30 aniversario

Matías Camino, el entrenador sevillano que ha conquistado Japón: "Te pierdes muchas cosas, pero lo volvería a hacer"

Matías Camino, técnico de Ginés (Sevilla) que acaba de ser nombrado primer entrenador del Kagoshima Rebnise japonés, nos atiende ya desde sus merecidas vacaciones para contarnos su salto al país asiático, las enormes diferencias con España y cuáles son sus objetivos y referentes dentro del competitivo mundo del baloncesto

Alvaro ArenillasAlvaro Arenillas 22 min lecturaSin comentarios

Ya de vuelta a casa durante un corto periodo de tiempo –la nueva temporada arranca en septiembre–, Matías Camino saca un rato para charlar con ESTADIO Deportivo y contarnos cómo fue su salto desde Gines a Dinamarca y cómo está viviendo su nueva aventura en Japón, donde ha sido nombrado recientemente entrenador jefe del Kagoshima Rebnise tras un año en el país asiático

A sus 35 años pasa por ser uno de los entrenadores españoles con más proyección en el ámbito internacional y, si bien no descarta regresar el algún momento a España –ya estuvo en el Baloncesto Sevilla– cree que aún le queda mucho por demostrar muy lejos de su Gines natal mientras pone a toda una leyenda de los banquillos como Pedro Martínez como su gran referente. Sin más, le saludamos.

- Buenas Matías, ¿cómo estás?

- Matías Camino. Hola, buenas, muy bien, gracias.

- Lo primero, enhorabuena por tu nombramiento como primer entrenador en Kagoshima. ¿Era algo que te esperabas o ha sido más bien sorpresa?

- M. No, la verdad es que no se esperaba. Yo llevo muchos años en Dinamarca entrenando y el año pasado hice el cambio a Japón como ayudante de otro español, Fernando Calero, que llevaba ya dos años en Kagoshima, y este era su tercero, siempre con muy buenos resultados. No esperaba que fuera a pasar, hemos tenido una temporada buena, hemos conseguido los resultados... A Fernando le llegó una oportunidad laboral en un club de una categoría superior y el club valoró que yo pudiera ser una opción. Ya me sorprendió un poco el hecho de que me consideraran, y bueno, al final que me hicieran la oferta. Fue un poco una sorpresa. Yo tenía a priori la idea de pasar allí en Japón de ayudante unos años, y luego ver si era posible dar el salto a ser primer entrenador. La verdad que ha llegado muy pronto esta oportunidad, así que nada, muy contento.

- Volviendo a tus inicios, ¿te llega la pasión muy pronto por el tema del baloncesto o es algo que surge con el tiempo?

- M. Yo jugué fútbol como cualquier chaval de Sevilla, de España, y luego hice un poco la transición al baloncesto a raíz de alguna lesión que tuve. Dejé de jugar fútbol y la verdad es que empecé súper tarde... En primero de la ESO creo que fue. Lo jugaba porque mis compañeros de clase jugaban al baloncesto yo me metí ahí también. Digamos que empecé a jugar tarde y muy pronto a entrenar. Empecé realmente porque hubo un día que un entrenador tenía varios partidos y me pidió ayuda. Entré en un grupo de niños pequeños, me gustó la experiencia y decidí hacer el curso de entrenador. Comencé con 17 años y dejé de jugar a los 21, que ya me dediqué solo a entrenar. Fue un poco de carambola, nadie en mi familia jugaba al baloncesto ni había ningún tipo de relación con el deporte hasta que empecé yo. Luego mi hermano sí jugó también. Di un poco inicio a la historia del baloncesto en la familia.

- Lo que más sorprende de tu trayectoria es dar el salto desde Sevilla a Dinamarca. ¿Esa oportunidad también te surge en tu ámbito local?

