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Ridículo de Florentino con Rodri: la vergüenza que no tapan ni Diomande ni Vinicius

El triunvirato de las decisiones del Real Madrid ha permitido que el mejor mediocentro del mundo termine reforzando precisamente al eterno rival; ni la multimillonaria apuesta por el extremo marfileño ni la renovación del brasileño -que no goza de la simpatía de buena parte del madridismo- consiguen ocultar una planificación que deja demasiadas incógnitas

Ridículo de Florentino con Rodri: la vergüenza que no tapan ni Diomande ni Vinicius

Florentino Pérez ha cometido un error de estrategia importante al dejar escapar el fichaje de Rodri Hernández.Imago

José Manuel CanoJosé Manuel Cano 11 min lecturaSin comentarios

Hay fichajes que cambian temporadas y otros que marcan los ciclos. El de Rodri Hernández pertenece a esa segunda categoría. Cuesta muchísimo entender la gestión del Real Madrid en este caso. Después de dos campañas sin títulos, con un problema estructural perfectamente identificado y localizado en el centro del campo tras las despedidas de Toni Kroos y Luka Modric, el equipo está huérfano de brújula y necesita ese eje sobre el que apoyar el peso del juego.

De ahí que solo pueda calificarse de ridículo espantoso el hecho de perder a un futbolista con el que llevabas tres semanas negociando en buena sintonía y que vez cómo se te esfuma delante de las narices.

Lo verdaderamente incomprensible de todo este asunto no es perder un fichaje. Eso puede ocurrir en el fútbol y, de hecho, ocurre constantemente. Lo grave es perder exactamente al futbolista que más necesitabas.

El Real Madrid suele fallar entre poco y nada en este tipo de cuestiones básicas del arte de fichar. ¿Quieres a Cucurella? Contratado. ¿Quieres a Bernardo Silva? Aquí lo tienes. ¿Quieres reforzar la defensa? Te traigo a Konaté y Dumfries. ¿Que hace falta un delantero? Brindemos con Carlos Espí.

Quizás por eso no se entiende el fallo tan clamoroso del triunvirato de las decisiones (Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Juni Calafat) al dejar escapar en el último momento a un jugador que tenían fichado y convencido. ¿Qué les ha ocurrido? ¿Cómo no vieron venir el truco?

Era el fichaje más necesario

El Real Madrid lleva dos temporadas buscando un centro del campo que ya no existe. Desde que Kroos dejó de manejar el tempo de los partidos y Modric dejó de sostener al equipo a base de calidad, el equipo ha ido improvisando soluciones que no han terminado de funcionar.

Primero se apostó por retrasar a Bellingham. Después por convertir a Fede Valverde en organizador. Más tarde llegaron los experimentos con Camavinga, Tchouaméni y ahora todo apunta a que tendrá que ser Bernardo Silva quien actúe como falso constructor. Ninguno de ellos es la solución al verdadero problema.

El problema nunca ha sido el sistema sino la ausencia de un mediocentro capaz de gobernar los partidos. Y ese futbolista tiene nombre y apellidos y se llama Rodri Hernández. El Real Madrid no puede caer en contemplaciones con este tipo de incorporaciones. No hablamos de una promesa ni una apuesta de futuro. No es un melón por calar. Hablamos del Balón de Oro español -el único que lo ha ganado junto a Luis Suárez-, el MVP del Mundial, probablemente el mejor pivote del planeta, un jugador que, por estilo, liderazgo y jerarquía, parecía diseñado para reconstruir al Real Madrid y era, por qué no decirlo, un fichaje 'muy Florentino', el de sus mejores tiempos. Permitir que acabe en el Barcelona multiplica el error hasta convertirlo en un fracaso estratégico grosero.

Florentino, JAS y Calafat, demasiado estáticos

El triunvirato de las decisiones importantes ha comenzado a filtrar que ha sido decisión del jugador, que ha decidido aceptar otra oferta porque le convencía más el 'estilo Barça'. Pero ellos son los verdaderos responsables.

Durante semanas, el club trasladó la sensación de que la operación estaba encarrilada. Se habló con el jugador, hubo oferta y muchas conversaciones. El problema es que nunca se transmitió la sensación de urgencia que requería un fichaje de semejante envergadura.

Mientras tanto, el Barça aceleró, convenció al futbolista y preparó su ofensiva aprovechando que el Madrid se dejaba llevar por una peligrosa autocomplacencia. El resultado ya lo conocemos.

El trabajo de reflexión en Valdebebas debe ser concienzudo. Cuando un futbolista español, que quería volver a LaLiga y cuya prioridad era regresar a Madrid, termina inclinándose por el Barcelona, el problema difícilmente puede reducirse a una cuestión económica. Algo se ha hecho muy mal en la negociación.

