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La 'penitencia' de nuestro fútbol

07.04.2020 | 12:39
La 'penitencia' de nuestro fútbol

Durante estos días Sevilla debería estar viviendo las jornadas más especiales del año: la Semana Santa. Sus calles deberían oler a incienso. Las familias tendrían que haberse reunido para preparar las estaciones de penitencia. Las cornetas y los tambores deberían sonar por cada uno de nuestros rincones. Numerosos jugadores y entrenadores del fútbol modesto sevillano tendrían que haber cambiado sus botas y sus libretas por un programa de mano, una túnica de nazareno o un costal. "El sábado debería haberme quitado las botas y ponerme los zapatos para tirarme a la calle a disfrutar de nuestras cofradías hasta que el Jueves Santo me calzase las sandalias para acompañar al Gran Poder.

Este año tenía pensado salir descalzo porque tenía una promesa", relata Alvi, lateral derecho del Coria. El defensor es hermano del Gran Poder desde los siete años. Esta Madrugada iba a salir como penitente del Señor por tercer año consecutivo. Nazareno de la cofradía de San Lorenzo desde los 16, es hermano de la hermandad por tradición familiar: "Es la devoción de casa. Viene de mi familia. Sobre todo, de parte de mi madre, que metió a mi padre. Él empezó a salir cuando yo nací, en 1991". Los prolegómenos a la estación de penitencia se viven con especial emoción en casa de Alvi. Desde el Jueves Santo por la mañana, el corazón se acelera en la familia.

"Las túnicas las tenemos preparadas desde prácticamente un mes antes. El Jueves Santo nos levantamos en casa, desayunamos y comemos juntos. Es algo bastante emotivo porque, además, mi novia es nazarena de La Macarena y nos vamos juntos a la basílica del Gran Poder para ver la visita de Los Armaos al Señor", narra el lateral, quien reconoce que esta Madrugada "va a ser bastante dura".

Como en su día a día, Alvi tendrá muy presente al Señor de Sevilla. "En la última lesión que he tenido me he aferrado mucho a la fe que le tengo. Antes de salir a jugar, le rezo un Padre Nuestro y le pido que me dé salud. Lo tengo muy presente siempre", concluye el zaguero, también costalero de la Hermandad del Cristo del Perdón de San José de la Rinconada.

La 'penitencia' de este año va a ser especialmente difícil para Miguel Alves, entrenador de porteros sevillano que pertenece al cuerpo técnico del Ibiza-Islas Pitiusas, de la Tercera balear. Por primera vez, no va a poder vivir la Madrugada junto a su padre y el Señor de la Sentencia. Antes de que estallara la crisis por el coronavirus, el míster tenía previsto un vuelo hacia Sevilla que llegaba el Miércoles Santo: "Teníamos jornadas el Domingo de Ramos, el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección. Le tuve que transmitir al club mi situación: mi padre es una persona mayor y no sé cuándo va a ser su último año de nazareno. Yo no quiero estar lejos de él porque soy macareno gracias a él".

Desde que se bautizó, Miguel Alves es hermano de la Hermandad de la Macarena: "Con la familia que tengo era imposible que no saliera cofrade. Somos hermanos de La Macarena o del Cachorro. Es un sentimiento que se inculca desde pequeño". Con solo dos añitos, comenzó a salir de nazareno. Rápidamente, su padre fue consciente de que la devoción de Alves iba a ser el Señor de la Sentencia. Por amor, su progenitor, que hasta ese momento acompañaba cada Madrugada a la Virgen de la Esperanza, cambió de hábito.

"Según me cuenta, con dos años me puso delante de la Esperanza y, corriendo, me fui delante del Cristo. A partir de ahí, mi padre entendió que yo iba a ser más devoto del Señor y tanto él como yo empezamos a procesionar junto a Él", explica el técnico, quien admite que está viviendo momentos duros: "Me gusta hablar con mis titulares, rezarle, pedirle por mi gente... Estando lejos, no puedo hacerlo. Al estar solo, hay momentos que se pasa mal y es jodido". Para finalizar, se acuerda de los devotos que cada año le piden a su paso al Señor: "Dentro de lo mal que lo voy a pasar, soy un afortunado. Estoy haciendo lo que me gusta. Hay mucha gente que necesita esto más que yo. Hay gente que solo sale a sus balcones el día que pasa su imagen por delante porque no pueden ir a verla".

Isco, guardameta del Coria, vive parte de su Semana Santa debajo de las trabajaderas. El arquero es costalero del Cristo de la Vera-Cruz, que procesiona el Jueves Santo en la fiesta sacra de Coria del Río. "A mí me han 'matado', me han quitado el fútbol y la Semana Santa. Ha sido una Cuaresma muy apagada porque no hemos podido ir a ver quinarios, besamanos... Todos los cofrades estamos muy tristes, un año  entero esperando y, cuando la empiezas a vivir, te la arrebatan", afirma el coriano, quien, cuando se paralizaron los actos cofrades, ya acumulaba cuatro ensayos y encaraba la recta final de la preparación.

La historia de Isco es un tanto peculiar. Además de hermano de la Vera-Cruz (devoción que le viene por parte paterna), es miembro de la Hermandad de la Soledad gracias a su madre. De hecho, durante su niñez, salió de nazareno tanto en la jornada del Jueves Santo como en la del Viernes Santo. "Mi hermano y yo salíamos en las dos hermandades. Sin embargo, cuando las túnicas se quedaron pequeñas, por temas económicos tuvimos que optar por una de las dos. Yo me decanté por 'El Cerro' y mi hermano por La Soledad", recuerda el costalero, quien, a partir de ahí y con solo 16 años, se convirtió en diputado de tramo.

Posteriormente, cambió su hábito por el costal: "Empecé de costalero para salir con mi padre antes de que se retirara. Son cuatro años ya. Mi hermano también es costalero de la Vera-Cruz". El Jueves Santo es un día muy especial en casa de Isco. El portero reconoce que "no quiere ni que llegue". "Es de los días más bonitos del año, mis hijos vestidos de nazarenos, mi padre de costalero... Toda mi familia se junta y mi madre lo vive con mucha intensidad. Comemos en casa de mis padres, nos vestimos allí y nos vamos juntos al Cerro", relata el ribereño, quien también vive con especial intensidad el Viernes Santo: "Desde por la mañana, con mi medalla de la Soledad y junto a mis hijos y mi mujer, que también son hermanos, nos vamos a ver los pasos".

El día grande de Guti, jugador del San José, es el Lunes Santo. Hermano desde su bautizo de la Hermandad del Museo, el medio cumple veinticinco años como miembro de la corporación de la collación de San Vicente. Monaguillo hasta los diez años, realiza desde entonces la estación de penitencia como nazareno junto a la Virgen de las Aguas. Ayer no pudo acudir a la cita: "Es la hermandad familiar. Mi padre también sale. Desde pequeño todos somos hermanos. Estamos muy metidos en la hermandad".

A medida que avanzan las fechas, se acumulan las emociones en el jugador. "Los días anteriores a Semana Santa los he sobrellevado bien. Pero, cuando te das cuenta de que, por ejemplo, es Viernes de Dolores y no sale ninguna, pues lo pasas mal. Piensas que estarías de iglesia en iglesia, buscando cofradías€", asegura Guti, quien concluye lanzando un mensaje cargado de fe y de optimismo: "Este año es diferente y vamos a vivir la fe de manera más interna. Nos queda menos de un año para disfrutar".

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