El arma secreta de Mohamed VI en Rabat para asegurarse el futuro futbolístico de Marruecos en el Mundial 2030
La Academia Mohamed VI se ha convertido en una pieza clave del proyecto marroquí para formar futbolistas desde la infancia y consolidar el salto de calidad que llevó a su selección hasta las semifinales de Qatar 2022, algo que quieren mejorar en 2030

Internacionales marroquíes, entrenándose en la Academia. Imago
Marruecos ya ha demostrado que puede competir con las grandes potencias del fútbol. El cuarto puesto en Qatar 2022 dejó de ser una sorpresa aislada cuando, en octubre de 2025, su selección sub-20 conquistó el Mundial de la categoría. Entre ambos éxitos hay una diferencia importante: el primero se apoyó en buena medida en futbolistas de origen marroquí formados fuera del país; el segundo puso en valor el trabajo de una cantera propia.
A las afueras de Rabat, en Salé, la Academia Mohamed VI concentra buena parte de esa apuesta. El proyecto, impulsado por el monarca marroquí en 2010, busca detectar talento desde edades tempranas, ofrecerle una formación integral y convertirlo en futbolistas preparados para competir en las grandes ligas europeas. Una formación de la que ya han disfrutado futbolistas como el exsevillista Youssef En-Nesyri, Azzedine Ounahi o Zabiri, actual estrella goleadora del Racing de Santander.

El Mundial de 2030, que Marruecos organizará junto a España y Portugal, aparece como uno de los grandes escaparates de una estrategia que va mucho más allá de un solo torneo y que convierte a la Academia Mohamed VI en la principal arma de Marruecos para posicionarse en el mapa futbolístico a nivel mundial, algo que no pudo conseguir del todo en Mundial disputado el pasado verano en Estados Unidos, México y Canadá, donde cayó en cuartos ante Francia.
La fábrica de talento que Mohamed VI levantó en Rabat
La Academia Mohamed VI fue concebida como una fábrica para convertirse en una referencia del fútbol marroquí y elevar el nivel de todo el sistema futbolístico del país desde la base. El objetivo inicial era construir el mejor club del país, pero la ambición ha ido mucho más lejos. La formación de jugadores, la profesionalización de las canteras y el desarrollo de la selección nacional forman parte de una misma estrategia.
El complejo, situado en Salé, junto al bosque de Mamora, cuenta con instalaciones de nivel profesional y una estructura que permite acompañar a los jóvenes durante buena parte de su desarrollo. Los campos llevan los nombres de algunos de los futbolistas que han pasado por allí, como Azzedine Ounahi, Nayef Aguerd o Boudlal. Son un recordatorio de que el proyecto ya ha comenzado a producir resultados. Un espejo en el que los jóvenes talentos del fututo se miran.
La academia está financiada con fondos de la bolsa de la corona y representa una de las apuestas deportivas más importantes del reinado de Mohamed VI. El fútbol se ha convertido en una herramienta de proyección internacional para Marruecos y en un elemento central de su estrategia de desarrollo deportivo.
Así funciona la fábrica de futbolistas de Marruecos
La captación en la Academia Mohamed VI comienza mucho antes de que un jugador pueda imaginarse disputando un Mundial. La academia dispone de once centros de reclutamiento repartidos por el país, donde se evalúa a niños de entre siete y trece años. En total, el programa controla a unos 454 jóvenes. Los responsables observan su evolución y, cada año, seleccionan aproximadamente a veinte que cumplen trece años para incorporarlos a las instalaciones de Salé. Allí pueden permanecer hasta los dieciocho.

