La llamada de Arrasate que cambió la vida de Virgili en Mallorca: "Espabila que te quiero aquí el sábado"
Jan Virgili, extremo del RCD Mallorca, repasó su meteórico salto desde el juvenil del Nàstic y su etapa en el FC Barcelona hasta debutar en Primera división con Jagoba Arrasate. En el proceso recuerda la llamada que le llevó a Son Moix, su estreno en el Bernabéu y su adaptación al vestuario bermellón

Virgili habla del MallorcaIMAGO
El fútbol de élite acostumbra a exigir paciencia, pero en el caso de Jan Virgili todo ha sucedido a una velocidad poco común. En apenas año y medio, el atacante pasó del juvenil nacional del Nàstic de Tarragona a pisar escenarios de Primera división con la camiseta del Mallorca. Ese recorrido, que todavía está asimilando, fue el eje central de su conversación en el podcast 'Endemoniats', donde desgranó decisiones, renuncias y oportunidades.
La llamada que lo cambió todo
El punto de inflexión tuvo nombre propio: Jagoba Arrasate. El técnico fue directo y determinante en el proceso. “Me llamó y me dijo: ‘espabila que te quiero aquí el sábado’”, relató el jugador sobre el primer contacto, que se produjo días antes de la gira de pretemporada en Austria. La contundencia del mensaje inclinó la balanza en un verano en el que el extremo manejaba otras ofertas, incluso del extranjero.
Virgili reconoció que, aunque el director deportivo también se reunió con él en Barcelona, fue la conversación con Arrasate la que terminó de convencerle. El proyecto deportivo y la posibilidad real de competir en Primera división pesaron más que el nombre o la dimensión de otros destinos.

De 'La Masia' a Son Moix
Antes de aterrizar en Palma, el atacante vivió una etapa formativa en Barcelona, donde coincidió con futbolistas que hoy forman parte del primer equipo azulgrana. Aquella experiencia, explicó, le permitió crecer en exigencia y entender mejor el ritmo del fútbol profesional.
Tras no entrar en los planes de pretemporada con el primer equipo culé, la llamada del Mallorca supuso una puerta abierta. “Yo me hubiese quedado, porque estaba en el Barça, pero cuando me llamó Jagoba pensé que si jugaba en Primera división y podía demostrar que estaba preparado era un gran salto”, admitió.
El salto fue inmediato y simbólico: su debut se produjo en el Bernabéu ante el Real Madrid. “No me lo creía, parecía que estaba jugando en la PlayStation”, confesó sobre aquel estreno que confirmó que su progresión ya no tenía marcha atrás.
Adaptación y vestuario
En Palma, el extremo asegura haberse sentido arropado desde el primer día. Destacó su sintonía especial con Samu Costa y su entendimiento en el campo con Vedat Muriqi, principal destinatario de tres de sus cuatro asistencias esta temporada.

Aunque todavía no ha marcado en LaLiga, no muestra ansiedad. “Es una ilusión que tengo, creo que llegará. Mientras pueda ayudar provocando penaltis o dando asistencias… el gol cuando menos te lo esperas llega”, explicó.
Ese enfoque pragmático se traslada también a su vida diaria. Instalado en Palma junto a su hermano, admitió que preferiría tener cerca a sus padres, con quienes sigue tomando las decisiones importantes de su carrera.
Un recorrido con curvas
Virgili no esquivó los capítulos más delicados de su trayectoria. De niño pasó por la cantera del Espanyol, donde fue descartado. Más tarde, en el Damm, fue expulsado por problemas de actitud. “No me avergüenzo de decirlo, fui a un psicólogo que me ayudó mucho a controlarme y hacerme más fuerte emocionalmente”, reconoció.
En el Nàstic encontró estabilidad y rendimiento goleador antes de dar el salto definitivo al Barcelona. Aquel proceso, asegura, fue el que le permitió madurar futbolística y personalmente.

Mirando al presente
Ahora, ya asentado en la dinámica del primer equipo mallorquinista, el extremo asume que la permanencia es el objetivo inmediato y pidió el apoyo de la afición para el próximo compromiso de Liga.
“Este año y medio ha sido lo que ha hecho que sea futbolista. Todo ha ido muy rápido y todavía no sé si soy consciente de dónde estoy”, reflexionó.
Entre la ilusión del presente y la prudencia del que sabe lo difícil que es consolidarse, Jan Virgili vive el momento sin perder perspectiva. Su historia reciente demuestra que, en el fútbol moderno, una llamada puede cambiarlo todo.