30 aniversario

Los Knicks se llevan por delante a Victor Wembanyama con el 'palmeo de Dios'

A lo Diego Armando Maradona, los neoyorquinos completan la mayor hazaña nunca vista en unas Finales de la NBA para dejar sin respuesta al pívot de los Spurs, poner el 3-1 en la serie y acariciar su primer anillo de campeón en 53 años

Los Knicks se llevan por delante a Victor Wembanyama con el 'palmeo de Dios'

Victor Wembanyama, sufriendo ante la dura defensa de los Knicks.IMAGO

Alvaro ArenillasAlvaro Arenillas 6 min lecturaSin comentarios

¿Cómo contar lo que ha pasado esta pasada madrugada en el Madison Square Garden? Magia, locura, baloncesto, confianza, determinación... Cuesta encontrar las palabras porque digas lo que digas la sensación es que te quedas corto, pero justo por ello nos hemos lanzado a los brazos de la fe para resumirlo todo en el 'palmeo de Dios'.

Sí, los Knicks, ese equipo que parecía sumido en la desgracia por siempre ha firmado la mayor remontada nunca vista en unas Finales de la NBA. En una primera parte que evocaba justo a eso, a desgracia, han llegado a estar 42-71 abajo; es decir, hasta 29 puntos. Para cualquier otro equipo, y más teniendo delante a Victor Wembanyama, supondría despedirte de todo e irte a la cama, pero es que no hay otro corazón igual al neoyorquino y, en este caso, latió tan fuerte como para 'volar' por encima de lo natural a lo Maradona en México 86.

Porque estos Knicks tienen talento, físico, defensa... pero lo de esta noche no atiende a razones tácticas ni técnicas –ni a ninguna otra–. En una segunda parte para disfrutar una y mil veces, los de la Gran Manzana han traspasado la realidad para convertir cada jugada en una batalla de fe, una en la que San Antonio ha terminado temblando –esos dos tiros libres de Wemby al final...– y en la que los de Mike Brown, como tocados por algo inexplicable, mandaban un mensaje claro a cada instante: no sabemos aún cómo, pero vamos a ganar.

Brunson y Fox, como la noche y el día

Los hightlights no son amigo suyo, pero no por ello es menos súper estrella que cualquier otra. Jalen Brunson ha vuelto a hacer de la cancha su salón de juegos; tanto es así que se ha ido hasta los 36 puntos, 5 rebotes, 7 asistencias y 3 robos. Los números son tremendos, pero es que no se trata de eso, sino de golpear cuando más importa.

El base de los neoyorquinos, ya con el marcador apretado gracias a un triple clavado en la cara de Wembanyama, hizo una de sus clásicas jugadas para atacar la pintura y soltar un lanzamiento de esos que parece que van a cualquier parte, pero que acaban en la red. Mientras él, con el gesto serio que le caracteriza, no fallaba, al otro lado ni Wemby ni De'Aaron Fox daban con la tecla. La palma se la llevó el base de los Spurs, que tuvo la bola en sus manos para guardarla y esperar que le hicieran falta ganando de uno y a segundos del final, y se fue para el aro para llevarse un tapón de OG Anunoby –ahora hablamos más de él– y abrir la puerta a la puntilla.

OG Anunoby y el 'palmeo de Dios'

Ni estética ni nada por el estilo. Los Knicks no son bonitos, pero sí un quebradero de cabeza para cualquier rival. Cuando parece que vas a poder con ellos se levantan con vehemencia y ahí ya estás perdido. Por eso no sorprende que OG Anunoby fuese finalmente el héroe de la noche; un jugador que tiene todas las cualidades para jugar genial a esto, pero que en muchos momentos ha sido infravalorado.

Anoche, en el último suspiro y viendo volar el triple de Brunson, el jugador nacido en Londres se coló entre todo San Antonio para firmar el 'palmeo de Dios'. Ahora llega el Mundial de fútbol y recordar a Maradona es casi obligación. Pues resulta que el alero de los Knicks le hizo su particular homenaje con un palmeo que hizo explotar de jubilo a millones de personas en todo el planeta y que sirve para poner el 3-1 en las Finales a favor de los de la Gran Manzana. Más claro: una victoria más y serán campeones por primera vez en 53 años.

Wembanyama, al juicio final

Ya no le queda margen al gigante de San Antonio. Si tras el tercer partido sonreía, ahora le toca apretar los dientes y sobrevivir a un juicio final que se mide por tres partidos –si es que todos son necesarios– en los que siempre vivirá sabiendo que si falla es el final.

Pese a sus enormes capacidades atléticas y técnicas, la inexperiencia y falta de temple le están pesando en sus primeras Finales. Anoche fue el máximo anotador de los suyos con 24 puntos, pero sus minutos finales fueron muy pobres. Le anotaron en la cara, falló tiros y sobre todo erró dos tiros libres clave en el último minuto. El futuro es suyo, pero el presente le está golpeando con crudeza a través de unos Knicks que no perdonan una y que creen más que nadie en que este campeonato no se les escapa. Fe sí, pero también mucho baloncesto.

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