Da la sensación de que Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Juni Calafat pensaron que el jugador esperaría eternamente al Real Madrid o que nunca estuvieron del todo convencidos de firmarlo mientras regateaban el precio con el Manchester City.

El Barça ha entrado por una sencilla razón que tiene mucho que ver con que el Real Madrid no ha hecho una oferta en condiciones al jugador. ¿Nos quieren vender que es Rodri el que ha dicho que no? El club ha tenido tres semanas para hacerle la oferta perfecta y cerrar el fichaje. Por lo que sea, decidieron que Rodri no era una opción preferente u obligatoria. Que no nos vendan motos.

Mourinho tiene motivos para estar indignado

Si alguien tiene derecho a sentirse molestísimo con este error en la planificación es José Mourinho. Las informaciones publicadas en las últimas horas reflejan un enorme enfado del técnico portugués. No sorprende absolutamente nada. Cualquiera que haya seguido de cerca cómo se ha movido el club durante este mercado sabe perfectamente que el portugués consideraba imprescindible incorporar un mediocentro de primer nivel. Era su prioridad. Mucho antes incluso de cerrar otras operaciones.

Ahora vuelve a encontrarse exactamente con el mismo problema que castigó al equipo en los dos últimos cursos: una plantilla llena de talento, pero sin un director de orquesta. Le pedirán que vuelva a inventar soluciones con Tchouaméni, Camavinga y Valverde y eso es precisamente lo que Mourinho no quería repetir.

¿Y Diomande? Muchísimo dinero y demasiadas dudas

Para 'tapar' el espanto, el Real Madrid intentó contraprogramar con el fichaje de Yan Diomande. No fue una táctica efectiva. La oficialidad de su fichaje se inundó de comentarios en redes sociales preguntando por Rodri. "¡Ficha a Rodri! ¿Dónde está Rodri? ¡Rodri es el que hace falta!"

Y es que con Diomande vienen a surgir también muchas preguntas. La primera, el precio. Las cantidades que está pagando el Real Madrid por futbolistas jóvenes empiezan a resultar difíciles de justificar. Ya ocurrió en los últimos mercados con Endrick y también con Mastantuono. Dos apuestas multimillonarias que, a día de hoy, están lejísimos de haber justificado semejante inversión. Uno apenas ha encontrado continuidad y el otro ya ha tenido que salir cedido. Son grandísimos futbolistas que ahora no llegan ni a la categoría de lastre para el club. Se los quieren quitar de encima.

Ahora llega Diomande envuelto en el papel de regalo de otro desembolso gigantesco. La losa no puede ser más pesada. ¿Puede convertirse en una estrella? Por supuesto. ¿Lo garantiza pagar esa cantidad? En absoluto.

Además, resulta inevitable pensar que no era la primera opción. Es notorio que el gran deseo siempre fue Michael Olise, pero la negativa del Bayern a negociar obligó a buscar a un 'segundo' Olise, un futbolista con su corte y estilo -incluso se podrían parecer físicamente y con el balón en los pies-, pero claro, uno es Olise y otro es Diomande...

Lo más preocupante es que la mejor versión del costamarfileño se ha visto por ahora actuando por el costado izquierdo. Exactamente donde ya conviven Vinicius y Mbappé. No parece la planificación más coherente del mundo.

Vinicius tampoco tapa el disparate

Tras hacer oficial a Diomande, el Real Madrid también 'contraprogramó' lo de Rodri con otra noticia de supuesta celebración como es la renovación de Vinicius por seis temporadas más. Evidentemente, esta buena nueva quedó inevitablemente eclipsada por el hecho de que Rodri jugará en el Barcelona.

Utilizar a Vinicius como un comodín de la sonrisa y portador de buenas noticias e ilusión tampoco puede calificarse como una gestión inteligente. El brasileño no cuenta con la simpatía de gran parte del madridismo. Eso se sabe y se siente. Celebrar su multimillonaria continuidad después de tiras y aflojas con el club para llenarse los bolsillos lo máximo posible no parece la estrategia más acertada.

El fallo sí es para tanto

Habrá quien ahora intente convencer al madridismo de que Rodri no era tan necesario, que los 30 años pesan demasiado o que la lesión de rodilla que sufrió hace un año desaconsejaba semejante inversión. Curiosamente, esos mismos son los que hace unas semanas lo señalaban como el heredero perfecto para el centro del campo blanco.

El discurso cambia demasiado rápido cuando las cosas no salen como uno quiere y la realidad es mucho más sencilla. El Madrid necesitaba un mediocentro. Tenía cerrado al mejor del mundo. Lo dejó escapar. Y, para colmo, reforzó al rival que más podía beneficiarse de su llegada. El fallo es clamoroso.

Hay errores que cuestan partidos. Otros cuestan títulos. Y algunos, como este, pueden terminar marcando una época.

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