El peaje de la exigencia

Los jugadores del Sevilla agradecen el apoyo a la afición tras el partido ante Osasuna.
En Nervión presumen siempre de ser exigentes. Dicen sus dirigentes que es una clave del éxito, aunque lleva emparejada una presión con la que hay que convivir. De otro modo, alguno no entendería que la grada despida a su equipo con pitos después de sellar su pase a octavos de la Europa League y vuelva a silbar tras un valioso triunfo que les deja tercero en LaLiga.
Pero el sevillismo tiene motivos para estar preocupado. Los números son incuestionables y ahí poco se le puede discutir al técnico. Pero la afición percibe que este no es el camino adecuado para conseguir los elevados objetivos trazados. La pérdida de consistencia atrás se ha sumado a los consabidos problemas ofensivos, fruto de un plan conservador, y eso ha desatado un estado de nervios que en muchos otros clubes sería de euforia. Es el peaje de la exigencia.
Pero el sevillismo tiene motivos para estar preocupado. Los números son incuestionables y ahí poco se le puede discutir al técnico. Pero la afición percibe que este no es el camino adecuado para conseguir los elevados objetivos trazados. La pérdida de consistencia atrás se ha sumado a los consabidos problemas ofensivos, fruto de un plan conservador, y eso ha desatado un estado de nervios que en muchos otros clubes sería de euforia. Es el peaje de la exigencia.