano Simeone pasó por las bandas del antiguo Vicente Calderón siendo un niño y llegó a compartir momentos con su padre, Diego Pablo Simeone, durante los encuentros del conjunto rojiblanco. Años después, aquel niño se ha convertido en futbolista del primer equipo y también ha vestido la camiseta de la selección argentina.
Guardiola también empezó detrás de la valla
Otro de los casos más emblemáticos es el de Pep Guardiola. Antes de convertirse en uno de los entrenadores más reconocidos de la historia del fútbol, el técnico catalán ejerció como recogepelotas en el Camp Nou durante su infancia. Con el paso del tiempo, Guardiola terminó siendo una pieza fundamental del Barcelona de Johan Cruyff y posteriormente construyó una exitosa carrera en los banquillos.
La nueva normativa cambia, por tanto, una pequeña parte de la cultura de los estadios. Aquellas carreras hacia el balón, las entregas rápidas o las pequeñas esperas dependiendo del marcador pasarán a tener mucho menos protagonismo. Quizá se pierda parte de esa picaresca tan característica del fútbol, pero el objetivo es claro: evitar que factores externos puedan condicionar el ritmo de los encuentros y conseguir que la reposición del balón sea lo más uniforme posible.