Miguel Indurain, campeón de Tour, "Atacar es una parte de la carrera. Yo atacaba en las contrarreloj, donde tenía que sacar diferencias para luego en la montaña llevar mi estilo"
El ciclista navarro explica cómo era su forma de ganar y se centra en un Tour donde tuvo que lidiar con duros rivales, especialmente con un combativo Alex Zulle

Miguel Indurain, en el Tour de FranciaImago
Hay formas de correr, como la que ahora ha puesto de moda Pogacar, que ataca desde lejos y nadie puede seguirle. Otros que atacan para desestabilizar y mermarlas fuerzas de otro que se supone superior. Pero pocos ciclistas en la historia 'atacaban' como lo hacía Miguel Indurain. El corredor navarro, salvo en excepciones, marcaba un ritmo constante y los demás, que le siguieran. Y si le atacaban y se iban, los dejaba ir. Casi siempre los alcanzaba. Tenía su plan y, en su época dorada, nunca le falló.
Indurain no necesitaba estar continuamente demostrando que podía ir más rápido que los demás. Medía, calculaba, avanzaba... el ciclista navarro encontraba su velocidad y seguía pedaleando.
Los que en los inicios de su reinado lo tachaban de pasivo, pronto se dieron cuenta que era su forma de correr. Y, también, una estrategia que funcionaba. Por algo ganó cinco veces el Tour de Francia de forma consecutiva y dos Giros de Italia, mientras las fuerzas le dieron para doblar esfuerzos en dos carreras que se disputaban en tres meses.
"Yo subía a mi ritmo, como una contrarreloj". Es una frase que ha dicho en alguna ocasión y que define a la perfección esa forma de actuar. En una gran vuelta, como en muchas otras cosas, el desafío no consiste únicamente en tener fuerzas. También consiste en saber cuándo utilizarlas. Miguel Indurain parecía saberlo. Y muy pronto entendió cómo tenía que afrontar una carrera de tres semanas, que a veces se hace muy larga para las piernas de los ciclistas. No ganaba respondiendo a todo, sino eligiendo qué merece una respuesta y qué puede esperar.
Las habilidades de Miguel Indurain
Miguel sabía que donde no tenía rival era contra en la crono. Y aunque su primer maillot amarillo lo ganó atacando con Ciappucci en una etapa pirenaica mítica, la mayoría de las grandes vueltas las ganó con lo que sacó en las contrarreloj. "Yo atacaba en las contrarreloj, donde tenía que sacar las diferencias para luego en la montaña llevar mi estilo de carrera", admite en una entrevista con El País, donde también deja claro cuál era su concepción de los ataques y de la gestión de las carreras.
"Atacar es una parte de la carrera. A la gente le gusta. Sirve para el espectáculo y quizás para ganar etapas. Pero, para la general, el que ataca mucho al final no gana", reflexiona Indurain, quien no sólo no atacaba sino que dejaba ganar, como ha dicho en más de una entrevista Perido Delgado. "Miguel Indurain es un caballero", afirma el segoviano sobre el ciclista navarro, como persona y también por cómo corría.
Esa frase sobre subir como una contrarreloj la dijo recordando el Tour de 1995, el último que ganó, tuvo que enfrentarse a los ataques de Alex Zuller en la etapa de La Plagne. "Pedí a algún compañero, no recuerdo a quién -Vicente Aparicio-, que acelerara el ritmo; pero conocía el terreno y tiré para arriba, a mi ritmo. Yo subía a mi ritmo, como una contrarreloj", indicó el navarro.
Indurain sorprende en el Tour de 1995
En ese mismo Tour ya había dado la sorpresa haciendo justo lo contrario. "Yo atacaba en las contrarrelojs, pero ese año cambié un poquito la manera de correr al principio y entonces se descolocaron. Tienes las ideas del equipo presente, pero en carrera tienes que tomar decisiones", afirma sobre una séptima etapa, con final en Lieja, en la que atacó a 30 kilómetros de meta, cuando sus rivales no se lo esperaban, y logró sacar ventaja. Al día siguiente, en la contrarreloj, dejó encarrilado aquel quinto Tour.

Fue algo impropio, pues aunque el ciclista de Villava llevó durante muchas jornadas el maillot amarillo, a él le gustaba controlar la carrera y sabía cuando tenía que llevarlo. Cuanto más tiempo la presión fuera para los demás, mejor. "Yo quería ser líder en París. Llevar el amarillo en una etapa de más o en una de menos es secundario. El equipo trabaja más, pero a ti te gasta lo mismo", añade.
En este sentido, tenía tanto control sobre la carrera que se podía permitir eso. Y eso mismo fue lo que le permitió atacar en esa etapa en Lieja, cuando todos esperaban que guardara fuerzas para el día siguiente. Y ellos también lo hacían. "Yo lo que tengo es la seguridad en las carreras. Me siento seguro cuando todo va bien y sé lo que estoy haciendo. Y también conozco a los rivales. Sé dónde flaquean, dónde pueden atacarme, dónde van bien o mal y dónde atacarlos. Yo tenía que controlar a los de la general y los tenía controlados", explica.
El ciclista navarro también sabía ser un líder
En ese Tour al que se refiere, sólo se vio en peligro su liderato en una ocasión, con el francés Jalabert, pero ni aún así se puso nervioso. Aunque sí dio un toque de atención a sus compañeros. "Sentí un riesgo por la carrera en Mende, pero aquello no era mi responsabilidad, era la del equipo. Ellos tenían que controlarlo -a Jalabert-, y ahí sí que les metí presión porque se les había escapado la situación. Les dije que lo solucionaran. A ver cómo se las apañaban. Alguien tenía que haber controlado esa situación. Yo tenía que controlar a los de la general y los tenía controlados", explica. Jalabert llegó a ser líder provisional, pero finalmente le recortaron tiempo y acabó el Tour cuarto, a más de 8 minutos del navarro.
Por último, Miguel Indurain admite una ventaja que ahora mismo no tienen los rodadores. Y es que entonces había dos contrarreloj y eso, para alguien como él, resultaba una ventaja que sabía aprovechar. "Quizás mis rivales eran más escaladores que rodadores y en aquellos años, la contrarreloj marcaba muchísimo. O eras rodador o para el Tour lo tenías difícil", reconoce el navarro.