El bosque de fondo

Ha sido (está siendo, de hecho) un verano atípico en Nervión. La obligación de abordar tres rondas previas para alcanzar la segunda competición continental, un premio de consolación para el Sevilla (aunque jugosísimo para cualquier otro), ha condicionado una planificación ya de por sí especial al cambiar desde el entrenador hasta la secretaría técnica casi al completo.
La determinación de no acelerar el proceso natural de cada mercado estival, arriesgando (mínimamente, a la vista de la escasa entidad del primer rival) para que el presupuesto no se disparare, inflando de paso los bolsillos de clubes rivales e intermediarios, generó todo tipo de críticas, gran parte de una afición exigente e impaciente. Pero Caparrós y Machín siguen viendo el bosque al fondo, sin dejar que los árboles, algunos raquíticos, solapen el objetivo.
La determinación de no acelerar el proceso natural de cada mercado estival, arriesgando (mínimamente, a la vista de la escasa entidad del primer rival) para que el presupuesto no se disparare, inflando de paso los bolsillos de clubes rivales e intermediarios, generó todo tipo de críticas, gran parte de una afición exigente e impaciente. Pero Caparrós y Machín siguen viendo el bosque al fondo, sin dejar que los árboles, algunos raquíticos, solapen el objetivo.