OPINIÓN / FIRMA INVITADA

En busca de la felicidad

17.08.2020 | 17:52
En busca de la felicidad

Sería tan imprudente como pretencioso para un plumilla retirado de lo deportivo desde hace diez años estructurar un sesudo análisis futbolístico del nuevo milagro del Sevilla.

Aunque la proeza del equipo invite a ello, considero con falsa humildad que, además, el empleo de la lógica rigorista no sirve para nada en este extraordinario caso. No en vano, en Colonia el Sevilla se vio superado en amplias fases del partido por los venenosos atacantes del Manchester, un club, por cierto, que cuando yo era chiquitito se encontraba a distancias cósmicas del mediocre Sevilla de Moacir y Quique Estebaranz. De ahí que me parezca infinitamente más atractivo analizar el absurdo, por ilógico, prodigio de que el Sevilla no pare de cosechar finales y títulos, se ponga quien se ponga por delante.

Un milagro que, insisto, mucho más allá del prosaico argumentario futbolístico, ofrece connotaciones espirituales. Y es que el Sevilla, por pertinaz en su prurito de querer hacer las cosas rematadamente bien, ha transmutado en un ente dadivoso de goce absoluto para sus feligreses y, por consiguiente, de sus respectivas familias, amigos y de cualquiera que guste del bien ajeno aunque sienta en otros colores. Una felicidad polifacética, pluscuamperfecta, con la asombrosa cualidad de ser válida para cualquier tipo de aficionado. Desde el exigente fatiguita que estudia en la previa los colorines de influencia de los jugadores en el campo hasta el forofo hooliganesco que ríase usted del fanatismo salafista; desde el veletilla que se asoma sólo en la victoria hasta el penumbra que preferiría que todos los partidos empezasen con gol en contra para hacerse el cuerpo para la derrota.

La clave, quizás, qué sé yo, sea que la felicidad que genera el Sevilla es completa porque es falible. Molière, que de haber visto a Jesusito Navas le habría dedicado más de una oda, escribió que lo ininterrumpido acaba aburriendo. Por eso el Sevilla es, hoy por hoy, el equipo más envidiado del mundo, gigantes ultraacaudalados incluidos, pues como nos recuerda la mediocre película 'Troya', los dioses envidian a los mortales porque desconocen el gozo de lo efímero. Claro que puede perder el viernes, claro que ha caído en finales, claro que ha habido Mirandas de Ebros, claro que ha habido travesías, breves, por el desierto€

Eppur si muove.

Al Sevilla, en definitiva, no hay que agradecerle que gane partidos y títulos; no hay que agradecerle que engrandezca el nombre de nuestra bella, canalla, narcisista, decadente, alegre, cainita, exasperante, cautivadora, única ciudad; no hay que agradecerle que ilumine uno de los veranos más grises y tristes de nuestras vidas. Lo que hay que agradecerle, simple y llanamente, es que se empeñe en hacer feliz a tanta gente.

Andrés Ortiz Moyano (@andresortmoy) es periodista y escritor. 

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