El análisis del Sevilla - Real Sociedad: Cuando el corazón y la cabeza se dan la mano
Luis García Plaza mantuvo ordenado a su equipo en todo momento, antes y después del gol de Alexis Sánchez, sin caer en la sobreexcitación por las urgencias clasificatorias. Sí hubo precipitación en ataque en el primer tiempo, pero en el segundo no temblaron las piernas

La comunión con la grada fue la de las grandes citas en el Sánchez-Pizjuán.Lince
Ordenar correctamente las piezas es la primera premisa. La mínima exigible. Aunque esta temporada ha habido muchos partidos en los que ni eso ha hecho bien el Sevilla FC. A partir de ahí, fue la mayor intensidad fruto de sus urgencias la que permitió a los nervionenses decantar la balanza de su lado ante una Real Sociedad con mucho menos en juego, aunque tampoco en chanclas. Las consideraciones tácticas quedan en un segundo plano cuando es el corazón el que juega. Lo bueno, que no se cayó en la sobreexcitación para aplicar también la cabeza.
Otra vez con dos puntas y Ejuke como factor diferencial
Dentro de su vaivén de sistemas desde que tomó las riendas del conjunto nervionense (ya sea de inicio o durante los partidos), Luis García Plaza apostó de nuevo por el 4-4-2 que dibujó sobre el césped de El Sadar en la dolorosa derrota ante Osasuna, manteniendo a Maupay en ataque en detrimento de Akor Adams, del que no le gustó nada su falta de tensión defensiva en la acción que originó el definitivo 2-1 de los rojillos. El mismo esquema que, en su opinión, cuajó 70 "buenos minutos" en Pamplona, con dos únicos cambios de cromos: Ejuke por Oso en banda izquierda y Gudelj por el sancionado Djibil Sow en la medular.

Orden atrás y a morder, pero sin claridad arriba
Con esos mimbres, el plan diseñado por el técnico madrileño pasaba por mantener el orden y la concentración en defensa, morder en la presión para robar en campo rival y lanzarse con velocidad arriba, con verticalidad y escasa elaboración. Un guion de partido que solo se alteraba cuando el balón caía en los pies de Ejuke, el único que lo agarraba para jugarse una y otra vez el uno contra uno, fabricando así, a falta de juego colectivo, las mejores ocasiones en un primer acto en el que el Sevilla FC fue de menos a más.

Pellegrino Matarazzo pobló el centro del campo y la falta de piernas y rapidez de Agoumé y Gudelj hacían presagiar un claro domingo donostiarra en los primeros minutos. La adelantada presión visitante mostraba las carencias sevillistas en la salida de balón. Pero la mayor intensidad local, llevando el partido al contacto físico, le bastó para ir ganando terreno y volcar el campo hacia la meta rival. El problema, como siempre, era la falta de calidad para encontrar el último pase en tres cuartos de campo, lo que obligaba a tirar de estériles disparos lejanos. Merecía más el cuadro nervionense al descanso. Pero tampoco es que su adversario, que se fue relajando pronto, sufriera en exceso.

Alexis Sánchez marca la diferencia
En el segundo tiempo, Isaac Romero, tocado, dejaba su sitio a Alexis, mientras que los donostiarras variaban su plan para retirar a Gorrotxategi del centro del campo y dar entrada a Óskarsson como acompañante de Oyarzabal en punta, bajando a su vez Carlos Soler a la sala de máquinas. Era un claro mensaje de la Real Sociedad y pronto avisó con una peligrosísima ocasión fabricada originada precisamente en un centro lateral del atacante islandés.
Pero el cambio que salió redondo fue el de García Plaza. En lugar de apostar por la presión de Akor Adams, buscó la calidad que tanta falta hacía en Alexis Sánchez, que en la primera que tuvo fusiló para hacer el 1-0 tras un buen servicio de Maupay. Incluso pudo fabricar el segundo el chileno con un pase que no hizo bueno Rubén Vargas en una posición inmejorable.
Cabeza para defender tan valiosa ventaja
Se alcanzaban los últimos 20 minutos con un Sevilla FC que ya no tenía el balón, aunque contenía a su rival alejándolo del área para gozar de algunas esporádicas ocasiones para sentenciar, especialmente en un tanto anulado a Agoumé por fuera de juego que indignó a la grada. Cabeza fría pese al cansancio y los lógicos nervios. Aunque sin sufrimiento real, pues Vlachodimos no tuvo que intervenir de verdad en todo el partido.