El Girona sale del descenso gracias a un gran Tsygankov que continúa de dulce

El triunfo ante el Mallorca permite al Girona abandonar los puestos de descenso 133 días después, reforzar la moral tras meses de sufrimiento y agarrarse a un inicio de 2026 que devuelve confianza, liderazgo ofensivo y la sensación de que la reacción ya no es solo un deseo, sino una realidad tangible dentro del equipo de Míchel

El Girona sale del descenso gracias a un gran Tsygankov que continúa de dulce

Tsygankov, faro del GironaCORDON PRESS

Pablo RivasPablo Rivas 5 min lecturaSin comentarios

Había demasiadas cosas en juego como para que fuera una victoria más. El Girona necesitaba empezar 2026 con algo que se pareciera a una señal y la encontró en Son Moix. Tres puntos de enorme valor, conquistados en un estadio históricamente complicado y, sobre todo, una salida del descenso que llevaba 133 días enquistada. El calendario marcaba 4 de enero, pero para el equipo de Míchel fue casi un punto de inflexión emocional tras cuatro meses de desgaste continuo.

Desde aquel 5-0 en La Cerámica que lo empujó a la zona roja en la segunda jornada, el Girona había convivido con la urgencia. Esfuerzo, sacrificio y una sensación permanente de estar siempre a contracorriente. Por eso, asaltar Son Moix por primera vez en Primera división tuvo un valor simbólico añadido: permitió al equipo dormir fuera del descenso por primera vez desde agosto y mirar la clasificación con algo de aire. Con 18 puntos, los rojiblancos se sitúan decimoséptimos, empatados con Mallorca y Real Sociedad, y dos por encima del Valencia, equipo que abre el descenso.

Un triunfo que limpia la cabeza

“Empezar el 2026 con victoria nos da más confianza”, anunció Míchel tras el partido. El mensaje no era solo una frase, el técnico sabía que su equipo necesitaba verse recompensado después de tanto insistir sin premio. En Palma, el Girona fue reconocible, competitivo y eficaz cuando tocaba. Supo golpear y resistir, dos virtudes que habían faltado en demasiados partidos anteriores.

El encuentro se decantó gracias a la dupla ucraniana. Tsygankov abrió el marcador tras una acción bien elaborada y Vanat amplió la ventaja desde el punto de penalti en la segunda mitad. El gol final de Muriqi apretó el desenlace, pero no cambió la sensación de control general de un Girona que gestionó mejor los momentos clave.

Tsygankov, el faro en plena tormenta

La salida del descenso no se entiende sin Viktor Tsygankov. El extremo ha dado un paso al frente cuando más lo necesitaba el equipo. Tres goles en los dos últimos partidos a domicilio y tres de los últimos cuatro tantos del Girona llevan su firma. En un contexto marcado por la baja de Azzedine Ounahi y la necesidad de redistribuir liderazgo, el ucraniano ha asumido responsabilidades sin titubeos.

Su influencia va más allá del gol. Pide el balón, interpreta mejor los tiempos y eleva el nivel competitivo del bloque. En Son Moix se le vio cómodo conectando con Lemar, un socio poco habitual hasta ahora, y su entendimiento con Vanat ha dotado al ataque de una contundencia que había escaseado. Ambos comparten el liderazgo goleador del equipo con cuatro dianas, un dato que refleja el peso del acento ucraniano en la reacción rojiblanca.

Montilivi espera y el calendario aprieta

La victoria llega en un momento clave. El Girona cerrará la primera vuelta ante Osasuna en casa, donde se espera un Montilivi volcado tras semanas de tensión acumulada. A partir de ahí, el calendario no concede tregua: Espanyol, Getafe, Real Oviedo, Sevilla y Barcelona marcarán un tramo decisivo para confirmar si la salida del descenso es definitiva.

En paralelo, el club trabaja en el mercado. La posible marcha de Dominik Livakovic obliga a buscar soluciones en la portería y el nombre de Marc-André ter Stegen ha aparecido sobre la mesa, aunque las limitaciones salariales complican una operación que el Barça quiere resolver con condiciones exigentes.

Con esta victoria, la segunda equipación, de color amarillo, se ha convertido casi en un amuleto: el Girona no ha perdido con ella, sumando tres empates y tres victorias. Detalles que, en una temporada tan castigada, también ayudan a construir confianza. El equipo sigue lejos de la comodidad, pero ha encontrado señales a las que agarrarse. Son Moix fue una de ellas. El 2026 empezó con luz y, por primera vez en meses, el Girona siente que el trabajo da sus frutos.