Carlos Alcaraz, 23 años: "En mi pueblo intento no cohibirme de hacer nada. Salgo a pasear, voy a algún parque y estoy con algún amigo"
El tenista murciano aprovecha cada hueco que le deja el calendario para volver a El Palmar y recuperar la normalidad lejos de los focos

Carlos AlcarazED
Carlos Alcaraz vive desde hace años instalado en la élite del tenis mundial. Los títulos, los grandes escenarios y la atención mediática forman parte de su vida diaria, pero hay algo que no ha cambiado. Cuando tiene unos días libres, el murciano busca regresar a El Palmar. Allí, lejos del ruido que acompaña a cada torneo, encuentra una forma de desconectar y volver a sentirse como aquel niño que creció rodeado de los suyos.
No necesita demasiado para hacerlo. Un paseo, un parque o simplemente sentarse a hablar con un amigo. El propio Alcaraz lo ha explicado en alguna ocasión: "En mi pueblo intento no cohibirme de hacer nada. Salgo a pasear, voy a algún parque y estoy con algún amigo simplemente sentado, hablando con él".
Es una rutina sencilla, pero importante para el tenista. Después de semanas viajando y compitiendo, esos pequeños momentos le permiten cambiar de registro y recuperar una normalidad que el circuito profesional hace difícil mantener.
El lugar donde vuelve a ser 'Carlitos'
Alcaraz nunca ha escondido la importancia que tiene su origen en la persona en la que se ha convertido. Su infancia estuvo alejada de los grandes lujos y él mismo recuerda aquel periodo con naturalidad: "Vivía feliz y en un entorno cariñoso, sin grandes lujos". En distintos actos también ha insistido en una idea que parece seguir muy presente pese a todo lo que ha conseguido: "Yo he sido un niño más".
Quizás por eso El Palmar tiene un significado especial. Allí no está el tenista que acapara titulares ni el campeón al que se compara continuamente con las grandes leyendas del tenis. Está Carlos, el de siempre. O, como él mismo explica, volver al pueblo le sirve para "sentirme el Carlitos de pequeño".

No es sencillo encontrar esos momentos. El tenis ocupa buena parte de su vida y el calendario deja poco margen para desconectar. Alcaraz reconoce que el tiempo que puede pasar en casa es limitado y que, en total, apenas permanece un par de meses en El Palmar a lo largo del año.
Quiero pasar tiempo con mis amigos, con mi familia", ha señalado. Son precisamente esos planes cotidianos los que adquieren otro valor cuando la mayor parte del año transcurre entre viajes, hoteles, entrenamientos y partidos.
La presión de ser comparado con Nadal
El éxito también trae consigo unas expectativas que van más allá de los resultados. Las comparaciones con Rafa Nadal le han acompañado desde que irrumpió en la élite y su familia también es consciente de esa presión. Su madre lo resumió así: "La gente espera que sea como Rafa, una leyenda".
Alcaraz, mientras tanto, intenta mantener su propia forma de entender las cosas. En su documental también deja clara la importancia que concede a esos momentos lejos de las pistas: "A mí me gusta pasar tiempo en casa".
No se trata de alejarse del tenis, sino de encontrar durante unos días ese espacio en el que no todo gira alrededor de la competición. El descanso, los amigos y la familia forman parte de esa otra rutina que el murciano necesita para afrontar después los siguientes retos.