- M. Eso surgió porque yo entrené al hijo de Rafa Monclova en minibasquet, aquí en Gines. Ahí Rafa y yo nos conocimos y coincidió que estaba buscando a alguien para que estuviera con él en Baloncesto Sevilla, en la cantera, en el Junior EBA, y habló conmigo en verano para que me fuera con él a trabajar allí. Yo también soy preparador físico, tengo la carrera de Ciencia del Deporte, y él quería a alguien con el doble perfil, que le ayudara un poco en la preparación física y que también hiciera el tema de entrenador ayudante. Pues ese año Rafa se va a Dinamarca, y a raíz de eso él me dice que a priori quería contar conmigo, pero cuando él tiene la opción de llevarme es algo tarde y me quedo un año más en Gines entrenando. Ya al año siguiente me vuelve a invitar allí a un campus de verano que hacían en Dinamarca, en el club de Forsson.

A raíz del campus ellos me hacen una oferta para estar en cantera allí, y luego además para ayudar a Rafa en el primer equipo. Entonces me fui por eso, porque otro sevillano que dio el paso antes que yo se interesó en llevarme. Por eso surgió la oportunidad. Supongo que le gustó cómo entrenaba a su hijo y la manera en la que llevaba el equipo, o alguna otra cosa que en la que se fijaría. La verdad que nunca se lo he preguntado.

- ¿Qué ha sido lo mejor y lo peor de esa aventura? Porque en tantos años te habrán pasado un montón de cosas...

- M. Estuve tres años, primero en Fordson. Luego volví a Sevilla, un poco con la intención de hacer carrera aquí en España y tal, pero fue el año de la pandemia, tuve puntería, justo el año que empezó la pandemia. Luego me salió una oferta para volver y ya fueron cinco años. Han sido prácticamente ocho años con la pandemia en medio, como un break, en Dinamarca. Lo mejor... Pues yo creo que el desarrollo que he tenido como persona y como entrenador. Al final tuve la suerte de caer en un sitio en el que, durante los últimos cinco años, me he podido desarrollar y he podido hacer el baloncesto que yo quería, el proyecto que yo quería, liderarlo. He aprendido mucho en el proceso. Me ha dado mucha madurez y como entrenador pues me ha ayudado a crearme un poco mi estilo.

- ¿Y lo peor?

- M. Pues lo de siempre. Cuando uno se va al extranjero pues te pierdes cosas. Te pierdes cosas de la familia, te pierdes cosas de tus amigos, pierdes un poco tu conexión con tu casa. Cuando vuelves a casa ya no eres tú, eres el que se fue. Y cuando vas al sitio que sea, no eres el que estaba allí, sino el que ha llegado. Entonces ya dejas de ser tú mismo y como que tienes esas dos personalidades en las que tienes que ir navegando. Pero bueno, yo creo que, si lo pongo en la balanza, ha sido una experiencia muy buena para mí. Lo haría otra vez. Me iría otra vez a Dinamarca, sin duda.

- ¿Y ya era hora de cambiar?

- M. Sí, yo llevaba ya cinco años en Holbeck y era el segundo sitio en el que estaba en Dinamarca. Desarrollamos un poco la academia durante esos años, subimos a la primera división. Cada año íbamos subiendo un escaloncito, cada año éramos más competitivos, cada año teníamos mejor estructura. El año pasado yo ya tenía la sensación de que en parte estábamos tocando techo y que ya iba a ser cada temporada un poco parecida a la anterior, intentar más o menos mantenernos en ese nivel. También empezaba a notar que a mí me faltaba un poco de chispa en cuanto a los retos del día a día, era un entorno que ya yo me sentía que controlaba muy bien y que ya si me quedaba allí iba a estar cómodo, iba a estar bien. Pero seguramente me acomodara en el sentido de llevar tantos años allí y que eso parase un poco la progresión. Tenía ganas de retos, tenía ganas de volver a ir a un sitio extraño en el que no controlo nada del entorno, en el que me cuesta trabajo comunicarme.

- Un nuevo reto pues...

- M. Sí, es un poco la sensación esa que tuve al principio cuando fui a Dinamarca, de que todo era nuevo. Y llega un punto que te vuelves un pelín adicto a eso también, cuando estás fuera, a tener esas nuevas experiencias y tal. Y por momento vital y por atractivo también del país, de la cultura y tal, pues a mí me interesaba mucho Japón como destino. Empecé pues a trabajar bastante en ese sentido. Fui en el FIBA Break que teníamos un par de semanas libres. Me fui unos días a Japón, intenté hacer networking allí, conocer gente y tal. Acabó saliendo la opción y yo notaba ya que me tocaba un cambio. Nosotros acabamos ganando además la Pro-B de Dinamarca, digamos, a lo máximo que nuestro club podía aspirar en cuanto a presupuesto y estructura.

