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No es el VAR: esto es lo que de verdad está matando la esencia del fútbol

Durante años el fútbol fue un refugio donde solo importaba lo que ocurría sobre el césped. Hoy, en cambio, cada vez más aficionados apartan la vista del balón para consultar una apuesta. La transformación es silenciosa, pero está cambiando la forma en que vivimos y sentimos este deporte que nació para unir a las personas

No es el VAR: esto es lo que de verdad está matando la esencia del fútbol

Afición consultando el móvilIMAGO

María FuentesMaría Fuentes 5 min lecturaSin comentarios

Érase una vez un deporte capaz de detener el tiempo.

Once contra once. Dos porterías. Noventa minutos donde millones de personas olvidaban el reloj, el trabajo y los problemas. Todo cabía dentro de un balón. Un regate hacía saltar del sofá. Un gol provocaba abrazos entre desconocidos. Una derrota dolía durante días. El fútbol era una historia que se escribía mirando al césped y el partido.

Hasta que un día apareció una segunda pantalla.

Llegó sin hacer ruido en el fútbol. No cambió las reglas del juego. No movió las porterías ni agrandó el campo. Simplemente consiguió que, cada pocos segundos, miles de personas apartaran la vista del balón para mirar la palma de su mano.

Ayer viendo el partido de España contra Bélgica hubo imágenes que a día de hoy todavía no salen de mi cabeza, y pensé en esto.

Estaba pendiente a la afición, al público. Y solo había que ver como después de cada jugada todos los aficionados inclinaban la cabeza al mismo lugar, su móvil. No buscaban una repetición. No hacían una fotografía. Querían comprobar si acababan de ganar dinero o de perderlo. Si aquel córner entraba en la combinada. Si el disparo contaba como tiro a puerta. Si la amarilla había llegado a tiempo...Consultaban sus apuestas.

Y confieso que esa imagen me produjo más tristeza que sorpresa.

Porque creo que las apuestas deportivas han dejado de ser un entretenimiento marginal para convertirse en una forma de consumir el fútbol. Ya no se ve el partido por el partido. Se ve por lo que puede generar económicamente cada acción. El balón deja de ser el protagonista para convertirse en un instrumento.

Es una industria que ha conseguido colonizar el deporte hasta el punto de modificar nuestra relación con él. Una industria que vive de que nunca desconectes, de que cada saque de banda, cada córner y cada tarjeta tengan un precio.

Las casas de apuestas no venden fútbol. Venden la ilusión de que siempre hay una oportunidad más para ganar dinero. Pero la realidad es mucho menos romántica. Ellas siempre ganan. Siempre. Porque su negocio no depende de que un cliente acierte una apuesta aislada, sino de que vuelva a intentarlo una y otra vez. Pero tu puedes perderte un gran partido y un momento grande.

Lo más preocupante es la normalidad con la que convivimos con ello. Nos parece habitual que durante una retransmisión aparezcan anuncios de apuestas. Nos parece normal que las redes sociales estén llenas de pronósticos y combinadas. Incluso hemos aceptado como algo cotidiano que, en mitad de un partido, decenas de personas estén más pendientes de una aplicación que del propio balón.

Y eso significa que algo ha cambiado.

El fútbol siempre fue una historia colectiva. Todos celebrábamos el mismo gol y lamentábamos la misma ocasión fallada. Hoy cada espectador parece estar viendo un partido diferente. Uno necesita un córner. Otro espera una amarilla. Otro reza para que no haya más goles. Ya no compartimos la emoción; compartimos un escenario donde cada uno persigue su propio beneficio.

Pero eso empobrece el deporte.

No quiero un fútbol en el que una buena jugada valga más por la cuota que genera que por la belleza que transmite. No quiero que una generación crezca pensando que la mejor manera de disfrutar de un partido es jugándose dinero. Y, sobre todo, no quiero que acabemos aceptando como inevitable que el móvil sea más importante que el balón.

Porque el fútbol nació para emocionar, no para cotizar y ir todos a una por el mismo beneficio. Y el día que la primera reacción después de una jugada sea mirar una aplicación en lugar de mirar el césped, habremos perdido algo mucho más valioso que una apuesta. Habremos perdido una parte de la esencia del fútbol.

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