Javier López, excapitán del Espanyol: "En Australia volví a disfrutar del fútbol como cuando era un niño"
Javi López, excapitán del Espanyol, repasa en una entrevista para Estadio Deportivo su trayectoria, desde sus años en el conjunto perico hasta su aventura en Australia, donde recuperó la ilusión por el fútbol. Tras retirarse en 2025, el exfutbolista de Osasuna y canterano del Betis, sigue vinculado a este deporte como entrenador de jóvenes talentos

Javi López, excapitán del EspanyolIMAGO
Tras una década en el primer equipo blanquiazul, decidió dar un giro a su vida y marcharse a Australia, donde llegó acompañado de su mujer y su hija con la idea inicial de quedarse siete meses, hablamos de Javier López. Fue uno de los capitanes más representativos del Espanyol, club en el que disputó 283 partidos oficiales tras formarse durante siete años en la cantera del Betis. Debutó en Primera División en 2009, vivió el descenso de 2020 y, tras su salida del conjunto catalán, se marchó a Australia, donde recuperó la ilusión por el fútbol y puso fin a su carrera como jugador en 2025.
Ahora, retirado como jugador y vinculado al Perth Glory, trabaja con futbolistas jóvenes y mira atrás para recordar los sacrificios, las decisiones y las personas que marcaron su camino. En esta entrevista, Javier López repasa sus comienzos en Osuna, su paso por la cantera del Betis, su llegada al Espanyol, la responsabilidad de llevar el brazalete de capitán y una aventura australiana que le ayudó a reencontrarse con su pasión.
¿Cómo se definiría Javier López más allá del fútbol?
- "Me definiría como un chico de Osuna que tuvo que marcharse primero fuera de Andalucía y después fuera de España para ganarse la vida. También soy padre de dos niñas maravillosas, marido de una mujer excelente e hijo de unos padres maravillosos".
¿Javier hizo alguna locura para poder dedicarse al fútbol?
- "Sí, aunque más que locuras fueron decisiones que tomé por voluntad propia. Tuve que privarme de muchas experiencias. Por ejemplo, nunca hice un viaje de fin de curso de más de una noche fuera de casa, mientras que mis hijas ya han disfrutado de esas experiencias desde Primaria. Cuando miro atrás, pienso en cosas que no hice, pero tenía muy claro lo que quería desde pequeño y no me arrepiento de nada".
¿Qué siente al escuchar el nombre del Espanyol?
- "Se me ha puesto un poco de cosquilleo en la barriga. Al final, ha sido el club que me lo ha dado todo y que me ha permitido vivir de mi profesión y cumplir mis sueños. Sinceramente, los mejores años de mi vida deportiva los pasé allí".
¿Cómo surgió la oportunidad de fichar por el Espanyol y qué tuvo que dejar atrás?
- "Era un joven con aspiraciones de jugar en Primera División y estaba muy feliz en la cantera del Betis. Vivía en Sevilla, veía a mi familia cada semana, estaba cerca de mi pareja y compartía piso con grandes amigos que todavía conservo. Tuve que dejar todo eso porque mis agentes y yo creíamos que marcharnos era la mejor opción para seguir creciendo y alcanzar el sueño de jugar en Primera. Creo que no nos equivocamos. También tengo que dar mucho mérito al Betis y a todos los entrenadores que tuve allí. Estuve siete años en su cantera y aprendí muchísimo. Le guardo un recuerdo enorme y lo considero mi segundo equipo. Sin aquella etapa de formación, probablemente no habría conseguido lo que logré después".
¿Cómo recuerda su debut en Primera División con el Espanyol?
