Indignación en el Levante por el número de entradas ofrecidas por el Villarreal para la afición visitante
El club groguet explica que solo puede ofrecer un máximo de 600 localidades, como en el resto de partidos, por las limitaciones de aforo a consecuencia de las obras de remodelación, desmarcándose de un trato diferencial

El Villarreal ha enviado 600 entradas al Levante, su máximo permitido. Villarreal CF
El reparto de entradas para el derbi valenciano entre el Villarreal y el Levante está generando numerosas reacciones encontradas en los últimos días, especialmente en el entorno granota, donde no se entiende que el club castellonense haya limitado a 600 las localidades destinadas a la afición visitante. La discusión ha ido a más, aunque más allá del malestar y de esta percepción por parte del lado levantinista, la entidad castellonense ha querido emitir una explicación sencilla que dibuja una situación bastante diferente y que apenas da espacio a lecturas polémicas. El escenario es bastante más rígido del que se ha querido proyectar.
El Levante se juega la vida
La queja del levantinismo parte de una premisa comprensible. Se trata de un partido con mucho en juego, con el Levante inmerso en la lucha por la permanencia y con una masa social que acostumbra a movilizarse en desplazamientos cercanos.
La sensación de que podrían haber acudido muchos más aficionados a La Cerámica es real, entre otras cosas porque históricamente así ha sido. Además, la zona visitante del estadio tiene capacidad potencial para un número muy superior de seguidores.
La explicación del Villarreal
Sin embargo, la clave del asunto no está en la voluntad del Villarreal, sino en las limitaciones estructurales y normativas que condicionan toda la temporada. El club amarillo ha sido tajante en su argumentación. No puede ofrecer más de 600 entradas porque ese es el máximo que permite el aforo actual del estadio dentro de los parámetros fijados por LaLiga. No es una decisión puntual para este partido ni una excepción con el Levante, sino una política sostenida desde el inicio del curso.

El contexto del estadio resulta fundamental para entenderlo. La Cerámica no opera actualmente con su capacidad habitual por unas obras de remodelación que tienen como consecuencia una reducción de aforo, que ronda las 2.200 localidades aproximadamente respecto a su cifra ordinaria, lo cual, irremediablemente, ha obligado a reajustar todos los sectores, incluido el destinado a la afición visitante. Ese ajuste no es flexible ni negociable en función del rival o la demanda. Es un límite que el club está obligado a respetar.
El club amarillo se desmarca de un trato diferencial
De hecho, el Villarreal insiste en un punto que desmonta parte del relato de agravio. A todos los equipos que han pasado por su estadio esta temporada se les ha ofrecido exactamente el mismo cupo de entradas. Ni una más, ni una menos. La cifra de 600 localidades en la Grada Alta del Fondo Norte ha sido una constante, independientemente del atractivo del partido o del volumen de aficionados que quisieran desplazarse.
Incluso hay un elemento de reciprocidad que añade contexto a la controversia. En el partido de la primera vuelta, el propio Levante facilitó al Villarreal ese mismo número de entradas. Es decir, no hay un trato diferencial ni una decisión unilateral que rompa una dinámica previa entre ambos clubes.

El Levante se queja de que habrá los asientos vacíos
Otro de los argumentos que ha alimentado el debate tiene que ver con la imagen del estadio. La posibilidad de que haya asientos vacíos ha llevado a pensar que podrían habilitarse más localidades para la afición visitante.
Sin embargo, desde el club groguet explican que esos asientos no pueden ocuparse. No es una cuestión comercial ni organizativa, sino una imposición derivada de los protocolos de aforo. Esas butacas, aunque visibles, están fuera del circuito de venta autorizado.
En cualquier caso, esto no termina con el malestar del lado levantinista, que sigue considerando insuficiente el número de entradas en un partido de tanta trascendencia para ellos ante un Villarreal que no se juega casi nada. Sin embargo, la postura del lado local no admite demasiados matices y asegura que no hay margen de maniobra.