La "experiencia de vida" de Julio Velázquez, historia del Levski: "En mi carrera me ha tocado picar mucha piedra"
Probó la miel siendo muy joven en el Villarreal, le tocó un Betis difícil de gobernar, pasó por contextos complejos en Alavés, Zaragoza o Murcia; pero siempre supo mantener el equilibrio mental entre el elogio y la crítica para labrar un gran prestigio fuera de España. En Bulgaria, su quinta liga diferente, ha despertado a un gigante dormido
El nombre de Julio Velázquez Santiago (Salamanca, 5 de octubre de 1981) le resulta familiar a media España. Se dio a conocer por su precocidad: ascendió con el Villarreal CF en 2013 con sólo 31 años y para entonces ya llevaba mucho entrenado. Sufrió un descenso administrativo en el Real Murcia (14/15) y le tocó sufrir a un Real Betis en Segunda (14/15), recién llegados Haro y Catalán en un contexto autodestructivo muy diferente del actual. Aquella vivencia negativa le empujó a salir por primera vez, al Os Belenenses luso (2015-2017), y desde entonces sólo ha dirigido en España al AD Alarcón (2016-2018) y al Real Zaragoza (23/24).
Entre medias cosechó elogios en Italia, Udinese Calcio (18/19); de nuevo en Portugal, Vitória Setúbal (19/20) y Marítimo de Funchal (2020-2022); y en los Países Bajos, Fortuna Sittard (22/23). Ahora, acaba de tocar la gloria como técnico del histórico Levski Sofia de Bulgaria, con quien ha ganado su primer título y fue renovado a los pocos meses de llegar. El salmatino ha atendido amablemente la llamada de ESTADIO Deportivo para compartir esta "experiencia de vida" de una larga carrera cuando sólo tiene 44 años.
Julio Velázquez hace historia en Bulgaría y rompe con 17 años de sequía del Levski Sofia
"El año pasado fue todo fenomenal y en otoño nos ofrecieron la renovación. Hasta junio del 2028. Analizamos la situación y vimos que era lo adecuado para dar estabilidad al proceso. A partir de ahí, el fútbol es muy dinámico y hay que estar focalizado en el día a día, porque todo es muy cambiante; pero desde luego que estamos contentos, felices y agradecidos", ha explicado Velázquez sobre sus sensaciones en un éxito que hace justicia con su denonado aprendizaje continuo y su atractiva idea de juego.
- ¿Qué se siente al despertar a un gigante dormido? El Levski es el segundo equipo más laureado de Bulgaria, pero hacía mucho tiempo que no tocaba plata.
- Sí, la gente lo está disfrutando mucho. Porque son muy del Levski y porque saben de la complejidad del reto, por los años que el club llevaba sin ganar y porque la diferencia presupuestaria es brutal. Estoy muy contento, es un logro muy importante. Las cosas han salido muy bien. Llegamos en enero del año pasado, en una situación difícil: a 13 puntos del Ludogorets, en la quinta posición...
Pero el semestre fue muy bueno. Fuimos subcampeones, que el club llevaba 9 años sin terminar en esa posición; jugamos previa de la Europa League y, luego, de la Conference. Estuvimos muy cerquita de entrar, llegamos al octavo partido previo. Hace unos 20 años que el Levski no juega una fase de grupos europea.

- Es mucho tiempo para un club con 75 títulos: 27 de Liga, 26 de Copa, tres Supercopas, 11 Campeonatos de Sofía, tres Copas del ejército soviético y cuatro Copas de Ulpia Serdika; con 13 dobletes y un triplete en su historia... ¡Y llevaba 17 años sin ganar la liga de su país!
- Desde el principio el equipo mostró un nivel muy interesante, cuantitativo y cualitativo. Casi todas las jornadas, primeros. Con una proactividad con balón y sin balón, algo con lo que yo me identifico muchísimo. Eso es un motivo de orgullo. En consecuencia, muy contento, porque es un título que rompe la hegemonía del Ludogorets.
Estoy feliz por los jugadores, muy agradecido por su comportamiento. Compraron el mensaje, creyeron en él y se generó un grupo excepcional. Muy feliz, también, por la afición, que se lo merece; por la dirección y por el presidente, que desde el primer día nos han mostrado muchísimo respeto.
- Sólo cuatro derrotas, el equipo más goleador, de lejos, y también el menos goleado... La temporada del Levski es perfecta.
- Sí, y hemos conseguido el título a faltan de cuatro jornadas para el final, que eso aumenta la envergadura del hecho conseguido, con la diferencia presupuestaria tan enorme que hay con respecto al Lugogorets y también con el CSKA Sofia, después de 17 años sin ganar la liga... Ha generado mucha felicidad y eso me pone muy contento como entrenador.
Está siendo algo muy difícil pero muy bonito: el año pasado subcampeón, nueve años después; competir en Europa y conseguir el título, tras 17 años. Muchas veces hablamos del proceso, pero luego se nos olvida rápido. El proceso aquí está siendo coherente. El equipo muestra una identidad muy firme en el campo y el club intenta crecer día a día.

