La NBA hace pasar por el aro a FIBA y Euroliga: aquí paz y después gloria
Tras un cuarto de siglo de ruptura en el baloncesto europeo, el proyecto de la NBA para el mismo lleva a la misma mesa a dos enemigos condenados a entenderse para sobrevivir

Andreas Zagklis, secretario general de la FIBA, y Adam Silver, comisionado de la NBA.IMAGO
Seguramente habrá muchos que si escuchan hablar de la Suproliga pensarán que este que escribe se ha pasado de frenada, pero es que no hay mejor punto inicial para sumergirse en el presente del baloncesto europeo. Tras demasiados años –ya 26– en los que el deporte de la canasta está partido en dos en el Viejo Continente, este se prepara para el que puede ser el paso más importante de su historia, uno auspiciado por la NBA y con dos 'enemigos' sentados a la mesa como FIBA y Euroliga que han captado y aceptado el mensaje del gigante estadounidense: aquí paz y después gloria.
No hablamos de imposición, ni siquiera de tener un lienzo preparado sobre el que ir dando trazos, pero sí de predisposición a ello. Es justo ahora, a finales de abril, cuando la Federación Internacional acoge a la NBA (con su director general en Europa, George Aivazoglou) y a la Euroliga (representada por Chus Bueno y Dejan Bodiroga) en su sede a las afueras de Ginebra. Es un encuentro amistoso, uno que abre una puerta que parecía cerrada con fuertes candados y que ahora se rompen bajo el proyectado amparo de la llamada NBA Europa –aún no tiene nombre–. Ilusiona, por supuesto. Es la gran oportunidad de poner fin a un conflicto de un cuarto de siglo que llevó a que en la temporada 1999-2000 hubiese dos campeones de Europa, el de la Suproliga (competición FIBA) y el de la Euroliga.

Más que un divorcio fue una independencia promovida por unos clubes que se sintieron ignorados por la FIBA y que tomaron su propio camino hasta el día de hoy, uno en el que los amantes de este bendito deporte estamos tan expectantes como ilusionados porque esa brecha que se ha hecho eterna se puede ir cerrando para dar lugar a un nuevo paradigma. Sí, hablamos de la opción de una competición que una a todos y que suponga el gran salto de un baloncesto europeo inmenso en carácter, talento y tradición, pero que jamás ha terminado de traducir tanto potencial en un torneo que aúne pasión y éxito comercial.
Por esa rendija es por la que se ha colado una NBA que como modelo de negocio es insuperable. Hace poco hablábamos de franquicias que se podían vender por cientos de millones de dólares, ahora lo hacemos de unos Lakers que han cambiado de manos por 10.000 millones. Los números son chocantes, pero aunque más de uno se quede en ello, en este momento hablamos de otra cosa, de poner las bases de una reconciliación que parecía impensable.
Chus Bueno y la bala esquivada con la Euroliga
Cuando la NBA anunció que tenia decidido desembarcar en Europa lo primero que todos nos preguntamos fue cómo. El deporte a este lado del charco tiene una base que choca frontalmente con el modelo de empresa global que supone el torneo estadounidense y sus franquicias; y por si faltase algo, la FIBA y la Euroliga casi no se podían ni ver. El miedo era lógico: ¿Volveríamos a tener dos grandes competiciones como en el año 2000?

En esos momentos la impresión era que todos saldrían (saldríamos) perdiendo. La NBA anunciaba su acuerdo con la FIBA tras ser rechazado su planteamiento por la Euroliga y los posteriores intentos de acercamiento tampoco fructificaron. Nos dirigíamos una vez más al desastre, pero en esas llegó el mes de enero y, tras ver a todos queriendo demostrar su fuerza –la Euroliga llegó a amenazar con ir a los tribunales–, todo cambió con la salida de Paulius Motiejunas y la llegada de Chus Bueno como CEO de la que es en el presente máxima competición continental.
Del tira y afloja, del pulso por ver quién sobrevivía, pasamos al gran diálogo. Chus Bueno, con pasado en las oficinas de la NBA, cayó como agua de mayo para una NBA que rápidamente le reconoció como una persona con la que dialogar y avanzar. La FIBA no puso objeciones y, por primera vez en demasiado tiempo, todos entendieron que quieren desembocar al mismo lugar aunque hayan elegido rutas diferentes.
Una meta marcada, pero con piedras en el camino
La FIBA es el punto central. No es quizás el organismo con más fuerza –sin duda es la NBA– ni el que tiene a los clubes de su lado –es la Euroliga en su mayoría–, pero sí el que debe dar equilibrio a la nueva competición. Número de equipos, cuántos serán fijos, dinero a poner sobre la mesa para participar, quiénes serán los inversores, el papel de las competiciones domésticas... Queda mucha tela por cortar de cara a tener finalmente el producto, pero para llegar a ello, para tener algo sobre lo que cimentar un futuro exitoso del baloncesto europeo, lo primero era querer (y se está queriendo).
¿Puede saltar otra vez todo por los aires? Existe ese riesgo, claro, pero pocas cosas se consiguen sin atreverse y, en este caso, el premio puede ser tan grande que merece la pena creer y apostar por ello. Porque sí, es una apuesta en la que Adam Silver ha ido de cara al asegurar a los interesados que hoy toca subirse al barco para recoger los beneficios a medio o más bien a largo plazo. Pero es que no hay otro camino y todas las partes lo han entendido para pasar por el aro. Ya lo hemos dicho un par de veces: aquí paz y después gloria.