La respuesta está en cómo funciona el mercado de la reventa en Estados Unidos. Allí, revender entradas es completamente legal y forma parte del negocio habitual de grandes eventos como la Super Bowl, conciertos o las Finales NBA.
La FIFA puso a la venta más de 100.000 entradas desde 60 dólares, pero una vez que esos boletos salen al mercado, muchos compradores los revenden en plataformas online al precio que quieren. Y ahí empieza la locura: algunas entradas para el Mundial ya se han anunciado por miles… e incluso millones de dólares.
Eso no significa que alguien vaya a pagarlos realmente, pero sí refleja cómo funciona el sistema de precios dinámicos en Estados Unidos: cuanto mayor es la demanda, más sube el precio.
La FIFA defiende este modelo asegurando que sigue las normas habituales del entretenimiento en Norteamérica y recuerda además que los ingresos del Mundial se reinvierten en el desarrollo del fútbol mundial.
Pero mientras tanto, muchos aficionados sienten que ir al Mundial se está convirtiendo cada vez más en una experiencia de lujo, lejos del alcance de gran parte de los fans.