Getafe 2-0 Betis: De bruces contra la cruda realidad

Óscar Murillo
Ésta es la cruda realidad, la de LaLiga. Lo de San Siro fue una gesta enorme y loable, pero, por desgracia para el Betis, no obró de punto de inflexión. Antes al contrario, los de Setién repitieron los errores que últimamente lastran su trayectoria en el torneo de la regularidad, sin ideas ni profundidad, cayendo con justicia en la segunda mitad ante un Getafe mejor en todos los aspectos. Son ya tres derrotas consecutivas donde se cuecen las habichuelas y se fraguan las opciones de jugar entre semana regularmente. Una crisis de juego y resultados (medio gol por partido es un bagaje escuálido). De las dimensiones que quieran, pero crisis con todas las letras. En esta 18/19 tan flojita, lo mismo no tiene consecuencias graves si se remedia pronto, aunque hay que meterle mano ya a lo que sea antes de que sea tarde. Aviso a navegantes.
En el primer acto, los verdiblancos salieron con la inercia de Milán para acabar con su gris realidad liguera, en gran parte por el buen hacer de su anfitrión, especialista en interrumpir los partidos con una presión asfixiante que, cuando no tiene éxito, debe acabar en falta táctica. Pero también por culpa de la deceleración del ritmo verdiblanco en la circulación. Así, Bordalás logró que los suyos subieran un poco su intensidad y su anticipación, ahogando a Lo Celso y Boudebouz para que ninguno recibiera con cómodidad y, sobre todo, para que no conectaran con los puntas. Encima, el tempranero susto azulón despertó las alarmas heliopolitanas y vulgarizó, por contagio o por precaución, su juego.
Si, en el 6, Sidnei estuvo a punto de encontrarse un gol al remachar incomprensiblemente fuera un córner que Ryad le había puesto franco en el área pequeña, la cosa estuvo a punto de torcerse dos minutos más tarde. Todo arrancó de una mala decisión de Joel en la salida, combinando demasiado fuerte con un compañero y obligando ya a que toda la acción se tornara precipitada. Barragán quiso devolvérsela, pero midió mal, y Bartra, que quería dejarla pasar, la rozó con el pecho para dejarla muerta y que Ángel se la encontrara pintiparada para el mano a mano ante el ex del Everton, cruzando demasiado para respiro de los béticos.
Este aviso afectó a los de Setién y dio alas al Getafe, que comenzó a acumular hombres en campo contrario, bien por su eficaz achique, bien por transiciones por dentro y fuera. Y la segunda ocasión clara de los locales llegaría en el 17: Maksimovic prueba fortuna desde la frontal, Joel la despeja en corto y Mandi se lanza al suelo para estorbar a Foulquier, que no puede remachar, como tampoco Molina a continuación, gracias a la estirada de Bartra. Se salvaba otra vez de milagro el Betis, que no volvería a estirarse de verdad con peligro. Una vuelta a las andadas domésticas no excesivamente preocupante todavía, pues el rival tampoco es de los que se destapa a lo loco.
En la reanudación, salió mucho más 'enchufado' el conjunto de Bordalás, que dio un paso al frente a la postre definitivo. Antunes, con un centro-chut casi desde la línea de fondo, desató las hostilidades a los seis minutos, mientras que, a renglón seguido, pudo haber penalti por agarrón de Bartra a Molina, taponando luego entre Mandi y Barragán el intento de un Foulquier que, pocos minutos más tarde, se saldría con la suya. Y es que, con Canales esperando en la banda para relevar a Boudebouz, llegarían dos goles seguidos que prácticamente sentenciaban la contienda. Primero, Ángel centra sin oposición para que Molina, que no lo celebró, se cuele entre Bartra y Joel para apuntillar a la red. Ni dos minutos más tarde, con el Betis en la lona, Joel se la regala a Maksimovic y el serbio busca entre líneas a Foulquier, que regatea con facilidad a Sidnei, amaga de derechas y resuelve de zurda, flojito y pegado al palo. Incluso, el francés tuvo el tercero sin solución de continuidad en una falta que colgaba Antunes y que el ex del Granada cabeceó desviado cuando lo más sencillo parecía meterla entre los tres palos.
