Bellingham, sin palabras, comparte un poema: "Este da justo en el clavo"
El '10' de Inglaterra rompe su silencio tras la eliminación a manos de Argentina en la semifinal del Mundial: "Me ha costado encontrar las palabras adecuadas"

Bellingham aplaude a la grada inglesa en el choque ante Argentina.Imago.
La selección inglesa, los jugadores y la afición sigue digiriendo la dura derrota en las semifinales del Mundial ante Argentina en el tiempo de añadido después de que los hombres de Thomas Tuchel fueran capaces de adelantarse en el marcador mediante el gol de Gordon en la segunda parte.
Son varios los jugadores que sí se han pronunciado como el capitán Harry Kane o incluso el hombre señalado como el gran culpable de la derrota, el seleccionador Thomas Tuchel, pero el último en hacerlo ha sido otro de los referentes del vestuario de los 'Three Lions' como es Jude Bellingham.
El futbolista del Real Madrid ha tardado dos días en romper su silencio y lo ha hecho para compartir en sus redes sociales una larga nota, escrito en verso, que les ha dejado el chófer de su autobús durante su estancia en Kansas.

"Me ha costado encontrar las palabras adecuadas para describir lo vivido (contra Argentina) y en las últimas semanas, pero este mensaje de nuestro conductor en Kansas da justo en el clavo", escribió el '10' de Inglaterra las palabras del conductor Michael Chandler.
"Gracias por el apoyo increíble desde casa y a quienes gastaron el dinero que tanto les costó ganar para viajar a Estados Unidos y apoyarnos. No dejemos que la unidad y el amor que hemos visto en nuestro país terminen con esta campaña. Cuando estamos unidos, podemos lograr grandes cosas... ¡Y lo haremos! Los quiero", dijo el inglés, que mostraba también la foto del escrito del conductor.
El poema de Michael Chandler a Inglaterra
"El León no se jacta a viva voz, ni busca la alabanza de la multitud.
Sabe que el rugido que estremece la noche nace cuando el miedo se enfrenta al poder.
La lucha no es solo contra el enemigo; el terreno de juego más verdadero es desconocido.
Antes de que un pase sea ejecutado con gracia, el corazón debe haber ganado su carrera.
Porque la fuerza es más que velocidad, o clavar firmemente cada taco.
Vive en la voluntad de hierro, para volver a escalar la colina más empinada.

El cuerpo se cansa. Los pulmones se oprimen. Las piernas se pesan en la lucha.
Sin embargo, las mentes firmes se niegan a retroceder, y levantan a los cansados.
La resistencia es una amiga fiel, que camina a tu lado hasta el final.
Mientras otros ceden ante el dolor, ella susurra: 'Mantén tu posición'.
La mente astuta supera a la fuerte, que corre con furia todo el día.
Un pase paciente, un paso mesurado, vencerá para siempre la prisa temeraria.
El halcón puede divisar el campo desde arriba, el león vence por amor inquebrantable.
De cada movimiento, de cada carrera, donde muchas mentes se unen.
Porque la táctica no son trucos ocultos, sino sabiduría afilada en el campo.
Saber cuándo presionar es lo correcto y cuándo la moderación es el camino.
La tormenta puede rugir. La multitud puede llorar. El marcador puede negarse a alcanzar el cielo.

Sin embargo, nada de esto domina el alma cuyo propósito gobierna cada meta.
Ningún árbitro puede robarte tu elección. Ninguna canción hostil puede ahogar tu voz.
El mundo puede temblar, la noche puede arder, tu respuesta moldea el giro final.
Inglaterra lució tres leones brillantes, no persiguiendo la luz fugaz de la gloria.
Buscaban, en cambio, un premio más noble: dominarse a sí mismos ante los ojos de los hombres.
Confiaron en pies que los años forjaron, en mentes que la calma templó; confiaron en corazones inquebrantables, aun cuando el final se acercaba a cada instante.

Un movimiento perfecto, un pase desinteresado, un momento nacido de innumerables esfuerzos; la red cedió, la multitud estalló, y un rugido atronador recorrió a amigos y rivales.
La victoria pertenece a aquellos que se dominan a sí mismos antes de la batalla, ganando así un nombre más grande que quienes simplemente juegan el juego.
Sonó el silbato, la contienda terminó; la misión de los 'Tres Leones' se había cumplido.
La victoria era el resultado, alzando el oro para siempre; pero el mayor triunfo, evidente a la vista, fue el sereno dominio de sí mismos.
Pues los trofeos se empañan y las multitudes callan; el tiempo mismo perdura más allá de toda destreza.

Pero aquellos que gobiernan tanto el corazón como la mente dejan atrás el miedo y la duda.
Así pues, recorre el antiguo camino del León y lleva con calma cualquier carga; afronta cada prueba con firmeza y lealtad, dejando que la disciplina sea tu fortaleza.
Porque la fortuna no favorece a los estridentes ni corona siempre a la multitud más numerosa; a menudo camina junto a aquel que ha ganado su batalla más difícil, no en el campo bajo los focos, sino en lo más profundo de su ser, en noches de insomnio.
Y cuando suene el silbato final y la victoria alce sus alas doradas, se escuchará el rugido más auténtico: el de un alma fortalecida, un alma segura".