- "Pochettino llevaba dos semanas diciéndome que iba a debutar, pero las circunstancias hicieron que finalmente no jugara en los partidos en los que parecía que iba a tener la oportunidad. Mis padres viajaron a Riazor para verme contra el Deportivo de La Coruña y también vinieron mi pareja, mi hermano y mi mejor amigo cuando jugamos contra el Xerez. Sin embargo, el día que debuté, frente al Villarreal, no había venido nadie de mi familia porque no esperaba jugar. Entré sustituyendo a Callejón, incluso con un jugador menos. Estaba muy emocionado porque iba a cumplir mi sueño. Recuerdo especialmente los mensajes de mi familia y de Juan Carmona, mi primer entrenador en Osuna, que fue una persona fundamental en mi carrera. También me marcó lo que me dijo un buen amigo, José Mari Pinto: "Ya me puedo morir tranquilo". Son palabras que se te quedan grabadas".
¿Cómo pasó de jugar en posiciones ofensivas a consolidarse como lateral derecho?
- "Fue una transición progresiva. Cuando llegué a la cantera del Betis, empecé jugando de delantero. Después, en juveniles, pasé a ocupar las bandas y, en mi último año, con Paco Chaparro, disputé algunos partidos como lateral derecho. Cuando fiché por el Espanyol, lo hice como jugador de banda. Sin embargo, en mi última temporada en la cantera empecé a jugar de lateral izquierdo por necesidades del equipo. Las cosas salieron bien, Pochettino se fijó en mí y tuve la oportunidad de acercarme al primer equipo. Finalmente, el 30 de agosto de 2010, me comunicaron que iba a tener contrato con la primera plantilla. Estaba tan feliz que ni siquiera me preocupé por las condiciones económicas. Lo único que quería era formar parte del equipo y cumplir mi sueño".
¿Qué significó llevar el brazalete de capitán del Espanyol?
- "Fue un honor enorme, pero también una responsabilidad muy grande. El Espanyol es un club histórico, con mucha exigencia y repercusión, y estar a la altura como capitán no siempre es fácil. Hubo momentos en los que lo pasé mal porque quería que todo el mundo estuviera contento y entendí que eso es imposible. A pesar de todo, no me arrepiento. Fue una experiencia extraordinaria para mi vida. Siempre intenté hacer lo mejor para el club y para mis compañeros, poniendo todo el corazón en cada decisión".
¿La capitanía le obligó a ocultar algunas de sus emociones?
- "En ocasiones tienes que ponerte una especie de armadura para que no todo te afecte. Cuando eres capitán, intentas abrirte y mostrar lo que sientes, pero también debes protegerte para no perder la perspectiva. Si permites que todo te afecte, puedes terminar perdiendo de vista lo que realmente importa".
¿Qué jugador del Espanyol le sorprendió por su calidad, aunque considera que no recibió suficiente reconocimiento?
- "Es una pregunta difícil porque los grandes jugadores que tuve allí, como Sergio García y Gerard Moreno, fueron muy reconocidos por la afición. También recuerdo a Coutinho, que estuvo poco tiempo, pero dejó muestras de su calidad, o a Iván de la Peña, que era un espectáculo aunque no fuera un goleador. Creo que la afición del Espanyol sabe reconocer al futbolista diferente, al que tiene talento y es capaz de marcar la diferencia. No sabría señalar a alguien que tuviera mucha calidad y no recibiera el reconocimiento que merecía".
¿Qué recuerda del día que tuvo que ponerse los guantes de portero en un derbi contra el Barcelona?
- "Cuando me han mencionado la fecha, el 29 de marzo de 2014, ya sabía que iba a salir el tema. Fue una situación en la que teníamos un jugador menos y estábamos perdiendo. Sergio García dijo que quería ponerse de portero y yo pensé que no podíamos prescindir de nuestro delantero. Así que pedí los guantes y me fui a la portería. Tengo que decir que le paré un par de mano a mano a Alexis Sánchez. Si mi equipo volviera a necesitarlo, lo haría otra vez sin dudarlo. Siempre he sido un jugador de equipo y, si mis compañeros necesitan que haga algo para ayudarles, intento hacerlo".
¿Cómo vivió el descenso del Espanyol en 2020, después de tantos años en Primera?
