El desgaste acumulado de Xabi Alonso en el Real Madrid: “¡No sabía que venía a entrenar a una guardería!”
La ruptura entre Xabi Alonso y el vestuario del Real Madrid venía gestándose desde mucho antes de su destitución como entrenador. En noviembre, en un clima de tensión táctica, desconfianza interna y desgaste diario, ya aparecieron los primeros roces entre el técnico y los jugadores
La destitución de Xabi Alonso ha sido abrupta en la forma, pero no en el fondo. Según ha publicado Marca, el técnico tolosarra empezó a perder al vestuario del Real Madrid semanas antes, en un proceso lento, casi invisible desde fuera, pero cada vez más evidente en el día a día de Valdebebas. Lo que terminó siendo un comunicado oficial tuvo su origen en un desgaste acumulado que estalló a principios de noviembre.
Por entonces, la relación entre entrenador y jugadores ya estaba seriamente dañada. La distancia no era puntual ni fruto de un mal resultado concreto, sino estructural. En un entrenamiento, Xabi dejó escapar una frase que retrató su estado anímico y marcó un antes y un después: “¡No sabía que venía a entrenar a una guardería!”. No fue un arrebato puntual ni una bronca medida para agitar al grupo, sino un grito de frustración que dejó al descubierto una herida que ya no se cerraría.
Un choque de exigencias en el día a día
Xabi Alonso llevaba tiempo molesto con la falta de respuesta de la plantilla a la exigencia que pretendía imponer, especialmente en el plano táctico. Entrenamientos cargados de correcciones, ajustes constantes y una atención al detalle que, desde el punto de vista del técnico, era imprescindible para acelerar un proceso que sabía incompleto.

Sin embargo, desde dentro del vestuario la percepción era muy distinta. Los jugadores consideraban excesiva la carga táctica y se quejaban de un volumen de información que sentían difícil de asimilar. No solo Xabi, sino también su cuerpo técnico, con Sebas Parrilla especialmente señalado, acumulaban protagonismo en un entorno donde demasiadas voces y demasiadas órdenes terminaron generando incomodidad.
Las malas caras, los cuchicheos y la pérdida de conexión se normalizaron. El ambiente de trabajo se volvió pesado y el desgaste empezó a reflejarse en el rendimiento y la convivencia diaria.

Sin tiempo para construir, ni margen para corregir
El contexto tampoco ayudó. El Mundial de Clubes y un regreso precipitado a la competición, sin apenas pretemporada, dejaron a Xabi sin espacio para implantar con calma su idea. El entrenador sentía que el equipo estaba lejos de lo que quería y necesitaba cada minuto de cada sesión para corregirlo. La plantilla, en cambio, no acompañó ese ritmo.
El choque fue frontal. Xabi estaba descontento con sus jugadores; los jugadores, con Xabi. Y en medio, una directiva que, según distintas informaciones, en momentos clave priorizó a sus figuras por delante del entrenador, debilitando aún más su autoridad.
Críticas internas y fractura expuesta
En ‘Què T’hi Jugues!’ de SER Catalunya, Bruno Alemany reveló que desde noviembre al menos siete jugadores, algunos de ellos titulares, habrían trasladado críticas sobre Xabi Alonso a la directiva. Desde el cuerpo técnico, la sensación era clara: con más voluntad por parte de la plantilla, el desenlace podría haber sido distinto.
La fractura quedó expuesta tras el cese. Jude Bellingham salió al paso de informaciones que le señalaban, junto a Valverde y Vinícius, como opositores a las ideas del técnico. El inglés fue tajante en redes sociales, negando los conflictos y cargando con dureza contra determinadas versiones.
Con Xabi ya fuera, Álvaro Arbeloa ha tomado el relevo en un escenario complejo. El Real Madrid inicia una nueva etapa, pero el ruido de fondo deja una premisa clara: cuando vestuario, entrenador y club dejan de caminar en la misma dirección, el final suele llegar mucho antes de lo previsto.