Tomé la decisión en enero (de 2025), lo hablamos con el club y ellos lo entendieron. Y bueno, empezamos a trabajar también en la transición hacia mi salida para que se quedara también mi ayudante de primer entrenador. Queríamos que fuera una transición controlada y que no cambiara mucho con el tema marcharme. La verdad es que tomé la decisión sin tener trabajo asegurado todavía, pero tirándome un poco a la piscina a ver qué salía. El trabajo de Japón lo conseguí prácticamente en julio. Ahí pasaron unos meses de incertidumbre un poco duros, la verdad, pero salió bien.

- ¿Y te has adaptado bien? Porque Japón es algo así como otro planeta a nivel cultural.

- M. Yo creo que está bien haber pasado por Dinamarca porque es un buen término medio entre la pasión en España y un poco más la calma. Y el punto más calmado que tiene lo nórdico, más organizado, mucho más digamos cumpliendo las normas y tal. Creo que en eso se parece bastante a Japón. He encontrado muchas similitudes de los japoneses con los daneses. En cuanto a cómo se organiza la sociedad, el tema del respeto a las normas y tal. La verdad es que la transición ha sido más fácil de lo que pensé. Sí que la barrera comunicativa es bastante importante. Y en eso lógicamente se nota mucho la diferencia con España, con Dinamarca... Pero sí que me he adaptado bien. Creo que de hecho ha sido de las cosas que me ha permitido que ellos me consideren como primer entrenador es eso. Hoy piensan que mi adaptación ha sido bastante buena. Yo me encuentro cómodo. Es verdad que los primeros meses fueron muy estimulantes porque hay muchas cosas nuevas, todo diferente.

La verdad es que también me ha ayudado mucho ir con un entrenador español que lleva varios años. Yo he estado con Fernando Calero allí, que lleva un tiempo. Y la verdad que todo se hace mucho más fácil porque es una persona que controla mucho el entorno, la manera de relacionarse los japoneses con los demás. Lo aprecio mucho y ha sido bastante fácil gracias a él también, que lleva tiempo allí.

- En el plano técnico... ¿has necesitado cambiar tu metodología?

- M. Sí, hay que cambiar cosas. Al final, para empezar, los staff de allí, los cuerpos técnicos son larguísimos. Nosotros el año pasado éramos 11 personas en el staff, aparte del primer entrenador. Y claro, al final las tareas son muy concretas. Sin embargo, en Dinamarca el staff era muy corto y hay que hacer muchas cosas. Es una adaptación grande porque al final pasas de llevar una gran cantidad de tareas a llevar las tuyas concretas y tienes que ser muy bueno en eso. Y luego también hay que cambiar el tema de la metodología básicamente porque la gente no te entiende. O sea, tú tienes dos intérpretes, tienes que hablar a través del intérprete, tienes que buscar la manera de comunicarte con los japoneses, entender su estilo de comunicación, entender que con el cuerpo ellos no hablan, que no se toca tanto como se toca en España o en Europa en general. Tienes que intentar darle la vuelta un poco a la manera de llegarles.

También es importante el tema técnico-táctico. Ellos son muy disciplinados, siguen las normas, son jugadores que hacen lo que tú les digas, pero que luego solamente tienen un ritmo y que se dedican a ejecutar. Leen poco y ejecutan muy bien. Es una transición importante porque en Europa es todo lo contrario. Nosotros normalmente tenemos problemas con la ejecución y los jugadores sin embargo son muy buenos leyendo y muy creativos y tal. Allí sin embargo ellos siguen un poco la línea que tú marcas.

- ¿Y el nivel de los jugadores?

- M. Luego, lógicamente, los jugadores son más pequeños y los extranjeros son muy buenos. Al final los jugadores extranjeros son jugadores de muy alto nivel y tienes que equilibrar un poco ese local que igual es un nivel un poco más medio pero que en Japón lo consideran un nivel alto y tienes el nivel del que llega de fuera que es un nivel muy alto y bueno. Compaginar esos dos niveles de jugadores, sobre todo en el plano físico, yo creo que es lo más complejo de ahí.

