La sonrisa eterna de Fernando Huerta y su ejemplo para vivir
Cuando te faltaba muy poco para acabar la carrera de Periodismo, elegiste ser maquinista de tren para darle el verdadero sentido a tu vida. Con tu partida y la de las víctimas de la tragedia de Adamuz, la historia ferroviaria de España cambiará. Todos vosotros disteis la vida por nosotros y el país entero os debe el cambio

Fernando Huerta, en una de sus visitas como sevillista al Benito Villamarín.ED
Hoy es tu día querido Fernando. Hoy tu cuerpo volará pero lo hará para quedarte siempre en nuestros corazones. Por tu sonrisa infinita, por tu constancia a la hora de perseguir tus sueños y, sobre todo, por tu elegancia a la hora de vivir la vida. La misma que tenías jugando de lateral en el Alfonso Grosso, donde empezaste a darle a la pelota, y en el Centro Histórico, donde tuve la suerte de conocerte y entrenarte.
Sin un mal gesto hacia nadie, sin criticar a nadie. Siempre haciendo vestuario. Así has vivido y por eso has dejado tanta huella, amigo. Porque rebozabas felicidad y alegría allá por donde pisabas. Por eso te echaremos tanto de menos, hasta los que te veíamos ya de muy de vez en cuando por la calle. No quiero ni pensar ya la falta que les vas a hacer a los que vivían el día a día contigo.
Pero que nadie derrame una lágrima más por ti. Porque seguro que es lo que peor llevas desde allí arriba en esta semana tan dura que llevamos. Porque si en vida te dedicaste precisamente a contrarrestar todas nuestras penas, ahora que tu alma descansa debemos recordarte siempre de la misma manera, con tu sonrisa eterna. Porque te fuiste con una misión social cumplida y que salvará muchas vidas. Por mucho que nos cueste entenderlo, por muchas preguntas que nos hagamos y por muy injusto que sea para todos los que te hemos conocido. Pero hemos venido para esto.
Muchas veces en la vida nos preguntamos para qué estamos aquí. Para qué hemos venido si sólo sabemos sufrir, si este juego cada vez se pone más difícil a medida que pasan los años. Yo lo tengo claro desde hace algún tiempo. No hemos venido sólo a pasárnoslo bien. Hacer fortuna en nuestra cuenta bancaria y salir de fiesta no debe ser el objetivo de ningún ser humano en este mundo. Porque vinimos a él fruto del milagro que es la vida y durante el tiempo que estemos en ella debemos buscar mejorarla. Pero no sólo la nuestra, sino la de todos, como hizo Jesucristo.
Por desgracia, algunos se van sin saber siquiera cuál fue la labor social que hicieron en vida. Pero tú, seguro que lo supiste desde el principio, porque tú siempre has sido de los listos de la clase, pero sin querer llamar la atención. Por eso le diste un giro de guion brusco a tu vida cuando te faltaba muy poco para terminar Periodismo, algo que, como tantas otras cosas, se te daba tan bien. Elegiste ser maquinista de tren, te preparaste a fondo para ello, lo conseguiste y, aunque haya sido corta la experiencia, tu elección ha servido para cambiar este país en el que cada vez funcionan peor las cosas. Menos la calidad humana de sus personas.
Porque estoy seguro que no es casualidad que tu accidente se haya producido dos días después de la catástrofe ferroviaria en Adamuz. Porque ya no podrán mirar para otro lado y lavarse las manos diciendo que ha sido algo puntual. Aunque sean causas diferentes, el factor común es evidente. Porque tu vida y las de todas las víctimas de ambas tragedias han sido las elegidas por Dios para que España entera levante la voz y se mejore su red ferroviaria. Para que corra menos, pero lo haga de una forma más segura.

Buscarle el fin social a la vida debe ser el objetivo de todos nosotros. Con dinero o sin él. Tengas fe o no. No por ganarte el cielo, que si no eres creyente seguramente no creas en él, sino por darle el mejor sentido posible a tu existencia. Encontrar ese motivo social por el cual vivir, te hará vivir la vida de otra manera. Y, sobre todo, irte en paz. Ya sea cuidar a una simple persona con un gesto todos los días o velar por los intereses de todo un colectivo. Desde crear una ley que mejore la vida en sociedad hasta votar para que deroguen muchas otras que nos la complican, sin olvidarnos de proteger a la madre naturaleza, a la que muchas veces ignoramos. Búsquenlo en la vuestra y encuéntrenlo en la del prójimo. Y, entre todos, nos comprenderemos mejor.
Por todo esto, amigo Fernando, con sólo 27 años, te has ido por la puerta grande, como alguien como tú merece irse, por muy dolorosa que sea tu partida. Y estoy seguro que este país entero te recordará, o al menos tu caso, como aquel maquinista que dio su vida para mejorar la de todos nosotros. El Sevilla FC ya sabe que te tendrá de por vida con Puerta y compañía empujando desde el tercer anillo cuando las cosas se pongan más feas. Como lo hiciste ya frente al Athletic y como siempre lo hiciste viajando por tu otra gran pasión. Ese sevillismo en vena que derrochabas hasta en los momentos más complicados y que defendiste representando a la Peña Sevillista de Triana. Y por supuesto, sólo espero y deseo que ya estés sentado al lado de tu Esperanza Macarena, de donde ya nadie te podrá apartar.
Sirvan estas letras para brindarte mi más humilde homenaje y para que tus padres, Rafael y María José, tu hermana Celia, tu novia Marina y todos tus familiares y amigos encuentren parte de un consuelo que no será completo hasta que te volvamos a ver. Pero como uno sólo muere cuando es olvidado, estoy seguro que tú estarás para siempre entre todos nosotros. Descansa en paz, Huerta.