Iniesta, 42 años: "Pedí ayuda porque sentí que me iba a morir, fue una necesidad de supervivencia"
El héroe del Mundial de Sudáfrica atravesó uno de los periodos más oscuros de su vida cuando triunfaba en el FC Barcelona; la muerte de Dani Jarque, las lesiones y una tristeza que no conseguía explicar marcaron una lucha que nunca ha escondido

Andrés Iniesta ha vuelto a hablar de los síntomas de la depresión.Imago
Andrés Iniesta escuchó el silencio y tocó el cielo en 2010, marcando el gol de todos en Sudáfrica en una de las etapas más importantes de su carrera deportiva, un periplo profesional en el que convivió con una oscuridad que amenazó con destruirlo por dentro.
El hombre que terminaría marcando el tanto más importante de la historia de la selección española atravesaba por entonces una depresión que llegó a poner incluso en peligro su vida. A pesar de los títulos, el reconocimiento y el éxito, el futbolista no encontraba la manera de explicar lo que le sucedía. Ahora, en una nueva reflexión sobre su experiencia en los micrófonos de Onda Cero, ha reconocido hasta qué punto llegó su sufrimiento: "Yo pedí ayuda porque sentía que me iba a morir", ha asumido.
El exfutbolista ha vuelto a hablar de su salud mental desde el respeto hacia quienes atraviesan situaciones similares y no siempre consiguen salir adelante. "Cada uno tiene su situación. Hay situaciones donde, desafortunadamente, personas no pueden acabar saliendo de un túnel tan complicado", ha explicado.
En su caso, pedir ayuda fue una mera cuestión de supervivencia, no una decisión tomada desde el conocimiento de lo que le estaba ocurriendo. "Fue una necesidad de supervivencia, no porque supiese lo que me estaba pasando", ha reconocido. Su confesión permite comprender la gravedad de un proceso que vivió en silencio mientras continuaba compitiendo al máximo nivel.
La muerte de Dani Jarque fue el comienzo de una etapa oscura
El año 2009 marcó un antes y un después en la vida de Iniesta. El futbolista del Barcelona venía de conquistar la Champions League en Roma y se encontraba en uno de los mejores momentos de su carrera. Sin embargo, su realidad personal distaba mucho de la imagen de felicidad que proyectaba hacia el exterior.
La muerte repentina de Dani Jarque, capitán del Espanyol y uno de sus grandes amigos, fue uno de los golpes emocionales que más le afectaron. El defensa falleció el 8 de agosto de 2009, a los 26 años, a causa de un problema cardíaco. La noticia dejó profundamente tocado al manchego, que encontró enormes dificultades para gestionar el dolor. "Cuando me lo contaron me quedé helado. Viví unos días terribles, porque Dani era mi amigo desde hacía mucho tiempo. A partir de ahí todo se precipitó... Todo se volvió muy oscuro", recordó al relatar aquel episodio.
A ese golpe se sumaron las lesiones musculares que condicionaron su rendimiento y una presión competitiva que arrastraba desde sus primeros años en La Masía. La exigencia constante, la necesidad de demostrar su superioridad y el temor a quedarse atrás fueron acumulando un desgaste que terminó pasando factura.

"Llegó un instante en que me sentí vacío"
Los primeros síntomas aparecieron sin que Iniesta entendiera qué estaba sucediendo. Se encontraba mal durante días, pero las pruebas médicas no encontraban una explicación física que justificara su estado. La incertidumbre alimentaba la ansiedad y convertía cada jornada en una batalla consigo mismo. "De repente empiezas a encontrarte mal. No sabes el motivo, pero te sientes mal. Un día y otro también. No mejoras. Te hacen un montón de pruebas médicas y nada indica que exista algún problema, y tú no estás bien», describió en sus memorias, 'La mente también juega'.
El futbolista comenzó a experimentar una sensación de desasosiego que contrastaba con todo lo que había conseguido. "Llegó un instante en que me sentí vacío. No tenía nada dentro", confesó.
Su vida se convirtió entonces en una especie de doble realidad: el deportista admirado por millones de personas y el hombre que sufría en privado. "Cuando estaba fuera de mi casa, era como si estuviera mintiendo a los demás. Ellos no sabían nada. Ni debían saberlo", explicó.
El vestuario tampoco era un refugio para mostrar su vulnerabilidad. Mientras sus compañeros continuaban entrenando, él se marchaba a las duchas para llorar sin que nadie lo viera. "Me metía en la ducha y lloraba. Lloraba sin que me viese nadie".
El fútbol y Anna Ortiz, dos apoyos fundamentales
Pese a la gravedad de su situación, Iniesta nunca perdió por completo el vínculo con el fútbol. Entrenar se convirtió en una rutina que le permitía mantener cierta estabilidad en medio de una etapa especialmente complicada. "Nunca, ni un solo día, y fueron muchos meses, me dije: 'No, no quiero ir a entrenar. Me quedo en casa y punto'", recordó. Incluso en los momentos más difíciles, conservar esas ganas de acudir al trabajo representaba una pequeña victoria personal.
El tratamiento y la ayuda recibida fueron fundamentales para avanzar. "Tal vez empecé muy fuerte con la medicación, quizá demasiado, todo influye, pero sentir que quería ir a entrenar era como un pequeño y oculto triunfo para mí", explicó.

También encontró un apoyo decisivo en Anna Ortiz, su esposa, con quien ha formado una familia con cinco hijos. "Anna me resucitó", llegó a reconocer. "Anna me devolvió la ilusión. Fue maravilloso haberme cruzado con ella en el camino".
El gol del Mundial y una recuperación que fue más allá del fútbol
La recuperación de Iniesta fue un proceso, no un cambio repentino. El centrocampista necesitó ayuda profesional para afrontar lo que estaba viviendo y recuperar progresivamente su bienestar. Su historia quedó ligada para siempre al Mundial de Sudáfrica, donde marcó el gol que dio a España su primer título mundial el 11 de julio de 2010.
Años después, Iniesta ya habla sin miedos para explicar una realidad con la que convivió y que permaneció oculta tras sus éxitos durante una larga temporada. No lo hizo, según ha aclarado, buscando convertirse en un ejemplo para los demás. "La gente que me conoce nunca ha intentado contar o decir como ánimo de nada. Lo conté por un periodo de mi vida que me tocó atravesar, igual que cuando me preguntáis por los títulos ganados. Con naturalidad", ha explicado.
Y esa naturalidad es precisamente la que permite entender el alcance de su testimonio. "Afortunadamente para mí, todo este proceso me ha hecho infinitamente mejor", ha recordado.