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Odio al Real Betis

Ha dejado de ser ese equipo simpático para toda España, con un capitán delirante al que se le pide antes un chiste que una valoración del partido, aunque mantiene la fe incondicional de los suyos, que no aman por igual a unos y otros... si es que eso fue alguna vez posible

Óscar MurilloÓscar Murillo
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Odio al Real Betis
Joaquín Sánchez, capitán de los verdiblancos, con el astronauta y ex ministro Pedro Duque, rodando 'El Novato'. - A3Media

Casi todo lo que salió de la pluma de Juan Carlos Aragón Becerra (QEPD) era para enmarcar. Se puede estar más o menos de acuerdo con un tipo, un acompañamiento musical o la elección de un instrumento o un componente de la agrupación, pero ha dejado un legado eterno e inmenso de pura poesía para los amantes del Carnaval de Cádiz. Se atrevió en sus inicios con dos coros, pero estaba predestinado para revolucionar otras dos modalidades. Para empezar, la chirigota, a la que fue abandonando y volviendo por el respeto que siempre le profesó, con su estreno en el capítulo de los primeros premios del COAC en 1999 con 'Los Yesterday'. Después, la comparsa, sobreviviendo como el niño travieso que no sólo no participaba de la pugna Antonio Martín-Antonio Martínez Ares, sino que rascó lo que pudo de los rescoldos de aquella batalla dialéctica, fichando a lo Florentino Pérez a lo mejor de lo mejor cuando estuvo en el mercado (Subiela y Carli). Siempre innovando, transgrediendo, pisando suelo frágil.

Lo rozó con 'Los Condenaos' en 2001, pero llegaría ya una etapa de éxito tras éxito ('Los Ángeles Caídos', 'Araka la Kana', 'Los Millonarios' y 'Los Mafiosos'), de codearse con los mejores y apenas tentar el cajón. Lo de 'Er Chele Vara', su penúltima puesta en escena antes de fallecer en 2019, fue una gota en el mar de los triunfos. Le cansaron y se fue, pero volvió. Ya entonces, cuando tuvo que cambiar el Falla por otros teatros y escenarios de Andalucía, se dio cuenta de que ese tipo bohemio y filósofo de La Laguna, ese divertido juntaletras que cantaba a La Caleta, caía cada vez peor, levantaba más ampollas con sus letras. Molestaba, en definitiva. No se callaba nada. No tenía sagrados intocables. Nunca los tuvo, en realidad, pero ahora ganaba. Los perdedores caen más simpáticos. Quizás por parte de ese lado oscuro de su tierra con el que nunca casó. Así lo explicaba en el único pasodoble en español y no en su italiano inventado de 'La Serenissima' (2012): "Ésa es la mitad de Andalucía de la que, como andaluz, yo maldigo y reniego (...) Que la mitad de mi gente saca los dientes todos los días / Y por culpa de la otra tenemos rota Andalucía".

El Real Betis Balompié, salvando mucho las distancias, está viviendo en sus carnes estos días el 'fenómeno Juan Carlos'. Precisamente cuando la bonanza deportiva y la calma institucional se imponen a episodios dignos sólo de recopilatorios trasnochados de Movistar Plus, toca dejar de reír las gracias al equipo del arte y el salero, el que caía bien a todos allende las fronteras de Heliópolis, mejor que eterno rival. Antaño, resultaba divertidísimo escuchar a Joaquín, a quien convencían en las emisoras de radio nacionales para que abandonara el análisis de una derrota en términos futbolísticos para que contara un chiste. Ya sienta mal a muchos ver al gran capitán verdiblanco triunfando en televisión (las audiencias las carga el diablo, y al público llano le sigue gustando el portuense), porque (y esto lo he leído y escuchado yo, no me lo han contado) "se lo ha tragado el personaje". Que nos riamos todos, pero que él no se lucre, que no se aproveche, porque (tócatelos) "mancha la imagen del club".

