La Semana Santa que llevo dentro (Día 3)

El Martes Santo que habría elegido

30.03.2021 | 15:25
El Martes Santo que habría elegido.

Siempre pienso que si hubiera podido elegir habría elegido justo lo que me regaló la vida y siento ese agradecimiento tan reconfortante que parte de un absoluto sentimiento de pertenencia. Habría elegido, sin duda, la familia que me rodea y cada una de las pasiones tan arraigadas que me han transmitido desde pequeño.

Habría elegido meterme debajo del paso muy crío con mi padre en los ensayos, aunque luego no siguiera la tradición. Habría elegido la liturgia del Martes Santo en casa. Con las túnicas de ruán colgadas como testimonio de fe infinita. Habría elegido ver a mi madre vistiéndonos a toda prisa cada año a uno detrás de otro. De monaguillo, de nazareno. Cogiendo los bajos a última hora con ese frenesí de puntadas cofrades y de devoción en el más amplio sentido de la palabra. "Este capirote es el tuyo, este el de tu padre. Póntelo bien... ¿Habéis cogido las papeletas de sitio?...".

Habría elegido ir repeinado de ilusión, con mi cestita, para componer aquel tumultuoso contrapunto de alegría al silencio de una Buena Muerte tan inspiradora. Habría elegido ser monaguillo estudiante y correr entre cirios por Constitución para alcanzar la Catedral. Habría elegido mirar hacia atrás y contemplar un acto de amor de tal grandeza que por entonces ya conmueve más allá del límite de la comprensión.

Sí, papá, habría elegido salir los primeros años de antifaz a tu lado, pero también que volvieras a estar tan cerca del Señor, en tu manigueta, como el ejemplo de pasión que siempre has sido para mí. Sí, habría elegido reencontrarme contigo en los patios del Rectorado tras la Estación de Penitencia y regresar juntos a casa. Y sí, habría elegido presumir de un abuelo fundador, de mi tío Antonio como número uno de la Hermandad y de un hermano que removió cielo y tierra para no faltar con su compromiso eterno bajo los pies del Cristo.

Habría elegido aquellas conversaciones desnudas frente a frente con el Cristo de la Buena Muerte y su Madre Santisíma de La Angustia antes de que abriera el portón de la Universidad y por supuesto el silencio atronador de ese diálogo en el que tantas cosas les he contado. No habría elegido pediros por nuestro Jesús o que mi padre, como abuelo orgulloso, luciese su túnica la última vez que se escuchó en la calle aquello de "¿cuántas cruces quedan todavía por pasar?". Pero sí compartir cada momento de Martes Santo y cofrade con él, con el que tantas veces jugamos a las preguntas de Semana Santa y era tan difícil pillarle.

Es la Semana Santa que llevo dentro. Los Martes Santo tan íntimos como de barrio. Tan imposibles a veces como espléndidos. Tan coloridos como solemnes. El Martes Santo que habría elegido, sin duda, si me hubiesen preguntado al nacer.

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