Machín, sus referencias y su espíritu autodidacta

E. G.
Pablo Machín supo joven que quería ser entrenador. Aún en edad juvenil el técnico se sacó el título de primer nivel de entrenador mientras jugaba en el Numancia. Aunque no fue en los libros donde más aprendió el soriano, que tuvo en Lotina su primer maestro y que ha completado su formación de manera autodidacta.
En la entrevista que publica la revista Football Club, el técnico repasa sus orígenes y la pasión que tiene por el balompié desde bien jovencito: "El fútbol es un deporte, pero también un juego. De niño a todos les gusta el balón. Tuve buenas maneras y a partir de ahí me encantó. Fui a Soria, jugué en el Numancia. Llegué a jugar en Segunda B. Siempre tuve inquietudes, de juvenil, por qué se hacían las cosas. Algunos entrenadores me veían maneras de entrenador. Con 18 años me saqué el título de primer nivel cuando estaba con Lotina, que fue mi profesor", cuenta Machín.
Una lesión de rodilla fue la que le hizo cambiar el chip: "Cuando me recuperé de una lesión de rodilla no eché tanto de menos jugar y me llenaba más lo otro. Me di cuenta de que como futbolista no me iba a ganar la vida y empecé como entrenador".
Su aprendizaje lo ha ido completando por etapas bien medidas: "Poco a poco he ido consiguiendo logros, creciendo. He sido autodidacta, otras veces he estado de segundo con técnicos de los que he aprendido hasta que volé solo en Numancia, Girona y ahora en el Sevilla. Lotina me abrió los ojos al fútbol profesional. Tenía 18 años y era la primera vez que me entrenaban. Tenía mucho que aprender".
Cuando dio el paso a los banquillos, la experiencia fue más enriquecedora aún: "Lotina me enseñó la táctica defensiva y he aprendido de muchos. La primera vez que estuve en un club profesional, como entrenador de porteros fue con Enrique Martín. También estuve al lado de Andoni Goicoechea. También estuve con Arconada, después un tándem con Pacheta en la máxima categoría. También tuve la oportunidad de estar con Unzué. De todos he aprendido algo".
En la entrevista que publica la revista Football Club, el técnico repasa sus orígenes y la pasión que tiene por el balompié desde bien jovencito: "El fútbol es un deporte, pero también un juego. De niño a todos les gusta el balón. Tuve buenas maneras y a partir de ahí me encantó. Fui a Soria, jugué en el Numancia. Llegué a jugar en Segunda B. Siempre tuve inquietudes, de juvenil, por qué se hacían las cosas. Algunos entrenadores me veían maneras de entrenador. Con 18 años me saqué el título de primer nivel cuando estaba con Lotina, que fue mi profesor", cuenta Machín.
Una lesión de rodilla fue la que le hizo cambiar el chip: "Cuando me recuperé de una lesión de rodilla no eché tanto de menos jugar y me llenaba más lo otro. Me di cuenta de que como futbolista no me iba a ganar la vida y empecé como entrenador".
Su aprendizaje lo ha ido completando por etapas bien medidas: "Poco a poco he ido consiguiendo logros, creciendo. He sido autodidacta, otras veces he estado de segundo con técnicos de los que he aprendido hasta que volé solo en Numancia, Girona y ahora en el Sevilla. Lotina me abrió los ojos al fútbol profesional. Tenía 18 años y era la primera vez que me entrenaban. Tenía mucho que aprender".
Cuando dio el paso a los banquillos, la experiencia fue más enriquecedora aún: "Lotina me enseñó la táctica defensiva y he aprendido de muchos. La primera vez que estuve en un club profesional, como entrenador de porteros fue con Enrique Martín. También estuve al lado de Andoni Goicoechea. También estuve con Arconada, después un tándem con Pacheta en la máxima categoría. También tuve la oportunidad de estar con Unzué. De todos he aprendido algo".