La selección de jóvenes talentos es exigente. Lo habitual es que no se incorporen jugadores mayores de trece años, salvo casos excepcionales. El programa considera que hacen falta al menos tres años de formación para producir futbolistas de nivel, aunque la mayoría de los alumnos pasa entre cinco y ocho años dentro del sistema, incluyendo el periodo inicial en sus ciudades de origen.
La academia cuenta con cinco equipos: sub 13, sub 15, sub 17, sub 18 y sub 21. Una de sus particularidades es que compiten habitualmente contra rivales de mayor edad. La intención es que los jugadores se enfrenten a desafíos superiores a los que encontrarían en su categoría natural. Pero el fútbol es solo una parte de la formación. Los jóvenes viven en el complejo, estudian, entrenan por la mañana y por la tarde y reciben atención médica y fisioterapéutica. El programa también contempla el acompañamiento psicológico, con dos profesionales que siguen a los jugadores desde su llegada.
Todo el programa es gratuito. Incluso algunas familias comienzan a recibir una ayuda económica cuando sus hijos cumplen dieciséis años. El propósito es que las circunstancias económicas no impidan que un talento llegue a desarrollarse.
De la Academia Mohamed VI al fútbol europeo
La mejor manera de medir el éxito de una cantera es observar qué ocurre con sus jugadores cuando abandonan sus instalaciones. En el caso de la Academia Mohamed VI, ya existe una primera generación que ha alcanzado el fútbol profesional. Según los datos recogidos por un informe de El País, hay una veintena de graduados en clubes europeos y otros 32 en equipos de la Primera división marroquí. Entre los nombres más conocidos figuran Youssef En-Nesyri, Azzedine Ounahi, Nayef Aguerd y Tagnaouti. Y más recientemente, Zabiri, actual goleador del Racing de Santander.
El caso de Oussama Zabiri resume el recorrido que la academia pretende ofrecer. Fue localizado por la red de captación cuando tenía diez años y pasó más de una década dentro del programa. A los 21 años, llegó al Stade Rennais, en la liga francesa.
El proceso de formación termina con una especie de escaparate internacional. A finales de abril, el centro organiza un torneo al que invita a canteras de algunos de los mejores clubes del mundo. También reúne a ojeadores y representantes de clubes y agencias. Para muchos jugadores, es la última oportunidad de mostrar su talento antes de firmar su primer contrato profesional. En algunos casos, la academia también puede ingresar dinero por los traspasos. De esta manera, el desarrollo de futbolistas se convierte en una vía para reforzar el propio proyecto.
El modelo español que Marruecos emula
La Academia Mohamed VI no pretende limitarse a formar jugadores físicamente preparados. El proyecto también busca desarrollar una identidad futbolística propia, con especial atención a la inteligencia de juego y la creatividad. En ese proceso, España ocupa un lugar destacado. La academia cuenta con entrenadores de distintas nacionalidades, entre ellos belgas, neerlandeses y españoles. La idea es incorporar diferentes perspectivas y preparar a los jóvenes para competir en entornos futbolísticos diversos.
La creatividad es, precisamente, uno de los aspectos que más se valoran durante la captación. El propósito es evitar que todos los futbolistas terminen respondiendo a un mismo molde. Marruecos quiere jugadores capaces de competir en el fútbol moderno, pero también con personalidad propia.
Qatar 2022, el principio del sueño
El cuarto puesto conseguido en Qatar 2022 cambió la percepción del fútbol marroquí. La selección dirigida por Walid Regragui se convirtió en la primera africana en alcanzar las semifinales de un Mundial, después de eliminar a Bélgica, España y Portugal. Aquella hazaña tuvo un componente fundamental: la captación de futbolistas de origen marroquí nacidos fuera del país. De los 26 jugadores convocados, 14 habían nacido en el extranjero. El éxito de ese modelo permitió a Marruecos reunir una selección capaz de competir al máximo nivel internacional.
La Academia Mohamed VI representa la otra gran vía de crecimiento: formar talento dentro del propio país. El triunfo en el Mundial sub 20 de 2025 fue una señal especialmente relevante. Marruecos derrotó a Argentina por 2-0 en la final, con cuatro graduados de la academia en el once inicial: Zahouani, Khalifi, Essadak y Zabiri. Este último marcó los dos goles del encuentro y fue elegido segundo mejor jugador del torneo. Ahora demuestra su potencial en LaLiga, defendiendo la elástica del Racing.
El resultado no garantiza que todos ellos lleguen a la selección absoluta, pero sí demuestra que el trabajo de formación está produciendo futbolistas capaces de competir en el escenario internacional. Para Mohamed VI, el reto consiste en que esa progresión no dependa únicamente de una generación excepcional. La academia debe ser una fuente constante de jugadores preparados para alimentar a la selección durante los próximos años.

El Mundial 2030 ya se juega en Rabat
La Academia Mohamed VI es la punta de lanza, pero el proyecto marroquí no termina en sus instalaciones. El país también quiere transformar las canteras de los clubes profesionales y extender el modelo de formación a todo el sistema. En enero de 2024, OCP, la empresa estatal de fosfatos, creó OCP Sport Development, una filial destinada a contribuir al desarrollo del fútbol base bajo la supervisión de la federación marroquí. Su propósito incluye la creación y gestión de centros y academias de alto nivel, así como la identificación de talento desde edades tempranas.
La iniciativa busca trasladar a los clubes parte de los métodos que han convertido a la Academia Mohamed VI en una referencia. Uno de los equipos que recibe apoyo es el Fath Union Sport de Rabat, que también cuenta con una residencia para jóvenes futbolistas.
El proyecto se apoya en una inversión deportiva de gran alcance. Marruecos está modernizando sus estadios, ampliando sus infraestructuras y preparando el país para acoger grandes acontecimientos internacionales. El Mundial de 2030 será el mayor escaparate de esa transformación y en Casablanca ya compiten por la final del Mundial 2030 con Madrid y el Santiago Bernabéu.
La selección marroquí ya demostró en Qatar que podía competir contra las grandes potencias. El Mundial sub 20 de 2025 confirmó que hay una generación que viene empujando desde abajo. Y la Academia Mohamed VI intenta garantizar que, cuando llegue 2030, no se trate de una coincidencia. En Mundial de este pasado verano, sin embargo, Marruecos no acabó de conseguir la machada, cayendo en cuartos frente a Francia.
Mohamed VI no está preparando únicamente una selección para jugar en casa. Está construyendo un sistema para que Marruecos pueda seguir produciendo futbolistas, competir en África y mantener su presencia entre las mejores selecciones del mundo. El proyecto ya está en marcha y parece no tener techo; España ya sufre su ambición de cara al Mundial de 2030 que ambos países albergarán junto a Portugal.