Los planes para la próxima temporada: seguir creciendo y soñar con la Champions
- Usted nació en 1981, yo soy de 1982. Somos de la misma generación. Cuando me hablan de la selección de Bulgaria, mi mente viaja sola al Mundial del 94, a esa generación dorada de futbolistas en la que por lo menos un tercio de la misma eran jugadores del Levski Sofia.
- Sí, como bien dices, para este país, todos los jugadores que compitieron en aquel Mundial de Estados Unidos 1994 son leyendas nacionales. De hecho, yo tengo la suerte de que mi presidente sea uno de ellos, Nasko Sirakov. Está claro que para el país son figuras muy relevantes.
- ¿Cómo es su relación con un presidente así, una leyenda y hombre de fútbol, y qué espera del club para poder seguir creciendo en este proyecto? Tiene contrato hasta 2028.
- Hace dos semanas entró un nuevo propietario, pero se mantiene el mismo presidente y hay que ver qué posibilidades hay. El presidente es un hombre de fútbol y tenemos muy buena relación. Lo primero es disfrutar de lo que se ha conseguido, que muchas veces se nos olvida y las cosas cuestan muchísimo ganarlas; pero ya estamos preparando la pretemporada.
Aquí, las vacaciones más importantes son en invierno, porque hay una parada por las condiciones climatológicas. En cambio, ahora tendremos sólo 15 días.Aquí ganar la liga no proporciona jugar Champions. Hay que jugar muchas previas, como ya nos ocurrió el verano pasado con la Europa League.

- Un crecimiento sostenido... pero con ambición
- El foco principal es la construcción de un nuevo estadio, que empezará el año que viene, y hay que ver qué posibilidades de plantel hay. La diferencia de presupuesto es muy elevada; pero seguramente se puede dar un pasito adelante. El club intenta crecer desde la coherencia y el sentido común. Si se entrara en una fase de grupos europea sería maravilloso para ese crecimiento sostenido.
El Ludogorets tiene un estadio nuevo y un centro de entrenamiento brutal, el CSKA Sofia está terminando su estadio nuevo y tiene una ciudad deportiva brutal. Necesitas equipararte. Vamos día a día. Al final, en la vida uno aprende a vivir esta profesión en ese día a día y con un punto de equilibrio en la victoria y en la derrota. Son ya muchas experiencias en diferentes países y es fundamental tener ese balance.

Julio Velázquez comparte con ED toda una "experiencia de vida"
- ¿Qué fue lo que le empujó a irse a Bulgaria? ¿Qué le está aportando acumular tantas experiencias lejos de su tierra?
- Yo empecé a entrenar muy, muy joven. Llevo muchísimos años entrenando. Me ha tocado picar mucha piedra, muchísima piedra. En España he entrenado desde Benjamín hasta Primera división. He entrenado en Portugal, en Italia, Holanda, ahora Bulgaria... Todo esto han sido una experiencia de vida. Mi hijo nació en Holanda. Me gusta quedarme siempre con lo positivo. Una de las cosas que me resultó más atractiva de este contexto fue la historia del club, la afición que tiene detrás. Y, luego, un aspecto para mí muy importante es que en muchos de los retos que he tenido en mi carrera el objetivo era conseguir la permanencia, salvarse.
El Levski estaba en dificultades pero sabía que estaría más cerca de pelear por ganar partidos que de evitar perderlos. Me resultaba atractivo luchar por ganar un títulos, más allá de la diferencia presupuestaria, implementar nuestra idea y ver hasta dónde éramos capaces de llegar.
En Italia llegué a tener un vestuario de 21 nacionalidades diferentes, ahora tengo alrededor de 15. Lo veo como algo súper positivo, súper enriquecedor. Está siendo un aprendizaje futbolístico, pero sobre todo es un aprendizaje de vida. Yo creo que eso es fundamental como seres humanos: no conformarnos, no quedarnos en nuestra zona de confort e intentar, desde la máxima humildad, dar pasos adelante y crecer.