La reflexión de Curro Romero (92 años), torero y bético hasta la médula: “Lo más difícil del mundo es comer despacio cuando se tiene hambre"
El Faraón de Camas, con sus tardes buenas y otras menos buenas, dio nombre al 'CurroBetis', una idea que hoy día parece ser pasado en Heliópolis, con un Betis de Champions

Curro Romero, en el entierro de Rafael de Paula. Imago
A sus 92 años, el torero Curro Romero sigue siendo uno de los íconos del toreo. Pese a que el Faraón de Camas atraviesa una etapa delicada de salud después de que meses atrás estuviera ingresado en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla por una nueva neumonía por aspiración. Su evolución fue favorable y regresó a su domicilio, donde disfruta de una vida tranquila, la tauromaquia... y el Real Betis Balompié.
Sus problemas respiratorios y el Parkinson que padece, sin embargo, no alteran su condición de bético acérrimo. Y es que Curro Romero nunca necesitó ponerse la camiseta de las trece barras para convertirse en uno de los grandes personajes vinculados sentimentalmente al Betis. Sus actuaciones en la plaza, incluso, sirvieron para darle un apelativo al conjunto verdiblanco, sacando semejanza en el imaginario sevillano entre el torero el conjunto heliopolitano, acostumbrados ambos a tardes buenas y otras no tan buenas: el ‘CurroBetis’.

Curro Romero: "El beticismo es puro sentimiento"
El propio Curro Romero explicó en numerosas ocasiones qué significaba para él esa relación. “Bético hasta la médula, ‘manque' pierda", llegó a decir en 2010 durante una entrevista en Sevilla Taurina, donde dejó claro, también su amor por el Betis es “porque el beticismo es puro sentimiento”.
Y todavía añadió una frase que resume a la perfección su manera de entender el vínculo con el club: “Bético hasta la médula, ‘man que pierda’”. (Sevilla Taurina, 2 de febrero de 2010).
Para Curro Romero, el Betis siempre ha representado una manera de sentir y de vivir las emociones. Una identificación que tenía mucho que ver con su propia personalidad y con la trayectoria que protagonizó durante décadas en las plazas de toros. "El Betis es como Curro", ha llegado a decir en alguna ocasión.
En una entrevista concedida a Líbero, Curro Romero respondió así cuando hablaba del Betis: “El Betis es como Curro, ¿no? Curro y el Betis. El Betis y Curro”. Su frase resume la esencia del 'CurroBetis' y de esa peculiar relación que durante años se estableció entre ambos. Y es que Curro Romero y el Betis podían protagonizar una tarde de gloria absoluta o una actuación decepcionante.
“En el Betis siempre ha existido la magia”
La conexión entre Curro Romero y el Betis volvió a quedar patente en 2013, cuando recibió el II Galardón Heliópolis por su reconocido beticismo. En aquel homenaje, recogido por Sevilla Taurina, el torero volvió a unir dos de sus grandes pasiones: “En el Betis siempre ha existido la magia… y en el toreo, también”. Y volvió a definir el sentimiento verdiblanco con otra frase especialmente significativa: “El beticismo es un sentimiento puro y sanseacabó”.
Para Curro no había demasiadas explicaciones que buscar. Ser bético no dependía de ganar o perder. Era una cuestión sentimental. Y es que Curro Romero siempre ha destacado por ser claro y directo en sus declaraciones y entrevistas. Tanto cuando ha hablado del Betis como cuando lo ha hecho de otras cosas. "Lo más díficil del mundo es comer despacio cuando se tiene hambre", ha llegado a decir el Faraón de Camas en alguna ocasión cuando ha sido cuestionado por su forma de entender el toreo y la importancia de la paciencia en su práctica.

Así se hizo bético Curro Romero
Ese sentimiento viene de lejos. De su infancia. Nacido entre la humildad de una familia de Camas, Curro Romero conoció el hambre y las estrecheces desde niño. Comenzó a trabajar muy pequeño, con apenas 12 años. Guardó vacas, ovejas y cerdos en el cortijo de Gambogaz. Siete pesetas y media ganaba al día. Unas condiciones que le obligaron a madurar demasiado pronto en una infancia marcada por la necesidad de una Sevilla de posguerra.
Un contexto difícil en el que apareció el Betis. “Yo también me hice bético como todos los chiquillos”, ha recordado el torero en alguna ocasión. Una decisión crucial que terminó acompañándole durante toda su vida.