- ¿Cuál es la mayor diferencia entre el jugador español y el japonés?

- M. La sociedad japonesa en general todo lo que hace intenta hacerlo con una atención máxima al detalle, con mucho cuidado. Es un tema cultural a nivel sociedad y eso se refleja fielmente en el baloncesto. Al final los jugadores le ponen mucha atención al proceso de cómo se hacen las cosas, sus rutinas, son muy de procedimiento, siguen el plan A, B, C, D y no se salta en ningún paso. Son jugadores muy metódicos y muy de proceso. Aquí, sin embargo, son un poco más creativos, más abiertos. Allí son muy de seguir el guion. Y esa quizás sea, yo creo, la mayor diferencia, aparte lógicamente del físico y aparte de los medios, porque allí los medios son mucho más grandes que los medios que tenemos aquí. Los sueldos están muy bien, las condiciones de entrenamiento por lo general están muy bien también. Y yéndote a la parte técnica puramente o la parte del jugador y tal, es todo procedimiento y hay muy poca flexibilidad a la hora de salirse del guion.

- Y de cara a la próxima temporada, ¿tienes ya marcado algún objetivo con el equipo? ¿Te han dicho más o menos cuál es el plan?

- M. Allí normalmente son ambiciosos, todos los clubes lo son, el mío también. Pero bueno, yo soy un entrenador que le gusta un poco basarse en el proceso. A mí me parece muy bien que marquen objetivos, que quieran entrar en play-off, que quieran ser competitivos y tal. Pero bueno, yo me planteo siempre lo mismo. Yo creo que soy un entrenador que lo que mejor hace es crear cultura, generar cultura dentro del equipo, del club. Creo que nosotros tenemos que generar primero una cultura que en el día a día nos haga crecer, tanto como entrenadores, como jugadores, como staff, como club. Y ese crecimiento normalmente te lleva a que los resultados vengan solos. Al menos esa es la experiencia que tengo en mi carrera. Creo que lo más importante es eso, el día a día.

Eso es lo que intento transmitirles a ellos, que tenemos que trabajar en el día a día y que los resultados vendrán. Pero bueno, como la marca que ellos nos han puesto de objetivo sería hacer play-off, que el último año se ha hecho y el año anterior también se hizo. Pues sí, la meta del equipo es esa, intentar entrar en play-off y competir. Este año lo hemos conseguido. Conseguimos la última plaza del play-off, el octavo. El año que viene cambia un poco porque la liga se aumenta en números. Son 26 equipos en lugar de 14. Y se cierran las dos ligas, tanto la primera como la segunda. No hay ascenso ni descenso. Ha cambiado un poco el panorama, pero seguimos con un objetivo parecido.

- Y en el plano personal, ¿cómo es el día a día de Matías Camino? ¿Es interesante la oferta de ocio?

- M. Kagoshima es una ciudad grande, pero no al nivel de las megaciudades como Tokio o Osaka. Es una ciudad de unos 600.000 habitantes. En estilo a Málaga, Alicante, una cosa así. Está cerca del agua también. Tenemos mar y la verdad es que hay muchas cosas que hacer, muchas cosas que ver. La naturaleza es impresionante. Tenemos playas muy bonitas. La parte de la costa es maravillosa. Y bueno, hay muchas cosas culturales que ver, que visitar y tal. La verdad es que yo no me aburro. Cuando acabo de entrenar y tengo tiempo libre, me gusta hacer diferentes cosas. Me gusta la fotografía, por ejemplo, bastante. Me voy a hacer fotos. También voy a correr. Me gusta explorar un poquito mientras corro y eso.

Tengo bastante hobby. A mí me gusta tener cosas fuera del baloncesto que me mantengan la cabeza un poco despejada. Porque si no, te vuelves un pelín loco con esto del deporte de élite. Disfruto el día a día bastante hay muchas cosas que ver y casi todo te llama la atención. Y luego la parte de la comida. Es una zona productora de comida, de té, de carne de vacuno, de carne de cerdo también. Y se come muy bien. El tema culinario allí es bastante interesante.

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