El análisis del Girona-Betis: Pellegrini altera la ecuación en modo genio e Isco la resuelve
El Ingeniero tocó en el descenso lo que nadie habría tocado para liberar el Betis de la versión que le ha frenado y permitió, ya con Isco a los mandos, liberarse y maximizar sus recursos
La ecuación cambia radicalmente cuando Pellegrini recupera su brillantez desde el banquillo e Isco regresa para agitar su varita de forma inmediata. La vuelta del mago resultó decisiva, pero antes el técnico ya había revertido la discreta imagen del Betis en la primera parte con movimientos que nadie entendió hasta que se percibió el resultado.
Se pasó de un Betis apagado, solo a chispazos, el de los siete partidos sin ganar, al Betis dinámico, letal, capaz de maximizar sus argumentos para imponerse sin la sensación de demasiada parafernalia. Pellegrini tocé donde tenía que tocar, lo que nadie habría tocado, y los 'buenos' hicieron el resto.
Lo Celso de inicio y con Fornals de Antony
Así las cosas, la entrada de Lo Celso en el once propició un dibujo definido sobre el césped, con un 4-2-3-1 con matices por los roles implementados y la intención de combinar profundidad con capacidad asociativa al elegir a Fornals para ejercer de Antony, por lo que el desborde tendría que recaer principalmente en el costado zurdo con Abde.

Con el castellonense, Pellegrini pretendía ganar en juego interior en los últimos metros al juntar después de mucho tiempo a dos de los futbolistas más talentosos de la plantilla. Además, para no perder empuje en el flanco por la tendencia al centro, le entregó el carril al ímpetu de Aitor Ruibal, si bien en la práctica el catalán apenas percutió, lo que limitó considerablemente el efecto buscado por el chileno.
Tanto talento entre líneas redujo la carga de trabajo de contención, lo que trató de compensar con un doble pivote de hormigón con Amrabat y Marc Roca, con la novedad de que el de Villafranca se descolgaba en ataque más de lo habitual. Esta licencia le permitió estar la frontal del área para marcar el empate, pero también lastró a los verdiblancos sin balón.
Un agujero entre el centro del campo y la defensa
Porque desde el principio se percibió un desajuste entre el centro del campo y la defensa que concedió demasiadas facilidades a los locales para plantarse en los aledaños de Valles. Había un agujero en la medular por ausencia de cohesión y de contundencia que Pellegrini no terminaba de corregir y provocó que en la primera parte el Girona se plantara muchos minutos en el campo de un Betis que arrancó con ímpetu, pero no tardó en entregarse a las salidas a la contra.

De hecho, Pellegrini apostó desde el principio por transiciones rápidas, con desmarques de ruptura, especialmente del Cucho, auténtico eje de la ofensiva heliopolitana a tenor de que Lo Celso y Fornals apenas se entendían con la consecuente desaparición del flanco derecho y la multiplicación de ayudas para tapar por la izquierda a Abde, activo a fogonazos. Fallaban las conexiones en las dos facetas y se percibía una pasividad que quizás no era tal, pero existía esa sensación sobre todo en la recta final de la primera mitad.
Pellegrini sorprende con los relevos tras el descanso y cambia la cara bética
Tras el descanso, Pellegrini introdujo un cambio sorprendente, al entrar Bakambu por Cucho, el factor más desequilibrante en la primera parte, y también dejó en el banquillo a Lo Celso por Riquelme, que al contrario de lo habitual, partió desde la diestra. Por ende, Fornals pasó al centro.

Y lo cierto es que el Betis mejoró considerablemente, con un menor encorsetamiento y más suelto arriba, posiblemente por la aportación de un Fornals más liberado que conectó con Abde y explotó su llegada desde atrás. Además, como había hecho Cucho, Bakambu ofreció muchas líneas de pase y rompió para regalar el segundo gol al marroquí. Quizás Pellegrini sabía algo que los demás no, pero el acierto fue total.
Isco puso la puntilla
Esta mejoría, deslucida por las desaplicaciones en la contención que terminaron con el empate, se pronunció con el regreso de Isco, que exprimió el repunte de Abde para que Riquelme culminara su genialidad. Talento y mano de entrenador para recuperar la versión del Betis dañino y vertical que exprime sus recursos y para amortiguar las carencias, en este caso en la contención, por lo que en la recta final apostó por doblar el carril zurdo.