Todo hacía indicar que ya era tarde, aunque los de Setién intentaron despertar un poco a contraestilo. Como, por ejemplo, en un servicio de Junior que Loren cabeceaba abajo, difícil para David Soria (74'). Pero, definitivamente, la cabeza de muchos seguía en San Siro, estrellándose el conjunto heliopolitano de bruces contra la cruda realidad.
En el primer acto, los verdiblancos salieron con la inercia de Milán para acabar con su gris realidad liguera, en gran parte por el buen hacer de su anfitrión, especialista en interrumpir los partidos con una presión asfixiante que, cuando no tiene éxito, debe acabar en falta táctica. Pero también por culpa de la deceleración del ritmo verdiblanco en la circulación. Así, Bordalás logró que los suyos subieran un poco su intensidad y su anticipación, ahogando a Lo Celso y Boudebouz para que ninguno recibiera con cómodidad y, sobre todo, para que no conectaran con los puntas. Encima, el tempranero susto azulón despertó las alarmas heliopolitanas y vulgarizó, por contagio o por precaución, su juego.
Si, en el 6, Sidnei estuvo a punto de encontrarse un gol al remachar incomprensiblemente fuera un córner que Ryad le había puesto franco en el área pequeña, la cosa estuvo a punto de torcerse dos minutos más tarde. Todo arrancó de una mala decisión de Joel en la salida, combinando demasiado fuerte con un compañero y obligando ya a que toda la acción se tornara precipitada. Barragán quiso devolvérsela, pero midió mal, y Bartra, que quería dejarla pasar, la rozó con el pecho para dejarla muerta y que Ángel se la encontrara pintiparada para el mano a mano ante el ex del Everton, cruzando demasiado para respiro de los béticos.
Este aviso afectó a los de Setién y dio alas al Getafe, que comenzó a acumular hombres en campo contrario, bien por su eficaz achique, bien por transiciones por dentro y fuera. Y la segunda ocasión clara de los locales llegaría en el 17: Maksimovic prueba fortuna desde la frontal, Joel la despeja en corto y Mandi se lanza al suelo para estorbar a Foulquier, que no puede remachar, como tampoco Molina a continuación, gracias a la estirada de Bartra. Se salvaba otra vez de milagro el Betis, que no volvería a estirarse de verdad con peligro. Una vuelta a las andadas domésticas no excesivamente preocupante todavía, pues el rival tampoco es de los que se destapa a lo loco.
En la reanudación, salió mucho más 'enchufado' el conjunto de Bordalás, que dio un paso al frente a la postre definitivo. Antunes, con un centro-chut casi desde la línea de fondo, desató las hostilidades a los seis minutos, mientras que, a renglón seguido, pudo haber penalti por agarrón de Bartra a Molina, taponando luego entre Mandi y Barragán el intento de un Foulquier que, pocos minutos más tarde, se saldría con la suya. Y es que, con Canales esperando en la banda para relevar a Boudebouz, llegarían dos goles seguidos que prácticamente sentenciaban la contienda. Primero, Ángel centra sin oposición para que Molina, que no lo celebró, se cuele entre Bartra y Joel para apuntillar a la red. Ni dos minutos más tarde, con el Betis en la lona, Joel se la regala a Maksimovic y el serbio busca entre líneas a Foulquier, que regatea con facilidad a Sidnei, amaga de derechas y resuelve de zurda, flojito y pegado al palo. Incluso, el francés tuvo el tercero sin solución de continuidad en una falta que colgaba Antunes y que el ex del Granada cabeceó desviado cuando lo más sencillo parecía meterla entre los tres palos.
Todo hacía indicar que ya era tarde, aunque los de Setién intentaron despertar un poco a contraestilo. Como, por ejemplo, en un servicio de Junior que Loren cabeceaba abajo, difícil para David Soria (74'). Pero, definitivamente, la cabeza de muchos seguía en San Siro, estrellándose el conjunto heliopolitano de bruces contra la cruda realidad.