Cualquier excusa es buena para atizar ahora a todo lo que venga de La Palmera. Se ha instaurado un odio al Betis tan flagrante y notorio que hay que enmascararlo como crítica constructiva. El Betis molesta, porque ahora gana mucho y pierde poco. Pero lo peor no es que pierda poco, sino que se enfada, no se conforma. Se levanta y mira hacia arriba. ¡A la Champions! ¿Cómo osa? Las lecturas previas al último derbi, para quienes escrutamos cada medio de comunicación a diario por deformación profesional, fueron definitorias. De buenas a primeras, no importaban la historia, la tradición de estos enfrentamientos, los títulos, las plantillas ni los presupuestos. Tenía que humillar al Sevilla, que estaba y sigue fatal. Cualquier cosa que no fuera eso habría que interpretarlo como un fracaso. Toma presión añadida. Hasta fabricaron un mantra que seguramente llegaría a ser tendencia en las redes: "Aplasta, Betis". No sólo por eso (tampoco soy tan inocente), aunque fijo que en parte sí, los de Pellegrini salieron pasados de revoluciones y pasó lo que pasó.

A toro pasado, los toreros que veían claramente una goleada verdiblanca se preguntaban: "¿Quién iba a aplastar a quién?". Y se quedaron tan panchos. ¡Si se lo habían inventado ellos mismos! Ni una sola declaración desde los profesionales o directivos del Benito Villamarín que apoyara esa tesis. Sólo Dani Ceballos, que a todos los efectos contaba como hincha. Luego, el guion mandaba hacer un mundo de cualquier derrota, aunque no derivara en un bache de resultados, porque "la involución era un hecho desde el día del Girona". Claro... "Si no llega a ser por el error de Samu Sáiz o porque Borja Iglesias estuvo fino o porque el portero ha parado lo más grande...". Si mi abuela hubiese tenido dos ruedas, habría sido una moto. Por supuesto que la autocrítica debe existir, pero, cuando te dan con saña, hay que pararse a pensar de dónde te viene la bofetada y las razones de la misma. Que lo mismo no quieren construir una mierda.

Como el Betis no lo ha ganado todo jugando como los ángeles, cualquier agujero es trinchera para los odiadores, profesionales (los peores) o impostados. Y hay motivos de censura, ojo, que no va por ahí la cosa. Problemas con las inscripciones (si no llega a empezar como empezó, pobre de los heliopolitanos, pero les dio por ganar y hasta arrasar con lo puesto), una nefasta gestión de Haro y Catalán que ha elevado la deuda y colocado a la entidad en quiebra técnica (con palabras tan gordas como causa de disolución), el ridículo en la gira por Suramérica... No quiera Dios que el 'Ingeniero' haga otro milagro y el Betis vuelva del parón venciendo en los amistosos a Manchester United, Inter y Atalanta (que no son, con todos los respetos, Tomares, Demo y Antoniano). Si eso ocurre, habrá que tirar del clásico 'lo que valen son los puntos'. Hombre, si luego le gana al Athletic, pasa de ronda en la Copa, cumple en Vallecas y mete miedo en la Supercopa de Arabia Saudí, buscaremos otra cosa. Que Cordón, otro que lo borda sin un duro, es incapaz de colocar a los descartes y de fichar en enero medio en condiciones. Eso mismo. Cuela perfectamente

Porque para qué comparar los problemas económicos del Betis con los del resto de Primera división para ponerlo todo en contexto. Con los topes salariales, las 'palancas' y las auditorías previas a las juntas de accionistas. No, porque mal de muchos es consuelo de tontos, una verdad como un piano. Pero hay que correr un tupido velo para que parezca que la crisis sólo sobrevuela La Palmera, que el resto es un reino de Jauja en el que todo brilla y caen gominolas. Y Haro... "¿No veis lo mal que le va en sus negocios?" En realidad, sólo en el de las renovables, como todo el sector, pero que se esté forrando con las ITV o los hoteles no interesa para este argumento. Y Catalán... "Lo de los fondos aquéllos con los que se financió alegalmente". Sí, ésos. Vamos, que no tienen un duro. "Un cateto y un pobre harto de pan". Que han puesto 6 millones de euros de un día para otro de su bolsillo. Ese nivel de pobreza. Aquí todo quisqui pide préstamos, tira del de CVC y derrocha dinero en futbolistas mediocres, pero sólo se señala a uno. El que ya no hace ni pizca de gracia.