El Barça deja de ser un equipo catalán
La entidad blaugrana no ha emitido comunicado oficial alguno ni ha renunciado a sus orígenes de palabra, pero la confección de su plantilla (y los fichajes) hablan alto y claro. Ese barcelonismo de antaño ni se ve ni se vislumbra a corto plazo. El propio Xavi Pascual ha renunciado.

Juan Carlos Navarro y Jordi Trias, en el Barça del curso 2009-10.IMAGO
El Barça deja de ser un equipo catalán. Suena duro. Algunos puede que incluso tachen tal afirmación de broma de mal gusto, pero quien hoy escribe se ciñe a la cruda realidad, una que dictamina que la sección de baloncesto de la entidad blaugrana ha ido perdiendo poco a poco ese arraigo 'local' para abrirse a un presente que se mide por un solo jugador catalán en la plantilla, Joel Parra. Si, es para llevarse las manos a la cabeza.
El momento actual que vive el Barcelona poco o nada tiene que ver con la primera mitad del siglo XXI. Lejos de esos años en los que los que Juan Carlos Navarro, Roger Grimau, Jordi Trias, Victor Sada, Marc Gasol o el propio Ricky Rubio llevaban la voz cantante en el club, ahora nos encontramos con un núcleo sin apenas identificación y que está muy lejos de lo que siempre ha sido la filosofía del grande de la Ciudad Condal: la cantera.
Hablamos de resultados, pero también de sentimiento. Con más o menos razón, en el Palau Blaugrana (como en el Camp Nou) se han vanagloriado de que ahí jugaban sus chicos. Por supuesto había piezas foráneas –en muchas ocasiones auténticas estrellas–, pero el núcleo, la matriz, el alma... eran de casa (o del pueblo de al lado).
Los títulos hablan por sí solos
Cualquier tiempo pasado fue mejor, al menos con este Barça. Lejos de tirar de literatura u otros recursos efectistas, en este momento toca ceñirse a los datos, esos que dicen que entre los años 2000 y 2010 se sumaron 10 títulos –incluidas las dos Euroligas del club–, mientras que desde 2011 al presente han sido 11; es decir, cinco años más para un título más. Exacto, las cuentas no salen.

Porque no todo es talento. El Barcelona de hoy día tiene buenos jugadores, pero por muchos momentos –casi a diario– parece descabezado. Ya no es que falte un líder, que también, sino que la mayoría parece estar de paso o no tener demasiado interés en realmente marcar una época. Y posiblemente no sea culpa de ninguno de ellos, sino del propio caminar de una entidad que no ha sabido perpetuar ese catalanismo-barcelonismo.
El batacazo con Xavi Pascual
El Barça ha querido volver atrás, pero no ha podido. Tras la certificada debacle con Joan Peñarroya (y algunas más), Joan Laporta toco arrebato para llamar a Xavi Pascual, uno técnico reconocidamente culé y hacedor de uno de los mejores Barça de la historia. Pues ni por esas.
Si al firmar su contrato muchos le vieron como el salvador de un equipo que iba a la deriva, el paso del tiempo ha demostrado que ese equipo tan añorado no va a volver, al menos no de un día para otro. El de Gavà llegó bajo el convencimiento de que otro Barcelona al estilo del que dejó era posible, pero el desencanto ha superado con creces cualquier atisbo de ilusión; tanto es así que meses después de anunciar su llegada comunicaba que se iba.
¿Crisis del baloncesto catalán o español?
Llegados a este punto cabría preguntarse: ¿Qué grandes jugadores catalanes hay en el universo baloncesto que no están en el Barça? Pues ahora vamos con los nombres, pero ya os digo que muy pocos. Joel Parra, internacional por España, es un fijo en la plantilla. Tras él, y con calibre azulgrana, está Ricky Rubio... y deja de contar. Jaume Sorolla o Pep Busquets son buenos, pero no tanto.
¿Ha fallado la cantera del Barça o el presente del baloncesto español es así? Apostemos por lo segundo. Tras una generación de jugadores de ensueño –muchos de ellos catalanes–, ahora España está en plena reconstrucción, tal y como ha explicado en varias ocasiones el seleccionador Chus Mateo. Obviamente es algo cíclico. Justo en el Palau esperan ya a un tal Jan Cerdán de tan solo 16 años que parece llamado a hacer grandes cosas.
Lo mejor que puede hacer el Barcelona es recordar su pasado con alegría, pero de igual modo sin olvidar que su seña de identidad ha sido tener en el vestuario a gente de la casa, esa que conoce lo que se cuece y que puede dar una voz (o una canasta) cuando más hace falta. Y no, no se trata de correr, solo de tener claro a dónde se quiere llegar.