CICLISMO

Un día con Indurain y mi Go Pro

13.09.2020 | 14:39
Un día con Indurain y mi Go Pro

Madrid, 13 sep (EFE).- Correr al lado de Miguel Indurain. Un sueño cumplido.


Cinco veces campeón del Tour de Francia y un ídolo al que no conocía.


Tengo 23 años. Y por fin pude disfrutar del aura que desprende uno de los grandes genios que marcó un camino plagado de éxito en el deporte español.


De mi generación, muchos, por no decir que todos, saben quién es Induráin. Pero no por ello conocen quién es, te, fue y será el auténtico ?Miguelon?. Humilde y sencillo como cualquier otro villavés, sigue llaneando como si tuviese que cazar a Chiapucci en las laderas de Val Louron.


Algunos tuvimos la suerte de crecer con un póster suyo dedicado en nuestra pared. Dos décadas más tarde, entiendo lo que significaba aquello. Más allá de los prematuros juicios de un niño que solo veía una fotografía rancia en su habitación.


A sus 56 años y casi 25 después de su retirada, remonta el puerto de Navacerrada camino a Segovia con una sonrisa de oreja a oreja, como si fuese el primer día. Porque si, porque está lleno de pasión, y eso es peligrosamente contagiable. Desprende esa aura, que no se ve, pero casi se puede masticar. Así puso en pie a una generación. A golpe de pedal.


Ni dos kilómetros sobre la bicicleta hicieron falta para saber quién era él. Decenas de ?mira es Induráin? por parte de los transeúntes y el resto de los ciclistas son buen testimonio de ello. Miguel nunca pasará de moda. Es un tipo natural, con mirada limpia, de otro planeta. Un lujo que ayuda el Santander a conectar con los aficionados.


Su vertiginoso descenso del Pirineo a la caza de Rominger y Jaskula; la estratosférica contrarreloj de Périgueux-Bergerac o la legendaria de Luxemburgo, donde dobló a todos los participantes, nunca serán olvidadas. No es solo una expresión, los padres se lo acabaron contando a sus hijos.


Antes de la época de los Gasol, Nadal, Alonso y Márquez o los éxitos de la selección española de fútbol hubo muchos que tiraron del carro. Y sí, la locomotora de Villava tiene gran parte de culpa de aquello, enamoró a un país con su bicicleta. Fue uno de los grandes lanzadores del deporte español.


Suerte la mía de haber crecido con aquella presencia en mi habitación. Hoy, ya entiendo todo aquello. No me pude resistir a que me volviese a firmar aquel póster, conocí al ?extraterrestre?. Generación X, Z o Milenial, todos admiran a Indurain.


Sancho Lladós Sanginés

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