- "Fue muy duro. Llevaba diez años en el primer equipo y estábamos acostumbrados a competir en Primera División. Aquella temporada se marcharon jugadores importantes, como Borja Iglesias y Mario Hermoso, y llegaron futbolistas que necesitaban adaptarse. No conseguimos encontrar la dinámica adecuada y terminamos teniendo cuatro entrenadores. Además, coincidió con la pandemia de la COVID-19, una época muy complicada también a nivel personal y familiar. Todo aquello influyó en una temporada que ya era difícil desde el punto de vista deportivo".
¿Qué responsabilidad sintió como capitán cuando llegó el descenso?
"Me tocó dar la cara ante los aficionados. Recuerdo que, tiempo después, en un encuentro con el club, alguien me comentó que quizá había sido la única vez en la historia de LaLiga en la que un jugador que no había disputado el partido salió a atender a los medios después del encuentro. Lo hice porque entendía que era mi responsabilidad como capitán. Cuando un equipo desciende, la afición está triste y enfadada. Puedes hacer lo que consideres correcto, pero es difícil que la gente esté contenta en una situación así. Yo hice lo que creía que me correspondía y no me arrepiento".
¿Por qué decidió marcharse a Australia después de su etapa en el Espanyol?
- "Necesitaba poner tierra de por medio y terminé poniendo un océano. Un buen amigo, Juande, que también había pasado por la cantera del Betis, me hablaba maravillas de Perth. Cuando salí del Espanyol, contacté con él y me ayudó a encontrar una oportunidad en el Perth Glory. A partir de ahí, hablé con el director deportivo y cerramos la operación. Llegué con mi mujer y mi hija para quedarme siete meses, pero ya llevamos casi seis años aquí".
¿Qué le ha aportado Australia a nivel personal y futbolístico?
- "Me ha permitido terminar mi carrera disfrutando del fútbol como cuando era un niño. Cuando llegué, tenía claro que necesitaba despejar la cabeza y volver a ser feliz después de una etapa complicada, tanto en lo personal como en lo profesional. Aquí volví a disfrutar de los entrenamientos, de limpiarme las botas y de jugar sin vivirlo todo con la presión que había sentido antes. Llegué con 34 años pensando que estaría siete meses, pero cada temporada me encontraba mejor y no quería retirarme. Terminé jugando cinco temporadas y alcancé los 100 partidos con el club. Fue una experiencia que mereció la pena y que repetiría".
¿Qué le llevó finalmente a dejar el fútbol profesional?
- "Las rodillas empezaron a pasarme factura. El año anterior ya me había sometido a una limpieza de rodilla y, después de los partidos y los entrenamientos, especialmente la izquierda se me inflamaba cada vez más. Aunque disfrutaba mucho jugando, sentía que estaba pagando un precio demasiado alto físicamente. Tenía que pensar en mi calidad de vida de cara al futuro. El club me ofreció la posibilidad de seguir vinculado al fútbol como entrenador del filial y trabajando aspectos individuales con los jugadores del primer equipo. Me dio esa oportunidad, firmé el contrato y aquí sigo".
¿Qué le gustaría transmitir a los jóvenes futbolistas con los que trabaja ahora?
- "La pasión por el fútbol y el compromiso en cada entrenamiento. Nunca fui el mejor tácticamente, técnicamente, físicamente o psicológicamente, pero intentaba dar siempre el 110 % de lo que podía ofrecer. Jugara o no el fin de semana, saltaba al campo con la intención de ser el mejor. Eso es lo que me gustaría enseñarles a los jóvenes: que den todo lo que tienen cada día. Habrá jornadas en las que puedan rendir más y otras en las que estén condicionados por alguna molestia, pero lo importante es dar lo máximo dentro de sus posibilidades".
¿Se plantea regresar a España o volver al Espanyol en otra función?
- "Ahora mismo mi vida está en Australia y estamos valorando la posibilidad de conseguir la ciudadanía, para lo que todavía tendríamos que permanecer aquí un par de años, si finalmente se puede lograr. Sin embargo, mi familia, mi país y mi club siguen estando en España, así que es algo que evidentemente te planteas".