Mourinho conquista el Clásico y lanza un aviso al Barcelona en mitad de la lucha
El técnico portugués volvió a demostrar que sigue teniendo recursos para desarmar a cualquier rival y convirtió el duelo del Camp Nou en una exhibición de lectura táctica, personalidad y eficacia, con Mbappé como ejecutor de un plan que nadie vio venir

José Mourinho estudia al FC Barcelona durante el Clásico del Camp Nou.Imago
Ya quedó atrás el último Clásico del año. El Camp Nou fue testigo de un nuevo enfrentamiento en la supuesta cima del fútbol mundial, quizás el más desnivelado sobre el papel, a priori, pero el fútbol volvió a poner las cosas en su sitio con su atractiva impredecibilidad y recordó, una vez más, que nada, absolutamente nada, puede darse por seguro en este amado deporte.
El aficionado llegaba al duelo del Camp Nou demasiado embriagado por la elasticidad de Lamine, este nuevo genio del fútbol mundial llamado a liderar al Barça presente y futuro, sugestionado por el pleno de victorias azulgrana y el engranaje casi perfecto ensamblado por un Hansi Flick al que todo le funciona. Sin embargo, muchos dejaron fuera de la ecuación la exuberancia de Mbappé y el plan de José Mourinho.
Mourinho, el ganador indiscutible del Clásico
El entrenador portugués sabe que está ante la última gran oportunidad de volver a sentirse grande, el de antes, el 'The Special One', y no tiene ni la más mínima intención de desaprovecharla. Florentino Pérez le brindó una segunda etapa en el Real Madrid y eso es algo que no ocurre todos los días. Sabe bien 'Mou' que ese tren rara vez pasa dos veces -aunque Ancelotti y Zidane también lo vieron detenerse en su estación-, así que, por trabajo, no va a quedar.
El 'deja vu' prometido se confirmó en el Camp Nou con el segundo gol de Mbappé. Un Mourinho barbudo se deslizó de rodillas sobre el césped del coliseo azulgrana con la lengua fuera. Su celebración no resultó tan espectacular ni llamativa como antaño, ni siquiera tan hiriente, pero la esencia del veneno seguía ahí.
El paso de los años puede y, de hecho, va mermando ciertas facultades, porque los métodos evolucionan y cualquier técnico que se precie debe saber adaptarse a los tiempos. Mourinho ha conseguido hacerlo. El vencedor del Clásico fue él. El Real Madrid resurgió de sus cenizas y dio un golpe sobre la mesa para recordar al Barça y al mundo que tiene todavía mucho que decir en esta Liga.
La apuesta que nadie vio venir
En cuanto a Mourinho, ganador indiscutible del Clásico, portadas y honores para él, recompensa a un trabajo de meses que ha venido labrando y librando en cada entrenamiento, en cada rueda de prensa, en cada queja arbitral, en cada defensa de Vinicius, en cada análisis calmado con toquecito al contrario.
Mourinho ha sabido esperar y ha conseguido desenfundar su mejor arma: un equipo unido que va a muerte con su entrenador.

En Barcelona, el luso volvió a demostrar que el fútbol no va de tener más balón, de acumular pases o de disparar más, sino de saber cómo y cuándo golpear al rival. Su equipo apenas necesitó un 40% de posesión y siete remates para imponerse. No fue casualidad. La apuesta por Bernardo Silva y Güler en la medular con Tchouaméni como ancla nadie la vio venir y tenía una intención clarísima: ganar amplitud, atacar los espacios y construir un equipo capaz de defender sin perder colmillo.
La fórmula perfecta, de estreno en el Camp Nou
Su séptima combinación distinta en el centro del campo no fue una improvisación sino la confirmación de que Mourinho estaba buscando la fórmula exacta en un escenario tan potente como el Camp Nou. Quería los titulares y los encontró cuando más importaba.
Lo mejor del plan llegó cuando el Barcelona apretó y el Madrid tuvo que sufrir. Ahí también se vio la mano de Mourinho: orden, ayudas, sacrificio y futbolistas interpretando a la perfección lo que pedía el partido. Mourinho leyó el Clásico mejor que nadie, desmontó las virtudes del rival y convirtió sus propias limitaciones en fortalezas. Eso también es jugar bien al fútbol. Y, cuando hay tanto en juego, hacerlo así vale oro.
El pitido final deja un análisis sosegado. El Barça sale tocado, enfurecido quizás, pero ni mucho menos hundido. Su sensación es que sigue siendo superior en Liga, pero teniendo muy presente al enemigo 'Mou', siempre acechante, siempre dispuesto a tener la última palabra.