Óscar Puente, ante su propia vara de medir tras Adamuz y Urda: hace bueno a Ronaldo y olvida lo que le exigía en Valladolid
Óscar Puente exigió a Ronaldo Nazário liderazgo y responsabilidad cuando el Real Valladolid atravesaba sus horas más bajas. Ahora, tras los accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda en menos de un año, es el ministro quien debe responder por la gestión de su departamento. La responsabilidad política también exige asumir consecuencias

Óscar PuenteImago
En el fútbol, cuando el equipo no responde, el entrenador mira al banquillo. Busca una solución o cambia al que no está bien, pero hay partidos en los que el problema no se arregla con un cambio. Hay que mirar más arriba, revisar el planteamiento y preguntarse quién tomó las decisiones que llevaron al equipo hasta ahí. Porque hay derrotas que terminan costándole el puesto al entrenador, pero en política siempre parece quedar una última jugada para ganar tiempo.
La tragedia ferroviaria de Urda, en Toledo, no admite frivolidades ni comparaciones fáciles. Detrás de ella hay víctimas, familias destrozadas y una investigación que debe esclarecer lo ocurrido. Pero también hay preguntas que no pueden quedar sin respuesta y, precisamente por respeto a esas víctimas, el debate no puede quedarse únicamente en la mecánica del accidente. Sobre todo porque este es el segundo gran accidente ferroviario con víctimas mortales en menos de un año con Óscar Puente al frente del Ministerio de Transportes después del de Adamuz, en enero de 2026. Dos tragedias que obligan a examinar qué se ha hecho, qué ha fallado y qué debe cambiar para que no vuelva a suceder.
La investigación de Urda sigue abierta y no sería riguroso atribuir una responsabilidad directa en las causas del siniestro antes de conocer las conclusiones, pero la responsabilidad política va más allá de determinar quién cometió un error. También consiste en explicar qué ocurrió, revisar los protocolos y responder ante la ciudadanía. Y hacerlo sin convertir cada pregunta incómoda en un ataque que hay que despejar hacia la grada.
Aquí es donde las palabras de Óscar Puente sobre Ronaldo Nazário, cuando el brasileño presidía el Real Valladolid, adquieren una nueva lectura. El entonces alcalde de la ciudad fue muy crítico con la gestión de Ronaldo, al que reprochó su falta de presencia y liderazgo en un club que acabó descendiendo. "Cuando el líder no está o no muestra interés, es difícil que el resto lo haga", llegó a decir. Puente también cuestionó que el brasileño no asumiera su parte de culpa cuando las cosas iban mal. Ahora, salvando todas las distancias, porque un equipo de fútbol no es un servicio público y, sobre todo, un descenso no se puede comparar con una tragedia humana, aquella exigencia de liderazgo de Puente a Ronaldo vuelve a la memoria. La vara de medir que uno utiliza para juzgar a los demás también debería servir cuando le toca dar explicaciones desde el otro lado.
Después de Adamuz, Puente llegó a afirmar que la probabilidad de que se repitiera un accidente con características y consecuencias similares era "bajísima". Nueve meses después, España vuelve a lamentar víctimas mortales en otro siniestro ferroviario de enorme gravedad. Eso hace inevitable preguntar si las medidas adoptadas tras la primera tragedia fueron suficientes y qué garantías existen ahora.

En el fútbol, un entrenador no puede pasarse toda la rueda de prensa pospartido hablando del árbitro. Y un presidente tampoco puede escudarse siempre en el césped, el vestuario o el calendario. Puente conocía bien esa exigencia cuando juzgaba a Ronaldo. Ahora le corresponde demostrar que no era solo un argumento útil para criticar al brasileño. Un ministro no controla cada incidencia de una red ferroviaria, pero sí responde políticamente por la gestión de la misma.
Por eso, esta crisis pone a prueba la coherencia de Óscar Puente. Cuando la situación alcanza un punto crítico, no basta con señalar al árbitro, al césped o a quien cometió el último fallo. Hay que responder por el conjunto y asumir las consecuencias. Si Puente considera que el liderazgo obliga a dar un paso al frente cuando las cosas van mal, tiene la oportunidad de demostrarlo. Si, por el contrario, entiende que su continuidad es compatible con lo ocurrido, tendrá que explicar por qué. Pero entonces quedará en evidencia la contradicción entre lo que exigía a Ronaldo cuando las derrotas eran ajenas y lo que está dispuesto a exigirse a sí mismo cuando le toca dar la cara. Porque reclamar responsabilidades cuando uno señala desde la grada es fácil; asumirlas cuando se ocupa el banquillo es lo que distingue un discurso vacío de una convicción.