Joel Roca, jugador del Girona, antes de enfrentar al Barcelona: "Me fui de Camprodon con 11 años y volver al Girona me devolvió la ilusión"
Joel Roca, extremo nacido en Camprodon en 2005, afronta el duelo ante el FC Barcelona como un partido especial, pero también como una estación más en un viaje que empezó lejos de casa. El jugador pasó por 'La Masia' para encontrar en el Girona el lugar donde recuperar la motivación y cumplir su sueño de jugar en Primera división

Joel Roca habla de su pasadoIMAGO
Hay futbolistas que llegan al primer equipo como una promesa más. Y hay otros, como Joel Roca, que lo hacen cargando una historia que explica muchas cosas. La del chico que se fue de Camprodon con once años, que probó suerte en Barcelona y que encontró en el Girona no solo un club, sino un hogar al que regresar para volver a creer.
Este lunes, ante el Barça, el extremo gerundense vivirá uno de esos escenarios que imaginaba de pequeño. Pero su relato no empieza en Montilivi. Empieza en un pueblo, en una habitación que se le hacía pequeña y en una decisión familiar que lo cambió todo, y así lo ha expresado en una entrevista con elPeriódico.
De Camprodon a 'La Masia': crecer demasiado rápido
“Yo era pequeño cuando me fui de mi pueblo, solo, para ir a vivir en La Masia. Claro, no fue fácil. Allí es complicado. Hay muchos jugadores y me costó un poco”. Roca no edulcora el recuerdo. Tenía 11 años, estaba a dos horas de casa y, de repente, la vida ya no era la calle ni los amigos del pueblo.

“Fue duro. Yo era un crío y, de repente, vivía en otro sitio, a dos horas de casa y sin ver a mi familia. Yo estaba acostumbrado al pueblo, a estar siempre en la calle, y en la habitación se me caían las paredes encima porque tampoco podíamos salir mucho. No me cuadró demasiado”.
Aquella etapa no fue un fracaso, fue aprendizaje. Entendió pronto que el talento no siempre basta y que el bienestar emocional también juega.
Volver para creer
La decisión de marcharse del Barça no fue sencilla, pero sí meditada. “Con mi familia decidimos que lo mejor era salir y buscar otras cosas. Me fui al Girona. Aquí estaba cerca de casa y volví a recuperar la motivación y la esperanza para poder ser algún día futbolista”.
En Girona encontró estabilidad. Primero viviendo con sus padres, después en la residencia de Les Hortes, pero ya no era el niño que se sentía desubicado. Era un chico que sabía lo que quería.

“Desde que entré en el Girona he tenido muy claro lo que quería el club de mí. Tenía un proyecto muy grande. He tenido ganas de llegar y jugar en el primer equipo desde que era infantil”.
Ser el más joven ya no asusta
No es casualidad que ahora sea uno de los más jóvenes del vestuario. “Estoy acostumbrado a ser el más pequeño del equipo”, recuerda, evocando aquel año del Covid en el que lo subieron al juvenil porque los cadetes no podían competir.
Hoy comparte vestuario con referentes que antes veía por televisión. “Cuando era pequeño, me fijaba en jugadores como Stuani o Portu. Son referentes, los capitanes, y lo dan todo por la plantilla y el club. Tengo mucha suerte de compartir vestuario con ellos”.
El respeto convive con la naturalidad. También con las bromas: “Sí, ¡Son muy buena gente! En todos los equipos se hacen ‘putadas’ y bromas, pero forman parte del fútbol. Me lo tomo muy bien”.

La cesión que lo hizo madurar
El salto definitivo no fue directo. La temporada pasada salió cedido al Mirandés. “Venía de una lesión, estaba volviendo a jugar y quería minutos para recuperarme lo mejor posible. Creí que salir cedido un año a Segunda división me serviría para crecer”.
Y creció. “Fue una etapa para formarme como jugador, también personalmente. Vivir solo en otro sitio me hizo madurar en bastantes aspectos”.
Segunda división le enseñó dureza, ritmo y exigencia física. Pero, sobre todo, le confirmó que estaba preparado para regresar y pelear por un sitio.
Girona, pertenencia y responsabilidad
Ser el único gerundense del primer equipo tiene un peso especial. “Ser futbolista siempre es muy difícil porque hay muchos jugadores. Es un orgullo haber podido llegar a la plantilla del Girona”.

Un sentimiento local que da un extra de motivación: “Evidentemente, existe ese sentimiento de pertenencia. Siendo de Girona, la afición quizá me pide algunas cosas distintas, pero en principio es lo mismo”.
Competencia, selección y presente
En lo deportivo, asume la competencia con naturalidad. “Bryan es un gran jugador y lo está haciendo muy bien. Yo apoyaré desde el banquillo y desde donde sea. Da igual si son 5, 10 o 60 minutos. Lo que haga falta”.

También vivió una experiencia que no olvidará: el Mundial sub-20 con España. “Fue una experiencia inolvidable”. Aunque quedó la espinita de caer en cuartos: “Cuando vas a un Mundial, lo que quieres es ganar”. Sobre la absoluta, de momento, prefiere frenar la euforia: “Primero de todo, tengo que pensar en el presente”.
El Barça, el sueño y la realidad
Partidos como el de este lunes tienen un significado especial. “Son los que todo el mundo quiere jugar. De pequeño, cuando te imaginas jugando al fútbol en el futuro, piensas en estos duelos”.
Pero ahora ya no es imaginación. Es presente. Y es responsabilidad: “El Barça siempre es peligroso. Es uno de los mejores equipos de Europa. Tiene jugadores de muchísima calidad”. Así lo dijo también su entrenador, Míchel, quién habló de un plan especial para parar a jugadores como Lamine Yamal.
Joel Roca habla con serenidad. Sin grandilocuencia. Sin frases hechas. Su historia no necesita adornos. Es la de un chico que se fue demasiado pronto, que volvió para reencontrarse y que hoy, con apenas 20 años, defiende la camiseta del club de su tierra con la naturalidad de quien nunca dejó de creer.