Perico Delgado, excampeón del Tour: "Hasta el 83, los franceses nos trataban fatal, creían que éramos unos vagos, lo peor. Los españoles nos sentíamos ciudadanos de segunda"
El exciclista segoviano rememora sus inicios y cómo sus triunfos y los de otros grandes mitos del deporte español cambiaron la visión que se tenía de los españoles

Perico Delgado, en el BanestoImago
Aunque parece que de los grandes mitos del deporte español lo conocemos todo, siempre sorprenden. Y eso que Perico Delgado, al seguir en boga tras su retirada, se ha hablado en multitud de ocasiones. Más las entrevistas que ha concedido él como exciclista y como comentarista de RTVE.
Por si fuera poco, también ha sacado cuatro libros en los que ha ido desgranando otras vivencias que recodaba de su etapa de ciclista, algunas más conocidas y otras más personales. Así, se supo que su padre quería que estudiara y dejara la bici o que la supuesta rivalidad con Miguel Indurain era un mito, ya que él y el navarro eran y siguen siendo muy buenos amigos. De hecho, Perico sólo tiene palabras de cariño para el ciclista de Villaba, del que dice que es "muy buena persona" y "un caballero".
Hace tres años sacó su último libro, que se llamó 'La Soledad de Perico' y en él hablaba de algunos episodios vividos en su carrera de los que había hablado poco. Sobre algunos de ellos habló tras la presentación del libro en una entrevista con El País, así como de otros que vienen a cuento esta semana tras el triste fallecimiento de Ángel Arroyo, el ciclista que acabó con el 'racismo español' en el Tour.
Así lo cuenta Perico Delgado, quien vivió en sus inicios ese trato vejatorio en el país vecino. "Los españoles nos sentíamos ciudadanos de segunda, creíamos que lo mejor era lo de fuera. Ese halo todavía sigue existiendo. Como yo era rebelde, no me importaba ir a descubrir lo desconocido, pero otros preferían no corren en Francia. Tampoco había mucha necesidad de competir fuera en nuestra época, porque había un programa de carreras en España durante todo el año. Estabas de febrero a septiembre sin parar", señala sobre la situación que se vivía a principios de los ochenta, cuando el ciclismo era uno de los deportes más vistos por los españoles.
En el 83 'descubrieron' a Ángel Arroyo
Esto lo cambió Arroyo en parte, que con su segundo puesto en el Tour de Francia logró captar la atención de los aficionados españoles y frenó el maltrato de los galos. "Ese sentimiento conseguimos cambiarlo en el ciclismo en el Tour de 1983. En lo que respecta al resto de España, lo cambiamos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. En el deporte nos ganamos el respeto, pero a los trabajadores les costó más. Si tú emigrabas a Suiza a trabajar, era muy dura la vida. Si eras español, se daba por sentado que éramos unos vagos y que solo íbamos a ganar dinero. Creían que éramos lo peor. Cambiarle esa mentalidad a los extranjeros y a nosotros mismos costó unos años", reflexiona el segoviano.
Desde entonces, en Francia, todo ha cambiado mucho. Los españoles hemos ganado hasta diez veces el Tour desde que lo ganó el último francés. Y hasta 21 veces hemos levantado la Copa de los Mosqueteros desde que Noah ganara Roland Garros, precisamente, en 1983.
"La referencia en esos momentos era Ángel Nieto por todo lo que hizo en las motos. Con Severiano Ballesteros, con Miguel Induráin y conmigo hubo poco a poco un cambio de mentalidad. Estaba el Real Madrid, que había ganado muchas Copas de Europa, pero la Champions no tenía la misma envergadura... La situación que vivíamos en el extranjero era muy desagradable", recuerda Perico Delgado.
Perico Delgado quería una bici para bañarse
Delgado ha hablado en más de una ocasión de ese desprecio que había hacia lo español en aquella época, aunque pocas veces d euna forma tan cruda. Sí lo ha hecho más veces de cómo empezó a competir, de cómo se aficionó al ciclismo y de cómo logró que le compraran su primera bicicleta.

Aunque en realidad él la quería... para ir a bañarse al río. "Yo quería ir al río con mis amigos. Poco a poco, todos los padres les fueron comprando bicicletas y con ellas se iban al río, que no está muy lejos de Segovia, como a tres kilómetros, pero andando era mucho rato y yo me quedaba solo en el barrio. Mientras ellos se bañaban yo vi la victoria de Ocaña pasando por delante de un bar. Soñaba con tener una bici, pero en mi casa no había más que necesidad", recuerda.
Eso sí, en cuanto tuvo una supo que estaba hecho para eso. De hecho, reconoce que muy pronto vio sus aptitudes para el ciclismo. "Desde el primer momento -se dio cuenta de sus cualidades-. El ciclismo es muy físico y se nota rápido. Desde las primeras carreras venía gente a decirle a mi entrenador que yo tenía madera de campeón. Menos mal que ahí estaba mi padre, como contrapeso, que me recordaba que del ciclismo no vivía nadie. Y era verdad, sobre todo en una ciudad pequeña como Segovia, en la que la mayoría eran campesinos o funcionarios. Ser ciclista en Segovia era una cosa exótica, nadie daba un duro por mí. Pero, bueno, tenía una condición física que me permitía ir a carreras por España y, después, a Francia", reconoce un Perico Delgado al que ni las inquietudes de su padre pudieron frenarle.