30 aniversario

Tchouaméni se afianza como eje del Real Madrid mientras Camavinga entra en una fase crítica

El Real Madrid salió victorioso de la eliminatoria ante el SL Benfica, pero más allá del resultado, el foco interno se desplazó hacia su centro del campo. Aurélien Tchouaméni volvió a ser decisivo y consolidó su liderazgo, mientras Eduardo Camavinga afronta un momento de revisión competitiva dentro del proyecto de Álvaro Arbeloa

Tchouaméni se afianza como eje del Real Madrid mientras Camavinga entra en una fase crítica

El mediocampo del Madrid, sujeto a debateIMAGO

Pablo RivasPablo Rivas 5 min lecturaSin comentarios

El Real Madrid atraviesa una etapa de redefinición en su sala de máquinas. No es un cambio abrupto ni una revolución táctica, sino un proceso más sutil: el establecimiento de nuevas jerarquías. En una plantilla acostumbrada a convivir con figuras totémicas durante más de una década, el vacío dejado por Toni Kroos y Luka Modric no se llena únicamente con talento, sino con personalidad competitiva. Y en ese escenario, Aurélien Tchouaméni ha decidido dar un paso adelante.

Una transición estructural

La temporada del Real Madrid no ha sido lineal. Ajustes tácticos, rotaciones obligadas, lesiones y cambios en la dirección técnica han generado un ecosistema inestable en el centro del campo. La búsqueda de equilibrio ha sido una constante. Álvaro Arbeloa ha probado variantes, ha alternado sistemas y ha modificado alturas en el bloque, pero siempre ha necesitado una figura que sirviera de punto de apoyo.

En la reciente eliminatoria de los 'playoffs' de la Champions League ante el Benfica, esa figura fue Tchouaméni. No fue el más vistoso ni el más determinante en ataque, pero sí el más fiable. Su rendimiento ha dejado de ser episódico. Se ha convertido en estructural. En partidos de máxima exigencia, el Real Madrid ha encontrado en él una certeza. Y en el fútbol de élite, la certeza es un valor escaso.

Mientras tanto, Eduardo Camavinga ha transitado la temporada en una zona intermedia. Ha jugado, ha participado, ha sido titular en tramos importantes, pero sin lograr esa continuidad emocional que convierte a un futbolista en indispensable. No ha sido un problema, pero tampoco una solución definitiva.

Dos franceses, dos impactos distintos

Tchouaméni ha entendido que su función no pasa por el brillo inmediato, sino por el control invisible. Sostiene la posición, interpreta los momentos de repliegue, cierra líneas de pase y reduce el espacio entre líneas cuando el equipo se estira. Su lectura del partido ha evolucionado. Donde antes había impulso, ahora hay pausa. Donde antes había ímpetu, ahora hay cálculo.

El Real Madrid puede echar en falta creatividad en determinados contextos, pero no puede prescindir del orden. Y ahí es donde el mediocentro francés ha ganado terreno. No necesita grandes estadísticas para justificar su presencia; su influencia se mide en estabilidad colectiva.

Camavinga, en cambio, sigue siendo un jugador de enorme potencial, pero de impacto irregular. El cambio al 4-4-2 le ofreció un encaje más definido, liberándole parcialmente de responsabilidades creativas y concentrándole en tareas de despliegue. Sin embargo, la sensación interna es que su presencia no altera el guion del partido.

En fase ofensiva no asume liderazgo. No organiza ni acelera con claridad. En defensa corre, presiona y llega, pero no siempre transforma esa energía en acciones determinantes. Está en el campo, pero no siempre modifica el contexto competitivo.

La lectura interna tras el Benfica

El duelo europeo ante los lisboetas dejó una conclusión implícita en el cuerpo técnico: en partidos de alta tensión, el margen para la indefinición es mínimo. Arbeloa necesita certezas. Y en ese análisis, Tchouaméni sale reforzado.

La vuelta de Jude Bellingham no hará sino aumentar la competencia. Su presencia redistribuye responsabilidades y reduce espacio para perfiles que no estén aportando regularidad sostenida. Camavinga se enfrenta, por tanto, a un escenario donde cada actuación será interpretada como una validación o una advertencia.

El club no contempla su salida. Sigue siendo una apuesta estratégica a largo plazo. Pero la élite no funciona con promesas, sino con rendimientos actuales.

Una jerarquía que empieza a definirse

El Real Madrid siempre ha sido un club donde el talento convive con la presión. Tchouaméni ha sabido absorberla y convertirla en madurez competitiva. Camavinga aún busca esa consolidación.

No se trata de un juicio definitivo ni de una ruptura interna. Se trata de un proceso natural de jerarquización. En cada temporada, alguien se afianza y alguien debe reinventarse. Y ahora mismo, mientras uno consolida su papel como ancla imprescindible, el otro afronta semanas decisivas para demostrar que puede ser algo más que una promesa permanente.

En Chamartín, el centro del campo vuelve a ser territorio de competencia. Y esa tensión, lejos de ser un problema, es el verdadero motor del siguiente salto competitivo, mientras el equipo afronta los octavos de la Champions League y busca recuperar el liderato en LaLiga.

Estadio DeportivoEstadio Deportivo
Cerrar Popup
INICIAR SESIÓN
REGÍSTRATE
¿Tienes cuenta?
Bienvenid@ a Estadio Deportivo
Inicia sesión con:
Registrate con tu usuario de:
O haz login a través de tu e-mail
O registrate con tu e-mail
Nombre
Contraseña
Mostrar contraseñaOcultar contraseña
Seguridad:

¿Olvidaste la contraseña?

Entrar

¿Aún no tienes cuenta? Regístrate

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Estadio DeportivoEstadio Deportivo
Cerrar Popup
Restablecer contraseña
Introduce tu correo electrónico para restablecer tu contraseña
Enviar email
Volver atrás
Volver
Estadio DeportivoEstadio Deportivo
Cerrar Popup
Icono
Échale un ojo a tu email
Hemos enviado un email a para el restablecimiento de la contraseña.
Si no ha llegado, revisa tu carpeta de spam.
¿No te ha llegado nada aún?
Enviar email